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Evangelio de hoy

Envío diario nº 5.089- Sábado 28-5-22

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Sábado 28 de Mayo de 2.022

Tiempo Pascual/6º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Juan 16, 23b-28

“Ese día pediréis en mi nombre”

(Dijo Jesús a sus discípulos): 23bEn verdad, en verdad os digo: Cuanto pidiereis al Padre os lo dará en mi nombre. 24Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid y recibiréis, para que sea cumplido vuestro gozo.

25Esto os lo he dicho en parábolas; llega la hora en que ya no os hablaré más en parábolas. Antes os hablaré claramente del Padre. 26Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, 27pues el mismo Padre os ama, porque vosotros me habéis amado y creído que yo he salido de Dios. 28Salí del Padre y vine al mundo; de nuevo dejo el mundo y me voy al Padre.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

“Ese día pediréis en mi nombre”

Pide lo que quieras a Dios, en el nombre de Jesús, y todo lo que sea bueno para ti, te lo va a conceder.

No pidas nada que vaya contra los diez mandamientos, porque todo eso es malo para ti.

Y pide por intercesión de la Virgen María, Madre de Dios…

Y espera…

Amén.

P. Jesús

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Consejo nº 1.211

.-Si tienes miedo, úsalo a tu favor, evitando toda ocasión de pecado.

P. Jesús

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Beato Luis Biragui

Nació en Vignate (Milán, Italia) el 2 de noviembre de 1801. Era el quinto de los ocho hijos de Francesco Biraghi y Maria Fina. Poco después de su nacimiento, la familia se trasladó a Cernusco sul Naviglio, un pueblo cercano.

A los doce años Luis entró en el seminario menor de Castello sopra Lecco. Luego, prosiguió sus estudios sacerdotales en los seminarios mayores de Monza y de Milán. En la catedral de Milán recibió la ordenación sacerdotal el 28 de mayo de 1825.

Fue destinado inmediatamente a la enseñanza en los seminarios de Castello sopra Lecco, Séveso y Monza.

En 1833 lo nombraron director espiritual del seminario mayor de Milán.

En 1848 volvió a la enseñanza, pero a causa de las vicisitudes políticas que se produjeron en Italia durante esos años, sobre todo en Lombardía y Venecia, fue destituido de su cargo por los austriacos en 1850.

En 1855 fue nombrado doctor —y desde 1864 viceprefecto— de la prestigiosa Biblioteca Ambrosiana y canónigo honorario de la basílica de San Ambrosio. En 1873 Pío IX le concedió el título de prelado doméstico de Su Santidad.

Ese Pontífice lo apreciaba mucho, hasta el punto de que en 1862 le dirigió una carta autógrafa para que, usando su gran influencia, actuara de mediador y pacificador entre el clero milanés, dividido por entonces en dos facciones: los promotores de la nueva unidad nacional italiana, que se estaba concretando, y los defensores del poder temporal de los Papas.

Mons. Biraghi era hombre de gran cultura y profunda vida interior; apasionado estudioso de patrología y arqueología.

Y precisamente su conocimiento y admiración por la antigüedad cristiana, y su devoción por san Ambrosio, hicieron que surgiera en él la idea de fundar el instituto de las Religiosas de Santa Marcelina, para renovar el ideal de la virginidad consagrada, típica de la Iglesia primitiva, dedicándose simultáneamente a la educación de la juventud femenina (santa Marcelina, hermana mayor de san Ambrosio, recibió el velo de las vírgenes consagradas de manos del Papa Liberio en la Navidad del año 353, y colaboró con su hermano obispo en Milán).

Mons. Biraghi fundó el instituto en 1838, en Cernusco sul Naviglio, con la colaboración de la madre Marina Videmari (1812-1891), que fue la primera superiora y la continuadora de la obra después de la muerte del fundador.

Pronto abrió otras casas, como colegios y escuelas, en varias ciudades.

Ya sin compromisos pastorales directos, mons. Biraghi dedicó todas sus energías, hasta el fin, a la formación espiritual de sus religiosas y a la organización de la nueva congregación.

