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Envío diario nº 3.954- Viernes 19-4-19

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Viernes 19 de Abril de 2.019

Santo Triduo Pascual – Viernes Santo de la Pasión del Señor – Ayuno y abstinencia

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Juan 18, 1 – 19, 42

Judas conocía el sitio

1Diciendo esto, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos. 2Judas, el que había de traicionarle, conocía el sitio, porque muchas veces concurría allí Jesús con sus discípulos. 3Judas, pues, tomando la cohorte y los alguaciles de los pontífices y fariseos, vino allí con linternas, y hachas, y armas. 4Conociendo Jesús todo lo que iba a sucederle, salió y les dijo: ¿A quién buscáis? 5Respondiéronle: A Jesús Nazareno. Él les dijo: Yo soy. Judas, el traidor, estaba con ellos. 6Así que les dijo: Yo soy, retrocedieron y cayeron en tierra.

7Otra vez les preguntó: ¿A quién buscáis? Ellos dijeron: A Jesús Nazareno. 8Respondió Jesús: Ya os dije que Yo soy; si, pues, me buscáis a mí, dejad ir a éstos. 9Para que se cumpliese la palabra que había dicho: De los que me diste no se perdió ninguno.10Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó e hirió a un siervo del pontífice, cortándole la oreja derecha. Este siervo se llamaba Malco. 11Pero Jesús dijo a Pedro: Mete la espada en la vaina; el cáliz que me dio mi Padre, ¿no he de beberlo?

Conducción a casa de Anás

 12La cohorte, pues, y el tribuno, y los alguaciles de los judíos se apoderaron de Jesús y le ataron.13Y le condujeron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, pontífice aquel año. 14Era Caifás el que había aconsejado a los judíos: <<Conviene que un hombre muera por el pueblo>>.

Primera negación de Pedro

 15Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Este discípulo era conocido del pontífice y entró al tiempo que Jesús en el atrio del pontífice, 16mientras que Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió, pues, el otro discípulo, conocido del pontífice, y habló a la portera e introdujo a Pedro. 17La portera dijo a Pedro: ¿Eres tú acaso de los discípulos de este hombre? El dijo: No soy.18Los siervos del pontífice y los alguaciles habían preparado un brasero, porque hacía frío, y se calentaban, y Pedro estaba también con ellos calentándose.

Jesús ante Caifás

19El pontífice preguntó a Jesús sobre sus discípulos y sobre su doctrina. 20Respondióle Jesús: Yo públicamente he hablado al mundo; siempre enseñé en las sinagogas y en el templo, adonde concurren todos los judíos; nada hablé en secreto.21¿Qué me preguntas? Pregunta a los que me han oído qué es lo que yo les he hablado; ellos deben saber lo que les he dicho. 22Habiendo dicho esto Jesús, uno de los alguaciles, que estaba a su lado, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes al pontífice? 23Jesús le contestó: Si hablé mal, muéstrame en qué, y si bien, ¿por qué me pegas? 24Anás le envió atado a Caifás, el pontífice.

Segunda negación de Pedro

 25Entretanto, Simón Pedro estaba de pie calentándose, y le dijeron: ¿No eres tú también de sus discípulos? Negó él, y dijo: No soy. 26Díjole uno de los siervos del pontífice, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja: ¿No te he visto yo en el huerto con Él? 27Pedro negó de nuevo, y al instante cantó el gallo.

Jesús ante Pilato

 28Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era muy de mañana. Ellos no entraron en el pretorio por no contaminarse, para poder comer la Pascua. 29Salió, pues, Pilato fuera y dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre? 30Ellos respondieron, diciéndole: Si no fuera malhechor, no te lo traeríamos. 31Díjoles Pilato: Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra ley. Le dijeron entonces los judíos: Es que a nosotros no nos es permitido dar muerte a nadie. 32Para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, significando de qué muerte había de morir.

