Saltar al contenido

Envío diario nº 4.071- Miércoles 14-8-19

¿Quieres recibir el Evangelio diario GRATIS? Suscríbete AQUÍ

Miércoles 14 de Agosto de 2.019

Tiempo Ordinario /19º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Mateo 18, 15-20

Un hermano en la fe

(Dijo Jesús a sus discípulos): 15Si pecare tu hermano contra ti, ve y repréndele a solas. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. 16Si no te escucha, toma contigo a uno o dos, para que por la palabra de dos o tres testigos sea fallado todo el negocio. 17Si los desoyere, comunícalo a la Iglesia, y si a la Iglesia desoye, sea para ti como gentil o publicano.18En verdad os digo, cuanto atareis en la tierra será atado en el cielo, y cuanto desatareis en la tierra será desatado en el cielo.

19Aún más: os digo en verdad que, si dos de vosotros conviniereis sobre la tierra en pedir cualquier cosa, os lo otorgará mi Padre, que está en los cielos. 20Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

Un hermano en la fe

Jesús, Dios, en el evangelio de hoy, aclara bien quiénes son tus hermanos y quiénes son los gentiles o publicanos, que son las personas que no viven tu misma fe cristiana católica. Yo no invento nada, lee el evangelio de hoy, y lo verás escrito por San Mateo.

Miremos la diferencia entre un hermano y un vecino; un hermano tiene los mismos padres que tú, un vecino no. Y tú eres de Dios, eres hijo de Dios e hijo de la Madre de Dios, porque Cristo, el Primogénito, Dios Hijo, que murió por ti, dejó a su Madre a san Juan, al apóstol más pequeño en edad; y se la dio como madre, porque fue fiel y estuvo a su lado, al lado de la Virgen María, que lloraba desconsolada al pie de la Cruz; y San Juan la sostenía, la cuidaba, como tú debes cuidar a los demás, a todos los hermanos en la fe, sobre todo esos “pequeños”, que a veces pecan; y como dice el evangelio de hoy, tienes que ir a solas a él, si ha pecado contra ti, y le pides explicación de sus malos hechos, de su mala acción o palabras; y le haces ver que eso no puede ser, que Dios no lo quiere, que el Padre Dios pide santidad a todos, también a él. Porque a veces, los pequeños en la fe, creen que, por ser pequeños en la fe, pueden permitirse no cumplir los mandamientos; que siendo así, por ser pequeños en la fe, la misericordia de Dios hace que Dios, a ellos, no les pida que cumplan todos los mandamientos de la Ley de Dios, con la excusa de los vicios que están arraigados y de que cada quién va a su paso. ¡Amigos!, lo que es pecado, es pecado, ¡para todos!, y está muy claro y es fácil de aprender los diez mandamientos de la Ley.

Aquí pido, solicito, a los de CatholicosOnline, que pongan el link a las “Vacaciones de Amor”, que hace años estamos propagando, para que tú, tú, te llenes de amor y vivas con el Amor, Dios, quince días de alegría, porque el amor a Dios te llena de alegría. Así que te animo a que, por quince días, hagas el plan de las “Vacaciones de Amor”, porque quiero, deseo, te pido, que disfrutes del Amor, este amor que puedes sentir y vivir, y que te hará tan feliz, como las vacaciones más fantásticas de tu vida. Haz el plan de las “Vacaciones de Amor”, y verás que, en quince días, recibirás en tu alma la dicha del Amor de Dios, que vendrá a tu encuentro y te dará el alimento de una vida espiritual sana, ¡santa!.

VACACIONES de AMOR:
https://www.catholicosonline.net/vacaciones-de-amor-con-dios/

Y volviendo al tema de los hermanos en la fe, esos que son amigos de Dios, tú y tú, y el otro, ése que también vive la fe, el creer en la Sagrada Biblia, el seguir la doctrina católica, con una vida espiritual de oración y plegaria.

Y los gentiles, los publicanos, ¡los mundanos!, que no tienen a Dios, a Cristo, como Rey de reyes y Señor, esos no son hermanos, pero sí que son tus semejantes, son a los que debes ayudar, como el buen samaritano hizo.