Murió el 11 de agosto de 1879, a los setenta y ocho años, en Milán. Fue sepultado en el panteón familiar, en Cernusco sul Naviglio. En 1951 sus restos fueron trasladados a la capilla de la casa madre de las Religiosas de Santa Marcelina, en ese mismo pueblo.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Beato Luis Biragui

El Papa, los Papas de todos los tiempos tienen necesidad de los Santos, y los Santos dan su ayuda al Papa, porque Dios está con los Papas y, yendo con los Santos, éstos, con Dios, ayudan al Papa, porque todo es de Dios, todo lo bueno es de Dios.

El Beato Luis Biragui es un ejemplo de la necesidad del Papa de confiar y fiarse de los santos.

P. Jesús

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Envío diario nº 5.088- Viernes 27-5-22

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Viernes 27 de Mayo de 2.022

Tiempo Pascual/6º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Juan 16, 20-23a

Llorar no es tan malo

(Dijo Jesús a sus discípulos): 20En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará; vosotros os entristeceréis, pero vuestra tristeza se volverá en gozo. 21La mujer, cuando pare, siente tristeza, porque llega su hora; pero, cuando ha dado a luz un hijo, ya no se acuerda de la tribulación, por el gozo que tiene de haber venido al mundo un hombre. 22Vosotros, pues, ahora tenéis tristeza; pero de nuevo os veré, y se alegrará vuestro corazón, y nadie será capaz de quitaros vuestra alegría.23aEn aquel día no me preguntaréis nada.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

Llorar no es tan malo

Es peor alegrarse como hicieron los mundanos que llevaron a Jesús a la muerte, y lo mataron, mientras sus discípulos, los discípulos de Jesús, Dios, ¡la Iglesia cristiana católica!, lloraba y se escondía. Y al tercer día, Jesús, Dios, resucitó, y su llanto, el llanto y dolor de los primeros cristianos, se volvió alegría, y empezó una nueva y maravillosa generación, la de la Caridad.

Llorar no es malo; cuando hay dolor se llora, se soporta, se resiste, se ora, se reza, se pide ayuda a Dios y a los demás, y las cosas pueden cambiar, y cambian; la alegría suple al dolor, y hay una calidad de vida, la vida de la Caridad, que es la única manera de vivir con calidad, viviendo la Caridad.

Amigo-a, ten caridad, obra y habla y piensa, medita… hazlo todo por y con amor a Dios; y siendo así, pones otra dimensión a todo lo que tienes y sale y das de ti, la dimensión del amor, el nuevo mandamiento que Cristo, Jesús, Dios, dio: “Amaos como Yo Dios os he amado”; y Cristo amó hasta la muerte, hasta dar la vida para cada uno, para ti, para que estos pecados que has cometido y te has confesado, no te sean tomados en cuenta por Dios, y no tengas que pagar por ellos, porque Cristo ya pagó por ti, muriendo, recibiendo todo mal que le dieron, siendo justo y bueno. Acepta que Jesús pagó tu deuda, porque Dios Padre se lo pidió, y Él, Jesús, Dios Hijo, lo aceptó y lo cumplió; y por Cristo, tienes tú la salvación que viene de Dios, y por Cristo, si te confiesas bien, puedes recibir el perdón de tus pecados y puedes acceder al Reino de los Cielos, el nuevo Paraíso, este lugar maravilloso, planeado por Dios para que el hombre, la persona, viviera feliz eternamente. Es tuyo, si lo quieres. Tú decides.

P. Jesús

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Consejo nº 1.210

.-Guárdate de todo pecado, y piensa siempre que puedes pasar la prueba, con la ayuda de Dios.

P. Jesús

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San Agustín de Canterbury

Agustín de Canterbury es considerado uno de los más grandes evangelizadores, al lado de San Patricio de Irlanda y San Bonifacio en Alemania. Tiene el gran mérito de haber dirigido la evangelización de Inglaterra.

Era superior del convento benedictino de Roma, cuando el Sumo Pontífice San Gregorio Magno se le ocurrió en el año 596 tratar de evangelizar a la isla de Inglaterra que era pagana. Conociendo el espíritu generoso y emprendedor de Agustín, que no se acobardaba ante ninguna dificultad, y además sus grandes virtudes, el Papa lo envió con 39 monjes más a tratar de convertir a esos paganos sajones.