33Entró Pilato de nuevo en el pretorio, y, llamando a Jesús, le dijo: ¿Eres tú el rey de los judíos? 34Respondió Jesús: ¿Por tu cuenta dices eso o te lo han dicho otros de mí? 35Pilato contestó: ¿Soy yo judío por ventura? Tu nación y los pontífices te han entregado a mí, ¿qué has hecho? 36Jesús respondió: Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuera mi reino, mis ministros habrían luchado para que no fuese entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. 37Le dijo entonces Pilato: ¿Luego tú eres rey? Respondió Jesús: Tú dices que soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad oye mi voz. 38Pilato le dijo: ¿Y qué es la verdad? Y dicho esto, de nuevo salió a los judíos y les dijo: Yo no hallo en éste ningún delito.

Expediente para libarle

 39Hay entre vosotros costumbre de que os suelte a uno en la Pascua ¿Queréis, pues, que os suelte al rey de los judíos? 40Entonces de nuevo gritaron diciendo: ¡No a éste, sino a Barrabás! Era Barrabás un bandolero.

Jn 191Tomó entonces Pilato a Jesús y mandó azotarle. 2Y los soldados, tejiendo una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le vistieron un manto de púrpura 3y, acercándose a Él, le decían: Salve, rey de los judíos, y le daban bofetadas. 4Otra vez salió fuera Pilato y les dijo: Aquí os lo traigo, para que veáis que no hallo en Él ningún crimen. 5Salió, pues, Jesús fuera con la corona de espinas y el manto de púrpura, y Pilato les dijo: Ahí tenéis al hombre. 6Cuando le vieron los príncipes de los sacerdotes y sus servidores, gritaron, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale! Díjoles Pilato: Tomadlo vosotros y crucificadle, pues yo no hallo delito en Él. 7Respondieron los judíos: Nosotros tenemos una ley, y, según la ley, debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios.

Tercer interrogatorio

 8Cuando Pilato oyó estas palabras, temió más, 9y, entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Jesús no le dio respuesta ninguna. 10Díjole entonces Pilato: ¿A mí no me respondes? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte? 11Respondióle Jesús: No tendrías ningún poder sobre mí si no te hubiera sido dado de lo alto; por esto el que me ha entregado a ti tienen mayor pecado. 12Desde entonces Pilato buscaba librarle; pero los judíos gritaron, diciéndole: Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey va contra el César.

La condenación

13Cuando oyó Pilato estas palabras, sacó a Jesús fuera y se sentó en el tribunal, en el sitio llamado <<litóstrotos>>, en hebreo <<gabbata>>.14Era el día de la preparación de la Pascua, alrededor de la hora sexta. Dijo a los judíos: Ahí tenéis a vuestro rey. 15Pero ellos gritaron: ¡Quita, quita! ¡Crucifícale! Díjoles Pilato: ¿A vuestro rey voy a crucificar? Contestaron los príncipes de los sacerdotes: Nosotros no tenemos más rey que al César. 16Entonces se lo entregó para que le crucificasen.

Camino del Calvario

 Tomaron, pues, a Jesús; 17que, llevando su cruz, salió al sitio llamado Calvario, que en hebreo se dice <<Gólgota>>, 18donde le crucificaron, y con Él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio. 19Escribió Pilato un título y lo puso sobre la cruz; estaba escrito: Jesús Nazareno, rey de los judíos. 20Muchos de los judíos leyeron ese título, porque estaba cerca de la ciudad el sitio donde fue crucificado Jesús, y estaba escrito en hebreo, en latín y en griego.

21Dijeron, pues, a Pilato los príncipes de los sacerdotes de los judíos: No escribas rey de los judíos, sino que Él ha dicho: Soy rey de los judíos. 22Respondió Pilato: Lo escrito, escrito está. 23Los soldados, una vez que hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida toda desde arriba. 24Dijéronse, pues, unos a otros: No la rasguemos, sino echemos suertes sobre ella para ver a quién le toca, a fin de que se cumpliese la Escritura: <<Dividiéronse mis vestidos y sobre mi túnica echaron suertes>>. Es lo que hicieron los soldados.

25Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. 26Jesús, viendo a su madre y al discípulo a quien amaba, que estaban allí, dijo a la madre: Mujer, he ahí a tu hijo. 27Luego dijo al discípulo: He ahí a tu Madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

28Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba ya consumado, para que se cumpliera la Escritura dijo: Tengo sed: 29Había allí un botijo lleno de vinagre. Fijaron en una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la llevaron a la boca. 30Cuando hubo gustado el vinagre, dijo Jesús: Todo está acabado, e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

La lanzada

 31Los judíos, como era el día de la Parasceve, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el día de sábado, por ser día grande aquel sábado, rogaron a Pilato que les rompiesen las piernas y los quitasen. 32Vinieron, pues, los soldados y rompieron las piernas al primero y al otro que estaba crucificado con Él; 33pero llegando a Jesús, como le vieron ya muerto, no le rompieron las piernas, 34sino que uno de los soldados le atravesó con su lanza el costado, y al instante salió sangre y agua. 35El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; él sabe que dice verdad, para que vosotros creáis; 36porque esto sucedió para que se cumpliese la Escritura: <<No romperéis ni uno de sus huesos>>.37Y otra Escritura dice también: <<Mirarán al que traspasaron>>.

La sepultura

 38Después de esto rogó a Pilato José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque secreto por temor de los judíos, que le permitiese tomar el cuerpo de Jesús, y Pilato se lo permitió. Vino, pues, y tomó su cuerpo. 39Llegó Nicodemo, el mismo que había venido a Él de noche al principio, y trajo una mezcla de mirra y áloe, como unas cien libras. 40Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y lo fajaron con bandas y aromas, según es costumbre sepultar entre los judíos. 41Había cerca del sitio donde fue crucificado un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual nadie aún había sido depositado. 42Allí, a causa de la Parasceve de los judíos, por estar cerca el monumento, pusieron a Jesús.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

Judas conocía el sitio

Muchas veces, los discípulos de Jesús, iban con Él, y le acompañaban orando.

Ése que sabe que vas a Misa, ése que te ha acompañado alguna vez, ahora, está dispuesto a traicionarte, porque sabe cosas tuyas, que pueden dañarte si las comenta a otros, y vas a ser traicionado.

Permíteme un consejo, guarda tus secretos, no tengas confianza con nadie más que no sea Dios mismo. ¡Te aviso!

P. Jesús

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Consejo nº 1.299

.-Si no puedes rezar, es que no quieres perdonar.

P. Jesús

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San León IX, Papa

San León IX nació en 1002 en Alsacia, que formaba entonces parte del Sacro Romano Imperio. A los cinco años, Bruno, como se llamaba el futuro León IX, fue a estudiar a la escuela de Bertoldo, Obispo de Toul. En ella empezó a mostrar su talento excepcional. Terminados sus estudios, fue nombrado canónigo de la iglesia de San Esteban de Toul. Cuando el obispo de Toul murió fue elegido por el pueblo para que le sucediese. El día de la Ascensión en 1027, Bruno fue consagrado y gobernó la diócesis durante veinte años, introduciendo una disciplina más estricta entre su clero tanto secular como regular, logrando así reavivar la disciplina y el fervor de los grandes monasterios de su diócesis e introdujo en ella la reforma de Cluny. En 1048 fue nombrado sucesor del Papa Dámaso II, tomando el nombre de León IX. Durante su pontificado luchó fuertemente contra la simonía y lanzó severos decretos contra la decadencia del celibato eclesiástico. Asimismo, ayudó a promover entre el clero de Roma la vida comunitaria, así como la predicación y el canto sagrado. Murió el 19 de abril de 1054.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San León IX, Papa

Una muestra de amor y de fe es la disciplina. Quien consigue vivir en disciplina, es más fácil que su vida tenga muchas bendiciones; porque toda la naturaleza también tiene su disciplina impuesta por Dios, por eso es obediente y no entorpece la acción de Dios, más bien le rinde pleitesía, como hizo san León IX, Papa, que introdujo una serena disciplina y consiguió éxitos en abundancia de los que Aman a Dios y saben obedecer por amor al Amor, que quiere un fiel cumplimiento del deber, allí donde le lleve a cada uno su vocación de santidad, ya sea en el celibato, la soltería, como el santo matrimonio, el sacerdocio o la vida religiosa o consagrada. Sea donde fuere que te lleve la Divina Providencia junto a los lícitos anhelos de tu corazón, si usas de la disciplina, es más fácil que halles a Dios, y, con Dios, ¡viva la vida!

P. Jesús

© copyright

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Pon color a tu vida

Blanco y negro…

tu vida es gris.