A los hermanos, al hermano que te daña, ve a él, y a solas, le dices que ha pecado contra ti, y que rectifique; pero los gentiles, los publicanos, ¡los mundanos!, no van a entenderte, no van a comprenderte si vas y les dices, a solas, que han pecado contra ti; mejor, habla, ora a Dios, y que Él, Dios, apoye tu causa; a esos, a los mundanos, trátalos como lo que son, tus semejantes, no tus hermanos, sino esos a los que debes darles todo lo mejor de ti, como a tus hermanos, desde luego, porque tú, tú eres un discípulo de Cristo. Y si te digo que no les digas nada del mal que te hacen, es porque ¡no saben lo que hacen!, no conocen las Escrituras, no saben nada de Dios; entonces, es como hablar dos idiomas distintos, en los que ninguno comprende al otro; y ¿qué ocurre cuando no se entiende la gente?; aún se enfadan más que antes de intentar hablar cada uno su lengua, cada uno según su fe, o los que tienen fe y los que no la tienen. Mejor hablar con el Dios de todos, si alguno, que no sea tu hermano, te ha dañado, ha pecado contra ti, porque, ¿para qué echar más leña al fuego?, ¿para producir un incendio?; por eso, hijo-a de Dios, aprende a vivir la mortificación, por saber que no todos te van a comprender, porque los que no viven la fe, ¿qué saben del perdón, del verdadero perdón, que es no volver a pecar?

En fin, todas estas cosas, te las iré hablando, porque tengo vida, y vida en abundancia en la fe, ¡la verdadera!, la Católica, Apostólica y Romana.

¡Nos vemos en Misa!, no me falles.

P. Jesús
© copyright

Consejo nº 1.422

.-La vida es larga, cuando hay amor entre personas que viven la fe.

P. Jesús

© copyright

San Maximiliano Kolbe

San Maximiliano María Kolbe nació en Polonia el 8 de enero de 1894 en la ciudad de Zdunska Wola, que en ese entonces se hallaba ocupada por Rusia. Fue bautizado con el nombre de Raimundo en la iglesia parroquial. A los 13 años ingresó en el Seminario de los padres franciscanos en la ciudad polaca de Lvov, la cual a su vez estaba ocupada por Austria, y estando en el seminario adoptó el nombre de Maximiliano. Finaliza sus estudios en Roma y en 1918 es ordenado sacerdote. 

Devoto de la Inmaculada Concepción, pensaba que la Iglesia debía ser militante en su colaboración con la Gracia Divina para el avance de la Fe Catolica. Movido por esta devoción y convicción, funda en 1917 un movimiento llamado “La Milicia de la Inmaculada” cuyos miembros se consagrarían a la bienaventurada Virgen María y tendrían el objetivo de luchar mediante todos los medios moralmente válidos, por la construcción del Reino de Dios en todo el mundo. 

Verdadero apóstol moderno, inicia la publicación de la revista mensual “Caballero de la Inmaculada”, orientada a promover el conocimiento, el amor y el servicio a la Virgen María en la tarea de convertir almas para Cristo. Con un Tiraje de 500 ejemplares en 1922, para 1939 alcanzaría cerca del millón de ejemplares. 

En 1929 funda la primera “Ciudad de la Inmaculada” en el convento franciscano de Niepokalanów a 40 kilómetros de Varsovia, que al paso del tiempo se convertiría en una ciudad consagrada a la Virgen. 

En 1931, luego de que el Papa solicitara misioneros, se ofrece como voluntario. En 1936 regresa a Polonia como director espiritual de Niepokalanów, y 3 años más tarde, en plena Guerra Mundial, es apresado junto con otros frailes y enviado a campos de concentración en Alemania y Polonia. Es liberado poco tiempo después, precisamente el día consagrado a la Inmaculada Concepción. 

Es hecho prisionero nuevamente en febrero de 1941 y enviado a la prisión de Pawiak, para ser después transferido al campo de concentración de Auschwitz, en donde a pesar de las terribles condiciones de vida prosiguió su ministerio. 

En Auschwitz, el régimen nazi buscaba despojar a los prisioneros de toda huella de personalidad tratándolos de manera inhumana e inpersonal: como un número; a San Maximiliano le asignaron el 16670. A pesar de todo, durante su estadía en el campo nunca le abandonaron su generosidad y su preocupación por los demás, así como su deseo de mantener la dignidad de sus compañeros. 

La noche del 3 de agosto de 1941, un prisionero de la misma sección a la que estaba asignado San Maximiliano escapa; en represalia, el comandante del campo ordena escoger a 10 prisioneros al hazar para ser ejecutados. Entre los hombres escogidos estaba el sargento Franciszek Gajowniczek, polaco como San Maximiliano, casado y con hijos. San Maximiliano, que no se encontraba dentro de los 10 prisioneros escogidos, se ofrece a morir en su lugar. El comandante del campo acepta el cambio, y San Maximiliano es condenado a morir de hambre junto con los otros nueve prisioneros. 