Y sucedió que al llegar Agustín y sus 39 compañeros a la costa, donde se tomaba la embarcación para llegar a Inglaterra, allí les contaron terribles barbaridades acerca de los habitantes de esa isla, y los otros misioneros sintieron mucho miedo y enviaron al santo a que fuera a Roma a contarle al Pontífice lo peligroso que era esto que iban a emprender. Agustín fue a hablar con el Papa, pero san Gregorio lo animó de tal manera, recordándole que Dios les concedería la buena voluntad de aquellas gentes, que ya desde entonces Agustín no se dejó desanimar por los temores.

En Inglaterra mandaba el rey Etelberto que tenía una esposa muy santa (que después se llamó Santa Berta) y el primer regalo que Dios les concedió a los nuevos misioneros fue darles la buena voluntad del rey. Este los recibió muy cariñosamente y les pidió que le enseñaran la religión, y tanto le agradó que pronto se hizo bautizar y les regaló su palacio real para que les sirviera de convento a los misioneros y les dio un templo en Canterbury para que allí enseñaran. Y en ese sitio está ahora la más famosa catedral de Inglaterra: la Catedral de Canterbury.

El rey dejó en libertad a los súbditos para que escogieran la religión que quisieran, pero les recomendó que se instruyeran en la religión de Jesucristo y tanto les agradaron a aquellas gentes las enseñanzas de Agustín y sus monjes, que en la Navidad del año 597 se hicieron bautizar 10,000 ingleses y entre los nuevos bautizados estaban los que ocupaban los cargos más importantes de la nación.

Agustín envió a dos de sus mejores monjes a Roma a contarle al Sumo Pontífice tan hermosas noticias, y el Papa en cambió le envió el nombramiento de arzobispo, y otro buen grupo de misioneros, y cálices y libros para las celebraciones y muchas imágenes religiosas que a esas gentes recién convertidas les agradaban en extremo. San Gregorio se alegró muchísimo ante noticias tan consoladoras, y le recomendó a San Agustín un simpático plan de trabajo.

San Gregorio, sabiendo que la principal virtud del obispo Agustín era la docilidad a sus superiores, le envió las siguientes recomendaciones 1º. No destruir los templos de los paganos, sino convertirlos en templos cristianos. 2º. No acabar con todas las fiestas de los paganos, sino convertirlas en fiestas cristianas. Por ejemplo ellos celebraban las fiestas de sus ídolos con grandes banquetes en los cuales participaban todos. Pues hacer esos banquetes, pero en honor de los mártires y santos. 3º. Dividir el país en tres diócesis: Canterbury, Londres y York.

Nuestro santo cumplió exactamente estas recomendaciones, que le produjeron muy buenos resultados. Y fue nombrado por el Papa, jefe de toda la Iglesia Católica de Inglaterra (Arzobispo Primado). En las reuniones sobresalía entre todos por su gran estatura y por su presencia muy venerable que infundía respeto y admiración.

San Agustín escribía frecuentemente desde Inglaterra al Papa San Gregorio a Roma pidiéndole consejos en muchos casos importantes, y el Sumo Pontífice le escribía ciertas advertencias muy prácticas como estas: «Dios le ha concedido el don de hacer milagros, y le ha dejado el inmenso honor de convertir a muchísimos paganos al cristianismo, y de que las gentes lo quieran y lo estimen mucho. Pero cuidado, mi amigo, que esto no le vaya a producir orgullo. Alégrese de haber recibido estos regalos del buen Dios, pero tenga temor de no aprovecharlos debidamente. Consuélese al ver que con los milagros y la predicación logra que tantos paganos se vuelvan cristianos católicos, pero no vaya a creerse mejor que los demás, porque entonces le estaría robando a Dios el honor y la gloria que sólo El se merece. Hay muchos que son muy santos y no hacen milagros ni hablan hermosamente. Así que no hay que llenarse de orgullo por haber recibido estas cualidades, sino alegrarse mucho al ver que Dios es más amado y más glorificado por las gentes». Mucho le sirvieron a Agustín estos consejos para mantenerse humilde.

Después de haber trabajado por varios años con todas las fuerzas de su alma por convertir al cristianismo el mayor número posible de ingleses, y por organizar de la mejor manera que pudo, la Iglesia Católica en Inglaterra, San Agustín de Canterbury murió santamente el 26 de mayo del año 605. Y un día como hoy fue su entierro y funeral. Desde entonces ha gozado de gran fama de santidad en esa nación y en muchas partes más.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Agustín de Canterbury

No era cobarde San Agustín de Canterbury, como no lo es ningún Santo, porque en la perfección está la valentía y la heroicidad hasta el grado máximo, pero no para buscar honores humanos y luchar por su cuenta, sino por y para cumplir la voluntad de Dios.