Sales a la calle

y sientes como si tuviera que llover.

¡Pon color a tu vida!

Deja que Dios entre a tu vida,

dale tu corazón entero.

¡Adiós congoja!

¡Hola alegría!

¡Hola paz en el corazón!

Saldrás a la calle

y sentirás que el sol te sonríe.

¡Pon color a tu vida!

Con Dios encontrarás el sentido de tu vida.

Ya nunca más te sentirás solo.

Ya nunca más llorará tu corazón.

¡Pon color a tu vida!

¡Déjate amar por Dios!

Montserrat Bellido Durán
© copyright

 

r. , 50 años , de ecuador. 3/7/2009

En la biblia habla de la fiesta de la pascua, para nosotros la fiesta pascual es la resurrección de nuestro señor Jesucristo. Cual es esa fiesta?

Respuesta de: Dr. Joan Antoni Mateo. 5/11/2009

La antigua Pascua judía conmemora el paso de la esclavitud a la libertad, la salida de Egipto y la entrada a la tierra prometida. Era figura de la verdadera Pascua, la de Cristo.

¿POR QUÉ MOTIVO CUMPLIR LOS 10 MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS?

En el monte Horeb, entre las llamas de fuego, la voz de Dios dio a su pueblo -nosotros, los bautizados-, los diez mandamientos de su ley, porque “Dios, nuestro Salvador, quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. (1 Tm 2, 3b-4)

¿Son los 10 mandamientos únicamente para leerlos, para memorizarlos? No: “estos son los mandamientos, leyes y normas que el Señor vuestro Dios, ordenó enseñaros

para que los pongáis por obra“. (Dt 6, 1a)

El primer mandamiento es “amarás a Dios sobre todas las cosas y personas”; ponerlo por obra, cumplirlo, conlleva también hacerlo todo y tratar a todos bien por amor a Dios, esto es, por caridad.

Y es que la salvación, sin el cumplimiento de los 10 mandamientos, sin estas obras de la fe, no es posible, ya que “la fe, si no va acompañada de obras, está realmente muerta”. (St, 17)

Pero, ¿no dice Jesús en varias ocasiones: “Tu fe te ha salvado”?

Jesús, a María Magdalena que se había convertido, cuando ella, en casa de Simón, besó los pies de Jesús llorando arrepentida y ungiéndolos con perfume, recibió de Jesús las palabras “Tu fe te ha salvado” (Lc 7, 50), pero éstas palabras fueron precedidas por la absolución de sus pecados, una vez que Jesús le había dicho que con sus obras había “mostrado mucho amor”, es decir, María Magdalena obró, puso en práctica las obras de la fe para salvarse (cf. Lc 7, 44-50).

Jesús nos dice que lo que tenemos que hacer es poner por obra los 10 mandamientos.

Recordemos que Jesús, Dios Verbo, dijo: “¿Por qué me llamáis: “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?” (Lc 6, 46) y, ¿qué le dijo Jesús a María Magdalena que hiciera, tiempo atrás cuando la rescató de ser apedreada a muerte? (cf. Jn 8, 3-11), le dijo: “vete y a partir de ahora, no peques más” (Jn 8, 11b). Jesús le dijo que lo que tenía que hacer era no pecar más. Y desde esa exhortación, hasta que la volvió a ver en casa de Simón, y le dijo “Tu fe te ha salvado” (Lc 7, 50), ella demostró con obras el cumplimiento fiel a Dios.

Porque, ¿quién se salva por la sola fe?, cuando nos dijo Jesús sobre los que se salvan: No todo el que dice: “¡Señor, Señor!”, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos”. (Mt 7, 21)

Al mendigo ciego, Bartimeo, le dijo también Jesús: “Tu fe te ha salvado” (cf. Mc 10, 46-52) porque debido a su fe, Bartimeo llevaba a cabo las obras de esta fe a través de su vida, de su historia, de su día a día. A María Magdalena le dijo primero que no pecara ya más, y una vez que ella, con su historia, había demostrado las obras de su fe, pudo luego oír de Jesús: “Tu fe te ha salvado”.  