Diez días después de su condena y al encontrarlo todavía vivo, los nazis le administran una inyección letal el 14 de agosto de 1941 

En 1973 Paulo VI lo beatifica y en 1982 Juan Pablo Segundo lo canoniza como Mártir de la Caridad. 

San Maximiliano Kolbe, el Mártir de la Caridad

Los Inicios

San Maximiliano María Kolbe fue hijo de María Dabrowska y de Julio Kolbe, pertenecientes a la Tercera Orden Franciscana, y los cuales tenían en su casa un taller y un pequeño altar con la imagen milagrosa de Nuestra Señora de Czestochowa, veneradísima patrona de Polonia.
Nació en Polonia el 8 de enero de 1894 en la ciudad de Zdunska Wola, que en ese entonces se hallaba ocupada por Rusia. Fue bautizado con el nombre de Raimundo en la iglesia parroquial. Sus hermanos fueron Francisco, José, Valentín y Antonio. Los dos últimos murieron prematuramente.
Aproximadamente en el año 1906, un suceso marca la vida de Maximiliano, y preocupa y desconcierta a su madre. Ella misma relata el suceso a los pocos meses del martirio de Maximiliano. Dice ella: “Sabia yo de antemano, en base a un caso extraordinario que le sucedió en los años de la infancia, que Maximiliano moriría mártir. Solo no recuerdo si sucedió antes o después de su primera confesión. Una vez no me gusto nada una travesura, y se la reproche: Niño mío, ¡quien sabe lo que será de ti!. Después, yo no pensé más, pero observe que el muchacho había cambiado tan radicalmente, que no se le podía reconocer. Teníamos un pequeño altar escondido ente dos roperos, ante el cual él a menudo se retiraba sin hacerse notar y rezaba llorando. En general, tenía una conducta superior a la de su edad, siempre recogido y serio, y cuando rezaba, estallaba en lágrimas. Estuve preocupada, pensando en alguna enfermedad, y le pregunté: ¿te pasa algo? ¡Has de contar todo a tu madre!
Temblando de emoción y con los ojos anegados en lágrimas, me contó: “Mamá, cuando me reprochaste, pedí mucho a la Virgen me dijera lo que sería de mi. Lo mismo en la iglesia, le volví a rogar. Entonces se me apareció la Virgen, teniendo en las manos dos coronas: una blanca y otra roja. Me miró con cariño y me preguntó si quería esas dos coronas. La blanca significaba que perseveraría en la pureza y la roja que seria mártir. Conteste que las aceptaba… (las dos). Entonces la Virgen me miró con dulzura y desapareció”.
El cambio extraordinario en la conducta del muchacho, atestiguaba la verdad de las cosas. El tenia plena conciencia, y al hablarme, con el rostro radiante señalaba la deseada muerte de mártir. Este fascinante encuentro de Maximiliano con su “Madrecita” celestial es algo más que un episodio pasajero. Es la raíz de todo su futuro; es el motor de sus amplios planes; es la fuerza para los vuelos más audaces; es el manantial de su santidad y de su apostolado”.

Vocación Franciscana

A los 13 años ingresó en el Seminario de los padres franciscanos en la ciudad polaca de Lvov, la cual a su vez estaba ocupada por Austria. Fue en el seminario donde adoptó el nombre de Maximiliano María.
El padre Wilk lo describe así: “era diligente en el cumplimiento de sus deberes, dotado por las matemáticas, obediente a los profesores, servicial con los compañeros, alegre y equilibrado. Rezaba con recogimiento. Un episodio se me grabó por siempre. Entrando en una sala, vi a Maximiliano de rodillas ante una gran cruz, absorto en oración.”
Pero de pronto entró la crisis en ambos hermanos. Maximiliano se convenció y convenció a su hermano de abandonar el seminario. Cuando estaban a punto de hablar con el superior, les visita la madre llena de alegría. Orgullosa les cuenta que José, el hermano menor, también entraría en la orden. ¡Además ella y su esposo también tienen vocación religiosa de manera que sería toda la familia Franciscana!. 
El 4 de septiembre de 1910 ciñó a su cintura el cordón de San Francisco, y de esa manera comenzó su año de noviciado. ¡Apenas dieciséis años!
En el otoño de 1912, el P. Provincial teniendo en cuenta las excelentes cualidades intelectuales de Fray Maximiliano, dispuso que, junto a otros, siguiera sus estudios de filosofía y teología en Roma, donde los finalizó. Los años romanos serán fecundísimos y decisivos en la vida de Maximiliano. La Virgen lo espera para inspirarle la fundación de La Milicia de la Inmaculada.
En 1918 es ordenado sacerdote.