¿Quieres ser santo? Pues no me seas cobarde y evangeliza unido al Papa, siendo de Dios y yendo con Dios.

P. Jesús

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Envío diario nº 5.087- Jueves 26-5-22

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Jueves 26 de Mayo de 2.022

Tiempo Pascual/6º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Juan 16, 16-20

Un poco

(Dijo Jesús a sus discípulos): 16Todavía un poco, y ya no me veréis; y todavía otro poco, y me veréis. 17Dijéronse entonces algunos de los discípulos: ¿Qué es esto que nos dice: 18Todavía un poco, y no me veréis; y todavía otro poco, y me veréis? Y: porque voy al Padre. Decían, pues: ¿Qué es esto que dice: Un poco? No sabemos lo que dice.

19Conoció Jesús que querían preguntarle, y les dijo: ¿De esto inquirís entre vosotros, porque os he dicho: Todavía un poco, y no me veréis; y todavía otro poco, y me veréis? 20En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará; vosotros os entristeceréis, pero vuestra tristeza se volverá en gozo.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

Un poco

El tiempo de este mundo, en el Cielo no existe. En el Cielo hay lo Eterno, en este mundo existe el tiempo, y es el tiempo de este mundo, lo que nos separa de Dios.

Imagina, Dios te creó, te amó y te creó alma, y en el momento de la fusión entre hombre y mujer, cuando se crea un ser, Dios te depositó allí, para que tuvieras cuerpo, y así pudieras obrar y demostrar quién eres. 

Es el deseo de Dios, que tus padres al crearte te amaran, se amaran y lo amaran a Él, a Dios, sobre todas las cosas, y por lo cual tuvieran en cuenta que este hijo, tú, es realmente su hijo, ¡hijo de Dios!, y que Dios quiere hijos. ¿Querrá Dios hijos, sí o no?; ¿querrá Dios almas que recuperará para la Eternidad?, ¿o quiere Dios pocos hijos?; ¿cómo se puede saber?; ¡fácil!, estando siempre abiertos a la vida y confiando en Dios todos los días de tu juventud; y si no tienes causas graves para evitar esas almas, que son tus hijos, no uses de los métodos de anticoncepción naturales. ¿Nacían hijos en tiempos de guerra?; ¿pueden nacer hijos en tiempos de crisis económica?; si hay fe verdadera, habrá; los matrimonios que tengan fe y no tengan causas graves para evitar los hijos, tendrán pues, hijos, por la fe.

Me pregunto, como sacerdote que soy, me pregunto, si en estos tiempos de crisis económica, los católicos tendrán hijos; y si tienen causas graves para evitarlos por métodos naturales… ¿qué es y será del amor de los esposos?… No está permitido pecar, ni en tiempo de crisis ni en tiempos de prosperidad.

Ha habido tiempos muy duros para la humanidad, y no se conocían los métodos anticonceptivos, y el aborto no era permitido. Dios ayuda en todos los tiempos, hijos míos; te lo digo a ti, que estás esperando a un hijo y no tienes un sueldo fijo. Dios sigue queriendo hijos, ¡tus hijos!; ten fe, te ayudará en todo; reza el Santo Rosario y ten fe en la Virgen del Amor.

Os hablaré de la Virgen del Amor, de María, que siendo virgen, el Amor, que es Dios, la amó, y tuvo a Jesús, pasando por la experiencia de que podía ser repudiada por San José, y sufrir por su fe. Aprended de María, vosotras, hijas de la fe, amadas por el Amor.

Ahora, sigo con el tema de que Dios te ama, y como a ti, ama a todas las personas y quiere tener hijos, porque el planeta Tierra es una parada para ir al Cielo… o al Infierno. No lo olvidéis, porque es de fe, es la doctrina católica.