Piénsalo, ella, una vez rescatada del apedreo, podía haberse marchado teniendo fe en que Jesús era Dios, el Mesías, pero seguir pecando, puesto que “también los demonios lo creen, y se estremecen” (St 2, 19b), sin embrago ella cambió de vida, y no se puede cambiar de vida sin obrar, sin poner en práctica lo que se cree.

Imposible es vivir sin actuar, sin hacer, sin obrar.

¿Puede acaso uno ser bueno, sin hacer el bien?

Tus actos, que son de pensamiento, palabra, obra y omisión, llévalos a cabo por amor a Dios, poniendo por obra los 10 mandamientos, por tu fe en Dios. Él nos dijo: “El que oye y no pone en práctica se parece a un hombre que edificó su casa sobre la tierra sin cimientos; rompió contra ella el río y enseguida se derrumbó, y fue tremenda la ruina de aquella casa”. (Lc 6, 49)

 

Pongamos en práctica la ley de Dios

La mujer que padecía flujo de sangre durante doce años, por su fe permanecía en obras confiada y fiel a Dios y su ley, y fue al encuentro de Jesús pensando: “con sólo tocar su manto me curaré”, ¡qué gran fe! Ella puso por obra su fe de tocarle el manto y entonces “Jesús se volvió y mirándola le dijo:  “Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado”. Y desde ese mismo momento quedó curada la mujer” (cf. Mt 9, 19-22). Y de seguro la mujer siguió viviendo, obrando en su día a día con fe, y por fe, obedeciendo la ley de Dios.

Jesús pasó por el mundo cumpliendo a la perfección los 10 mandamientos, haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo” (Hch 10, 38), haciendo obras de fe y amor a Dios, siendo Él mismo, Dios. Y por las obras de Jesús, muchos tenían fe, muchos creían.

Imitemos a Jesús, que obedeció su ley cabalmente, y tal como Él nos dijo: “Alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos” (Mt 5, 16). Que Dios se complazca en nosotros, al ver nuestras obras de fe, fieles a sus mandamientos, por las que nos recompensará.

Porque nuestra fe se mantiene viva al ejercerla con las obras.

Y es que: “¿De qué sirve, hermanos míos, que uno diga tener fe, si no tiene obras? ¿Acaso la fe podrá salvarle?”. (St 2, 14)

Todos necesitamos de salvación, nadie está salvo por la sola fe sin obras, nadie está exento de esta necesidad de salvación. Hay que dar buenos frutos para no ser cortados, “por sus frutos los conoceréis” (Mt 7, 16a); hay que grabar en la mente las palabras de Dios: “Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada“. (Jn 15, 4b-5)

Cumplir los 10 mandamientos es hacer la voluntad de Dios, con su ayuda. Dios te ayuda a través de los sacramentos; permanecer en Dios, es permanecer en su gracia santificante, otra cosa es estar fuera del hábitat de Dios, fuera del alcance de su gracia. Permaneciendo en Dios, daremos fruto a través de las obras de la fe  por cumplir los 10 mandamientos de la ley de Dios; este cumplimiento a sus mandamientos, no sólo nos lleva a la vida Eterna con el Amor, sino que te hace intrínsecamente feliz; recuerda: Pondrás por obra lo que es recto y lo que es bueno a los ojos del Señor, para que seas dichoso”(Dt 6, 18a). ¿Que es fácil? No, pero “esmérate en cumplir lo que te hará feliz” (Dt 6, 3a), y lo que te lleva a salvarte con la ayuda de Dios.

¿Quieres salvarte o perecer? Tú decides.

“Todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre” (Mt 12, 50)

 

Los 10 mandamientos son:

1- Amarás a Dios, sobre todas las cosas y personas

2- No tomarás el Nombre de Dios en vano

3- Santificarás las fiestas

4- Honrarás a tu padre y a tu madre

5- No matarás

6- No cometerás actos impuros

7- No robarás

8- No dirás falso testimonio ni mentirás

9- No consentirás pensamientos ni deseos impuros

10-No desearás los bienes del prójimo

 (cf. Ex 20, 1-17 y Dt 5, 1-22 y Lc 10, 25-27 y Mc 12, 28-31)

 

Dios dice: “tengo misericordia por mil generaciones con los que me aman y guardan mis mandamientos”. (Dt 5, 10)

Patricia Bellido Durán

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