La Misión

Maximiliano siempre fue muy devoto de la Inmaculada Concepción, por lo que pensaba que la Iglesia tenía que ser militante en su colaboración con la Gracia Divina para el avance de la fe católica. Es por eso que movido por su devoción, funda en el año 1917 un movimiento llamado “La Milicia de la Inmaculada”, el cual se consagraría a la Virgen María y lucharía con todos los medios moralmente válidos, por la construcción del Reino de Dios en todo el mundo. En palabras del propio San Maximiliano, el movimiento tendría: 
“una visión global de la vida católica bajo una nueva forma, que consiste en la unión con la Inmaculada.”
Inició la publicación de una revista mensual llamada “Caballero de la Inmaculada”, ésta era orientada a promover el conocimiento, el amor y el servicio a la Virgen María. Comenzó con un tiraje de sólo 500 ejemplares en 1922, y para el año 1939 alcanzaría cerca de un millón de ejemplares publicados.
La primera “Ciudad de la Inmaculada” se funda en el año 1929 en el convento franciscano situado en Niepokalanów a 40 kilómetros de Varsovia, que luego de algunos años se convertiría en una ciudad consagrada a la Virgen y, en palabras de San Maximiliano, dedicada a: 
“conquistar todo el mundo, todas las almas, para Cristo, para la Inmaculada, usando todos los medios lícitos, todos los descubrimientos tecnológicos, especialmente en el ámbito de las comunicaciones.”
Luego de que el papa solicitara sacerdotes para ir de misiones, en el año 1931 se ofrece como voluntario y viaja a Japón donde funda una nueva ciudad de la Inmaculada (“Mugenzai No Sono”) y publica la revista “Caballero de la Inmaculada” en idioma japonés (“Seibo No Kishi”).

El Testimonio

Regresó a Polonia en el año 1936, siendo director espiritual de Niepokalanów, y luego de 3 años, mientras se daba la Guerra Mundial, fue apresado junto a otros frailes y enviado a campos de concentración en Alemania y Polonia. Poco tiempo después, el día de la Inmaculada Concepción, es liberado.
En 1941 es nuevamente hecho prisionero y ésta vez es enviado a la prisión de Pawiak, y luego llevado al campo de concentración de Auschwitz, donde prosiguió su ministerio a pesar de las terribles condiciones de vida.
Los nazis siempre trataban a los prisioneros de una manera inhumana y antipersonal, de manera que los llamaban por números; a San Maximiliano le asignaron el número 16670. A pesar de los difíciles momentos en el campo su generosidad y su preocupación por los demás nunca le abandonaron.
El 3 de agosto de 1941, un prisionero escapa; y en represalia, el comandante del campo ordena escoger a 10 prisioneros para ser condenados a morir de hambre. Entre los hombres escogidos estaba el sargento Franciszek Gajowniczek, polaco como San Maximiliano, casado y con hijos. 
“No hay amor más grande que éste: dar la vida por sus amigos” 
(Jn 15, 13).
San Maximiliano, que no se encontraba dentro de los 10 prisioneros escogidos, se ofrece a morir en su lugar. El comandante del campo acepta el cambio.
Luego de 10 días de su condena y al encontrarlo todavía con vida, los nazis le colocan una inyección letal el 14 de agosto de 1941.

El Legado

De esta manera San Maximiliano María Kolbe da testimonio y ejemplo de dignidad, en medio de la más terrible adversidad. 
En el año 1973 el Papa Paulo VI beatifica a San Maximiliano y en 1982 Juan Pablo II lo canoniza como Mártir de la Caridad. 
Juan Pablo II comenta la influencia que tuvo San Maximiliano en su vocación sacerdotal: 
“Surge aquí otra singular e importante dimensión de mi vocación. Los años de la ocupación alemana en Occidente y de la soviética en Oriente supusieron un enorme número de detenciones y deportaciones de sacerdotes polacos hacia los campos de concentración. Sólo en Dachau fueron internados casi tres mil. Hubo otros campos, como por ejemplo el de Auschwitz, donde ofreció la vida por Cristo el primer sacerdote canonizado después de la guerra, San Maximiliano María Kolbe, el franciscano de Niepokalanów.”