Dios, como te decía al principio de esta homilía, Dios, da vida a la unión sexual de dos personas de distinto sexo; así se forma la vida, y no se lo ha inventado la religión ni la moral, sino que es cosa de Dios. Dios da vida y naces tú, y queda impresa en ti la esencia de tu padre y de tu madre, y por eso, por eso, te digo, que estás preparado para vivir donde nazcas y seas hijo de quien eres, porque los genes vienen en tu ayuda para sobrevivir al hábitat en que has nacido; por tus genes, puedes comprender a tus padres, y ellos comprenderte a ti; eso quiere decir que Dios no te desampara, te da una protección para que puedas vivir y desarrollarte; te pareces físicamente a ellos, por eso te aman más; porque les recuerdas a ellos y, si se aman, que deberían amarse, te aman más, y eso quiere Dios, que te amen y que les ames tú a ellos, y te sea fácil imitarlos, y así sobrevivir en este mundo, por su experiencia de vida. ¡Dios no abandona a sus almas!, les da lo mejor de la vida; todo lo tiene controlado y perfectamente lo decidió, pero tus problemas empiezan, si eres concebido sin haber amor entre tus progenitores, porque Dios es Amor y quiere que tengas amor, ya antes de nacer, y después sigan amándote, preparándote para una vida de amor en el Cielo eterno. Si tus padres te aman, y ellos a la vez son amados por sus padres, la cadena del amor da seguridad a los que van naciendo y van llenando y poblando la tierra.

¿Ves hijo de Dios, como Dios es bueno y quiere el bien y lo bueno para todos?

La realidad, sin embargo, es que muchos se casan mal, y otros no tienen paciencia para soportar las debilidades propias y las de los demás, debilidades de carácter, digo. Digo de carácter, y no de pecados concretos, aunque las debilidades llevan a pecar, si no halla uno, amor en su vida.

El matrimonio es una unión libre e indisoluble, que no es para practicar el sexo y el libertinaje sexual dentro del matrimonio, haciendo como hacen los mundanos, que se dan al sexo como placer carnal solamente, y eso no dura, y por eso, se cansan y se abandonan. El matrimonio canónico, el sacramento matrimonial, es algo maravilloso, como todo lo que Dios ha dispuesto; y Dios lo dispuso, dispuso el matrimonio, uniendo a Adán y Eva en el mismo destino, y unidos los dos, de su unión en amor, Dios da hijos al mundo.

El matrimonio es pues, una unión entre hombre y mujer, para poder hacer la actividad sexual, y legítima, para tener hijos, y que estos hijos tengan el mismo padre y la misma madre, y compongan una familia, unida por los lazos de la sangre, y los genes de los padres, unan a todos en armonía. Dios quiere armonía, quiere que haya paz, por eso son semejantes los hijos de los mismos padres, semejantes en personalidad, aun cuando el temperamento sea distinto; y por la educación de los progenitores, el carácter sea muy igual, por las costumbres, que dan a las acciones una continuidad, y por lo cual se arraiga en cada uno como actos de carácter.

Dios permite a los padres, quiere, que los padres hagan de sus hijos lo que quieran. Dios confía en los padres, se fía de ellos, y les entrega al hijo para que le enseñen a vivir en esta vida; y ellos, los padres, han tenido a sus propios padres que han hecho lo mismo, educarlos.

¿Por qué la gente joven, busca y abusa del sexo? Porque así los han educado, porque les falta afecto, a muchos, y lo buscan en el sexo, ese sexo, que es el mismo que se usa para que un hombre y una mujer tengan hijos; esa práctica sexual, la utilizan para sentir amor, porque de hecho, Dios hizo el sexo para demostrarse así el amor entre los esposos. El amor eros, que es el amor esponsal y exclusivo de los esposos, este amor es así y se siente así, para que viviéndolo los esposos cumplan con su cometido, que es dar hijos, almas a Dios. Así son las cosas, no es invención de nadie más que de Dios, y si Dios lo quiere es que es bueno, y es bueno que el matrimonio se ame con amor eros, como tiene que ser. Si el amor de los esposos, pasa a ser amor ágape, no es este el sentido que Dios le dio al matrimonio. ¿No puede haber amistad en el matrimonio? El matrimonio es algo más que amistad, SON UNO, son uno desde el momento que libremente deciden casarse, unirse en santo matrimonio. Con un amigo no eres uno, es un amigo. El amor ágape es el amor que tienen que tener todos, unos con otros, y el amor eros, es exclusivo; este amor es una entrega plena, total, no sólo físicamente sino que, unidos, van a vivir a partir de darse en matrimonio; unidos en el mismo hogar, compartiendo las mismas vivencias y las mismas influencias; y uno al otro se deben ayudar para corregir sus defectos, para dar buen ejemplo. Y cuando digo corregir los defectos, no digo que hay que ir criticando, no. Sino que, por ejemplo, si uno es un avaro, que el otro, con su ejemplo le ayude a ser generoso; ¿cómo?, en primer, lugar queriendo tener hijos, porque los hijos son un gasto, que ayuda a los avaros a ser desprendidos, porque por amor al hijo, a los hijos, dejan de pensar en acumular dinero para guardar. No hay mayor bendición para el matrimonio, que los hijos, y los matrimonios que han estado siempre abiertos a la vida, sin hacer uso ni de los métodos naturales para evitar que Dios ponga un alma a la unión de su amor eros, estos van a ser muy santos, porque cada hijo, con sus defectos y cualidades, les ayuda a unirse en el amor de esposos para el bien del matrimonio. No he visto jamás un matrimonio que, haciendo uso natural de su vida conyugal, no llegara a la santidad; por eso os digo, que hay muchos santos anónimos. Los hijos son siempre una bendición, y Dios bendecía a sus profetas y elegidos, dándoles muchos hijos, una generación grande, a los que estaban casados o querían casarse. Dios quiere hijos, porque quiere amor, porque quiere santidad.

En el evangelio de hoy, Jesús, Dios, les decía: “Todavía un poco, y ya no me veréis; y todavía otro poco, y me veréis.» Dios se fue y volvió, y regresará definitivamente al final de los tiempos; para Él, Dios, es un poco, y lleva más de dos mil años y se le sigue esperando; esta es la alegría de un alma perfecta en un cuerpo humano, vivir para este poco que falta, vivir llenos de esperanza y llenos de fe en el MAÑANA, cuando haya pasado este poco y regrese Jesús de Nazaret, y ya tengas tu casa preparada en el Cielo Eterno. ¡Es de fe!

Dios quiere almas en el Cielo; las envía a la tierra, colocándolas en la unión de hombre y mujer, y quiere recuperarlas. Padres, tened paciencia con vuestros hijos. Hijos, enseñad a vuestros padres lo que no saben sobre la fe, enseñádselo con vuestras obras de amor, de caridad. ¡Se puede!, todo se puede en Cristo que nos fortalece, incluso tener hijos en tiempos de crisis económica, eso también. Porque Dios creó el mundo para que pasen por este mundo los que van a vivir con Él, con Dios Uno y Trino, para siempre, ¡tú!

Tú eres un elegido de Dios; por tu vida lo sabes. ¡Vive!.

P. Jesús

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Consejo nº 1.209

.-Te sorprenderías de saber cuántas personas buenas practican la caridad con discreción.

P. Jesús

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San Felipe Neri, Sacerdote Fundador

San Felipe nació en Florencia, Italia, en 1515. Su padre se llamaba Francisco Neri. Desde pequeño demostraba tal alegría y tan grande bondad, que la gente lo llamaba «Felipín el bueno». En su juventud dejó fama de amabilidad y alegría entre sus compañeros y amigos.

Habiendo quedado huérfano de madre, lo envió su padre a casa de un tío muy rico, el cual planeaba dejarlo heredero de todos sus bienes. Pero allá Felipe se dio cuenta de que las riquezas le podían impedir el dedicarse a Dios, y un día tuvo lo que él llamó su primera «conversión». Y consistió en que se alejó de la casa del riquísimo tío y se fue para Roma llevando únicamente la ropa que llevaba puesta. En adelante quería confiar solamente en Dios y no en riquezas o familiares pudientes.

Al llegar a Roma se hospedó en casa de un paisano suyo de Florencia, el cual le cedió una piecita debajo de una escalera y se comprometió a ofrecerle una comida al día si él les daba clases a sus hijos. La habitación de Felipe no tenía sino la cama y una sencilla mesa. Su alimentación consistía en una sola comida al día: un pan, un vaso de agua y unas aceitunas. El propietario de la casa, declaraba que desde que Felipe les daba clases a sus hijos, estos se comportaban como ángeles.

Los dos primeros años Felipe se ocupaba casi únicamente en leer, rezar, hacer penitencia y meditar. Por otros tres años estuvo haciendo estudios de filosofía y de teología.