Consagración a la Inmaculada, compuesta por S. Maximiliano Kolbe

“OH Inmaculada, reina del cielo y de la tierra,
refugio de los pecadores y Madre nuestra amorosísima,
a quien Dios confió la economía de la misericordia.
Yo……. pecador indigno, me postro ante ti,
suplicando que aceptes todo mi ser como cosa y
posesión tuya.
A ti, Oh Madre, ofrezco todas las dificultades
de mi alma y mi cuerpo, toda la vida, muerte y eternidad.
Dispón también, si lo deseas, de todo mi ser, sin ninguna reserva,
para cumplir lo que de ti ha sido dicho: 
“Ella te aplastará la cabeza” (Gen 3:15), y también: 
“Tú has derrotado todas las herejías en el mundo”.
Haz que en tus manos purísimas y misericordiosas
me convierta en instrumento útil para introducir y aumentar tu gloria 
en tantas almas tibias e indiferentes, y de este modo, 
aumento en cuanto sea posible el bienaventurado 
Reino del Sagrado Corazón de Jesús.
Donde tú entras oh Inmaculada, obtienes la gracia 
de la conversión y la santificación, ya que toda gracia 
que fluye del Corazón de Jesús para nosotros,
nos llega a través de tus manos”.
Ayúdame a alabarte, OH Virgen Santa
y dame fuerza contra tus enemigos.”

FUENTE: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Maximiliano Kolbe

Muchos Santos han muerto por amor de Dios, pero pocos han muerto por amor de Dios y amor a sus semejantes. San Maximiliano Kolbe, uno de ellos, un santo actual, moderno, que usó, de lo que malamente llaman democracia, y pidió sustituir a un compañero suyo a su pasión y muerte segura. Y sufre y muere por otro y es, a imitación de Cristo, un verdadero cristiano convencido de su fe, porque si no hubiera tenido fe en el Reino Celestial, no se habría dejado matar, pero San Maximiliano Kolbe sabía que iba directo al Reino de Dios, porque todo lo hizo y lo hacía por Amor: Eso es la Caridad. Hacer las cosas, decir las cosas sólo por amor a Dios, y lo que Dios no quiere que hagamos o que pensemos o digamos, no decirlo, no pensarlo, no obrarlo. Hay Santos que sí que han entendido de qué va vivir la perfección, y San Maximiliano Kolbe, está en el mismo Cielo y es Santo por eso: Porque entendió de qué va la vida: de la salvación, y uno se salva por la Caridad.

P. Jesús

© copyright

La Biblia
El primer encuentro de José con sus hermanos
Génesis 42, 6-26

6 José tenía plenos poderes sobre el país y distribuía raciones a toda la población. Sus hermanos se presentaron ante él y se postraron con el rostro en tierra.
7 Al verlos, él los reconoció en seguida, pero los trató como si fueran extraños y les habló duramente. «¿De dónde vienen?», les preguntó. Ellos respondieron: «Venimos de Canaán para abastecernos de víveres».
8 Y al reconocer a sus hermanos, sin que ellos lo reconocieran a él,
9 José se acordó de los sueños que había tenido acerca de ellos. Entonces les dijo: «Ustedes son espías, y han venido a observar las zonas desguarnecidas del país».
10 «No, señor», le respondieron. «Es verdad que tus servidores han venido a comprar víveres.
11 Todos nosotros somos hijos de un mismo padre, y además, personas honradas. No somos espías».
12 Pero él insistió: «No, ustedes han venido a observar las zonas desguarnecidas del país».
13 Ellos continuaron diciendo: «Nosotros, tus servidores, somos doce hermanos, hijos de un hombre que reside en Canaán. El menor está ahora con nuestro padre, y otro ya no vive».
14 Pero él volvió a insistir: «Ya les he dicho que ustedes son espías.
15 Por eso van a ser sometidos a una prueba: juro por el Faraón que ustedes no quedarán en libertad, mientras no venga aquí su hermano menor.
16 Envíen a uno de ustedes a buscar a su hermano, los demás quedarán prisioneros. Así será puesto a prueba lo que ustedes han afirmado, para comprobar si dicen la verdad. De lo contrario, no habrá ninguna duda de que ustedes son espías».
17 E inmediatamente, los puso bajo custodia durante tres días. 
18 Al tercer día, José les dijo: «Si quieren salvar la vida, hagan lo que les digo, porque yo soy un hombre temeroso de Dios.
19 Para probar que ustedes son sinceros, uno de sus hermanos quedará como rehén en la prisión donde están bajo custodia, mientras el resto llevará los víveres, para aliviar el hambre de sus familias.
20 Después me traerán a su hermano menor. Así se pondrá de manifiesto que ustedes han dicho la verdad y no morirán». Ellos estuvieron de acuerdo.
21 Pero en seguida comenzaron a decirse unos a otros: «¡Verdaderamente estamos expiando lo que hicimos contra nuestro hermano! Porque nosotros vimos su angustia cuando nos pedía que tuviéramos compasión, y no quisimos escucharlo. Por eso nos sucede esta desgracia».
22 Rubén les respondió: «¿Acaso no les advertí que no cometieran ese delito contra el muchacho? Pero ustedes no quisieron hacer caso, y ahora se nos pide cuenta de su sangre».
23 Ellos ignoraban que José los entendía, porque antes habían hablado por medio de un intérprete.
24 José se alejó de ellos para llorar; y cuando estuvo en condiciones de hablarles nuevamente, separó a Simeón y ordenó que lo ataran a la vista de todos.
25 Después José mandó que les llenaran las bolsas con trigo y que repusieran el dinero en la bolsa de cada uno. También ordenó que les entregaran provisiones para el camino. Así se hizo.
26 Ellos cargaron sus asnos con los víveres y partieron.