Pero luego por inspiración de Dios se dedicó por completo a enseñar catecismo a las gentes pobres. Roma estaba en un estado de ignorancia religiosa espantable y la corrupción de costumbres era impresionante. Por 40 años Felipe será el mejor catequista de Roma y logrará transformar la ciudad.

Felipe había recibido de Dios el don de la alegría y de amabilidad. Como era tan simpático en su modo de tratar a la gente, fácilmente se hacía amigo de obreros, de empleados, de vendedores y niños de la calle y empezaba a hablarles del alma, de Dios y de la salvación. Una de sus preguntas más frecuentes era esta: «amigo ¿y cuándo vamos a empezar a volvernos mejores?». Si la persona le demostraba buena voluntad, le explicaba los modos más fáciles para llegar a ser más piadosos y para comenzar a portarse como Dios quiere.

A aquellas personas que le demostraban mayores deseos de progresar en santidad, las llevaba de vez en cuando a atender enfermos en hospitales de caridad, que en ese tiempo eran pobrísimos y muy abandonados y necesitados de todo.

Otra de sus prácticas era llevar a las personas que deseaban empezar una vida nueva, a visitar en devota procesión los siete templos principales de Roma y en cada uno dedicarse un buen rato a orar y meditar. Y así con la caridad para los pobres y con la oración lograba transformar a muchísima gente.

Desde la mañana hasta el anochecer estaba enseñando catecismo a los niños, visitando y atendiendo enfermos en los hospitales, y llevando grupos de gentes a las iglesias a rezar y meditar. Pero al anochecer se retiraba a algún sitio solitario a orar y a meditar en lo que Dios ha hecho por nosotros. Muchas veces pasó la noche entera rezando. Le encantaba irse a rezar en las puertas de los templos o en las catacumbas o grandes cuevas subterráneas de Roma donde están enterrados los antiguos mártires.

Lo que más pedía Felipe al cielo era que se le concediera un gran amor hacia Dios. Y la vigilia de la fiesta de Pentecostés, estando aquella noche rezando con gran fe, pidiendo a Dios el poder amarlo con todo su corazón, éste se creció y se le saltaron dos costillas. Felipe entusiasmado y casi muerto de la emoción exclamaba: «¡Basta Señor, basta! ¡Que me vas a matar de tanta alegría!». En adelante nuestro santo experimentaba tan grandes accesos de amor a Dios que todo su cuerpo de estremecía, y en pleno invierno tenía que abrir su camisa y descubrirse el pecho para mitigar un poco el fuego de amor que sentía hacia Nuestro Señor. Cuando lo fueron a enterrar notaron que tenía dos costillas saltadas y que estas se habían arqueado para darle puesto a su corazón que se había ensanchado notablemente.

En 1458 fundó con los más fervorosos de sus seguidores una cofradía o hermandad para socorrer a los pobres y para dedicarse a orar y meditar. Con ellos fundó un gran hospital llamado «De la Santísima Trinidad y los peregrinos», y allá durante el Año del Jubileo en 1757, atendieron a 145,000 peregrinos. Con las gentes que lo seguían fue propagando por toda Roma la costumbre de las «40 horas», que consistía en colocar en el altar principal de cada templo la Santa Hostia, bien visible, y dedicarse durante 40 horas a adorar a Cristo Sacramentado, turnándose las personas devotas en esta adoración.

A los 34 años todavía era un simple seglar. Pero a su confesor le pareció que haría inmenso bien si se ordenaba de sacerdote y como había hecho ya los estudios necesarios, aunque él se sentía totalmente indigno, fue ordenado de sacerdote, en el año 1551.

Y apareció entonces en Felipe otro carisma o regalo generoso de Dios: su gran don de saber confesar muy bien. Ahora pasaba horas y horas en el confesionario y sus penitentes de todas las clases sociales cambiaban como por milagro. Leía en las conciencias los pecados más ocultos y obtenía impresionantes conversiones. Con grupos de personas que se habían confesado con él, se iba a las iglesias en procesión a orar, como penitencia por los pecados y a escuchar predicaciones. Así la conversión era más completa.