Meditación:

El primer encuentro de José con sus hermanos

Se denominaban a sí mismos, los hermanos de José, como personas honradas, y habiendo hecho con su hermano José lo que le hicieron, todo y así, en voz alta ante el poderoso José, decían que eran honrados. ¿Es que no tenían conciencia de su grave pecado?… ¿y tú, puede que a ti te pase igual, que no tengas conciencia del daño hecho a tu hermano?…

¿Hizo bien José en tratarlos como espías?… ¿Tenía que haberse mostrado humilde y darles todo lo que pedían por el hecho de haberles perdonado?…

José, al cabo de tres días de estar bajo custodia, les habla y les pide, por ser un hombre temeroso de Dios, que certifiquen que no mienten; quiere obras de su verdad, obras que respalden sus palabras de honradez, que pronunciaron ante el que maltrataron,  ¡su propio hermano José!, que les pidió ayuda y clemencia, estando en el pozo donde le pusieron sus hermanos años atrás, cuando él confiaba plenamente en ellos, tanto, que incluso les contaba sus sueños; y ellos, furiosos por los sueños de José, su hermano, y por el trato que le daba su padre, le dañaron despiadadamente, injustamente, dándole la hiel que contenía su corazón cobarde e infiel, aunque eran parte del pueblo de Dios, elegido para ser de la estirpe de Cristo, ¡el Rey de los Judíos, el Dios de todos!

Los asustó José, exigiéndoles la verdad y diciéndoles que, de decirla, no morirían. ¡Cuánto poder tenía ahora José!, ese mismo José, abandonado, humillado, solo, y falto de todo afecto humano. Ahora él podía hacer venganza y la ley estaría siempre de acuerdo con él, porque él representaba la ley egipcia, tenía poder para hacer y deshacer; era el Gran José, mientras sus hermanos hablaban de él como un hombre muerto.

Se dieron cuenta sus hermanos que venía sobre ellos la hora terrena de la justicia, porque todo se paga también en esta vida; la historia de los hombres lo testifica; da valor a esta creencia de que quien siembra, recoge su siembra; tarde o pronto, la vida pasa cuentas de los hechos y, a veces, también de las palabras que han dañado al inocente que es temeroso de Dios.

Leemos: “José se alejó de ellos para llorar”. ¿Aún le quedaban lágrimas a José, después de más de veinte años sufriendo y llorando?, ¡clamando al Cielo por la paz de su corazón en duelo!

Las lágrimas de los buenos, como José, siempre viven, porque la misericordia tiene su faceta espiritual, que protege al corazón de embrutecerse y lo mantiene envuelto en lágrimas para que no se endurezca y llegue a ser más perverso que. los que pervirtiendo la fe, hicieron mal y lo malo al bueno que hace el bien.

Si tú, como José, tienes unos hermanos así de malos, ¡que hay!, aún hoy hay, y te han dañado, ¡benditas sean tus lágrimas, que por ellas, jamás serás como ellos!, ¡JAMÁS!

P. Jesús

© copyright