San Felipe quería irse de misionero al Asia pero su director espiritual le dijo que debía dedicarse a misionar en Roma. Entonces se reunió con un grupo de sacerdotes y formó una asociación llamada el «Oratorio», porque hacían sonar una campana para llamar a las gentes a que llegaran a orar. El santo les redactó a sus sacerdotes un sencillo reglamento y así nació la comunidad religiosa llamada de Padres Oratorianos o Filipenses. Esta congregación fue aprobada por el Papa en 1575 y ayudada por San Carlos Borromeo.

San Felipe tuvo siempre en don de la alegría. Donde quiera que él llegaba se formaba un ambiente de fiesta y buen humor. Y a veces para ocultar los dones y cualidades sobrenaturales que había recibido del cielo, se hacía el medio payaso y hasta exageraba un poco sus chistes y chanzas. Las gentes se reían de buena gana y aunque a algunos muy seriotes les parecía que él debería ser un poco más serio, el santo lograba así que no lo tuvieran en fama de ser gran santo (aunque sí lo era de verdad).

En su casa de Roma reunía centenares de niños desamparados para educarlos y volverlos buenos cristianos. Estos muchachos hacían un ruido ensordecedor, y algunos educadores los regañaban fuertemente. Pero San Felipe les decía: «Haced todo el ruido que queráis, que a mí lo único que me interesa es que no ofendáis a Nuestro Señor. Lo importante es que no pequéis. Lo demás no me disgusta». Esta frase la repetirá después un gran imitador suyo, San Juan Bosco.

Una vez tuvo un ataque fortísimo de vesícula. El médico vino a hacerle un tratamiento, pero de pronto el santo exclamó: «Por favor háganse a un lado que ha venido Nuestra Señora la Virgen María a curarme». Y quedó sanado inmediatamente. A varios enfermos los curó al imponerles las manos. A muchos les anunció lo que les iba a suceder en el futuro. En la oración le venían los éxtasis y se quedaba sin darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor. Muchas personas vieron que su rostro se llenaba de luces y resplandores mientras rezaba o mientras celebraba la Santa Misa. Y a pesar de todo esto se mantenía inmensamente humilde y se consideraba el último de todos y el más indigno pecador.

Los últimos años los dedicó a dar dirección espiritual. El Espíritu Santo le concedió el don de saber aconsejar muy bien, y aunque estaba muy débil de salud y no podía salir de su cuarto, por allí pasaban todos los días numerosas personas. Los Cardenales de Roma, obispos, sacerdotes, monjas, obreros, estudiantes, ricos y pobres, jóvenes y viejos, todos querían pedirle un sabio consejo y volvían a sus casas llenos de paz y de deseos de ser mejores. Decían que toda Roma pasaba por su habitación.

Empezó a sentir tales fervores y tan grandes éxtasis en la Santa Misa, después de la consagración, que el que le acolitaba, se iba después de la elevación y volvía dos horas después y alcanzaba a llegar para el final de la misa.

El 25 de mayo de 1595 su médico lo vio tan extraordinariamente contento que le dijo: «Padre, jamás lo había encontrado tan alegre», y él le respondió: «Me alegré cuando me dijeron: vayamos a la casa del Señor». A la media noche le dio un ataque y levantando la mano para bendecir a sus sacerdotes que lo rodeaban, expiró dulcemente. Tenía 80 años.

Fue declarado santo en el año 1622 y en Roma lo consideraron como a su mejor catequista y director espiritual.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Felipe Neri, Sacerdote Fundador

Muchos han creído, y creen muchos, que un santo que es bueno no puede ser alegre; la alegría de los Santos es la del Amor, ser Amados por Dios y amar a Dios y a todos.

Felipe Neri, italiano, bueno y alegre.

Su alegría era tener el amor de Dios en su corazón. No es lo mismo amar nosotros a Dios que sentir el amor de Dios en nosotros. Si quieres sentirlo ve a recibirlo en la confesión porque Dios Espíritu Santo que es Amor, está en el Sacramento de la Confesión. ¡Explota de amor, como se creció el corazón de Felipe Neri al darle Dios más de su amor! Los santos piden y Dios da, porque nada es imposible para Dios.

Gritó así San Felipe Neri: «¡Basta Señor, basta! ¡Que me vas a matar de tanta alegría!».

Morir de alegría, oh hermanos, por sabernos tan amados por Dios. ¿Por qué no?

¡Vamos!

P. Jesús

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