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Envío diario nº 4.514- Sábado 31-10-20

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Sábado 31 de Octubre de 2.020

Tiempo Ordinario/30º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Lucas 14, 1.7-11

Te observan a ti como observaban a Jesús

1Habiendo entrado (Jesús) en casa de uno de los principales fariseos para comer en día de sábado, le estaban observando. 7Decía a los invitados una parábola, observando cómo escogían para sí los primeros puestos: 8Cuando seas invitado a una boda, no te sientes en el primer puesto, no sea que venga otro más honrado que tú, invitado por el mismo, 9y, llegando el que al uno y al otro os invitó, te diga: <<Cede a éste tu puesto>>, y entonces, con vergüenza, vayas a ocupar el último lugar. 10Cuando seas invitado, ve y siéntate en el postrer lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: <<Amigo, sube más arriba>>. Entonces tendrás gran honor en presencia de todos los comensales, 11porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

Te observan a ti como observaban a Jesús

Al igual que a tu Maestro, a ti también te observan, y si haces el bien y lo bueno, si practicas la fe, otros, por ti, comprenderán que Dios los ama, y vivirán mejor, por tu fidelidad y honor.

Sé fiel a Cristo allí donde vayas, comas o medites, hables o camines; que en todo se vea en ti de quién eres; tú, tú eres hermano, amigo, de Cristo Rey, y como Él, igual que Dios, eres observado, y si te mantienes como digno hijo de Dios que eres, entonces, muchos, al ver tu fe, acogerán en sí mismos la suya, porque la fe, aunque sólo puede darla Dios, cuando uno ve a una persona de fe verdadera, se le enciende en el corazón la alegría de hallar la verdad; porque todos buscan la verdad, y la verdad está en ti y contigo, si vas de la mano de Jesús, el hermano amigo, que siempre extiende su mano para bendecirte, para darte la alegría de la fe.

Sé alegre en tu fe, ¡vive tu fe!, y otros, al verla, querrán imitarte, porque la fe está repleta de obras buenas, sobre todo de misericordia. El que tiene fe es humilde y valiente, y vive firme en la bondad de hacer siempre el bien sin mirar a quien.

Tú puedes propagar la fe; ¿cómo?, ¡viviéndola!

Únete a Cristo y reta con tus obras a los que te observan, a que hagan como tú, obras buenas de fe, esperanza y caridad, cumpliendo con tu deber y amando a los demás ¡porque sí!, porque puedes sacar lo mejor de ti, si vas siempre con Dios.

Ánimo, sólo necesitas de Dios y tu voluntad. Y dale la oportunidad a Dios de vivir en ti y contigo, y siendo así, incluso los que van de santos y son fariseos, no te molestará su trato, porque te levantarás cada día para ofrecérselo a Dios y sólo a Dios. ¡Qué vida!, vida en abundancia de alegría, la alegría de la fe, de saber que ya tienes en el Cielo un lugar para ti, por el hecho de haber muerto Jesús en el Madero.

Te observan… ¡¡¡que miren!!!

¡Alegría!, eres de Cristo, sólo de Dios. Amén.

Pax Domini.

P. Jesús
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Consejo nº 635

.-Tántas cosas lindas como querías hacer en la vida, en tu vida, y, mira, sólo sirves para fornicar.

P. Jesús

© copyright

San Quintín

Fue Quintín hijo de un senador romano muy apreciado de la gente.

Se hizo amigo del Papa San Marcelino, quién lo bautizó.

El más grande deseo de Quintín era hacer que muchas personas conocieran y amaran a Jesucristo, y poder derramar su sangre por defender la religión.

Cuando el Papa San Cayo organizó una expedición de misioneros para ir a evangelizar a Francia, Quintín fue escogido para formar parte de ese grupo de evangelizadores.

Dirigido por el jefe de la misión, San Luciano, fue enviado Quintín a la ciudad de Amiens, la cual ya había sido evangelizada en otro tiempo por San Fermín, por lo cual hubo un nutrido grupo de cristianos que le ayudaron allí a extender la religión. Quintín y sus compañeros se dedicaron con tan grande entusiasmo a predicar, que muy pronto ya en Amiens hubo una de las iglesias locales más fervorosas del país.

Nuestro santo había recibido de Dios el don de sanación, y así al imponer las manos lograba la curación de ciegos, mudos, paralíticos y demás enfermos. Había recibido también de Nuestro Señor un poder especial para alejar los malos espíritus, y eran muchas las personas que se veían libres de los ataques del diablo al recibir la bendición de San Quintín. Esto atraía más y más fieles a la religión verdadera. Los templos paganos se quedaban vacíos, los sacerdotes de los ídolos ya no tenían oficio, mientras que los templos de los seguidores de Jesucristo se llenaban cada vez más y más.

Los sacerdotes paganos se quejaron ante el gobernador Riciovaro, diciéndole que la religión de los dioses de Roma se iba a quedar sin seguidores si Quintín seguía predicando y haciendo prodigios. Riciovaro, que conocía a la noble familia de nuestro santo, lo llamó y le echó en cara que un hijo de tan famoso senador romano se dedicara a propagar la religión de un crucificado. Quintín le dijo que ese crucificado ya había resucitado y que ahora era el rey y Señor de cielos y tierra, y que por lo tanto para él era un honor mucho más grande ser seguidor de Jesucristo que ser hijo de un senador romano.

El gobernador hizo azotar muy cruelmente a Quintín y encerrarlo en un oscuro calabozo, amarrado con fuertes cadenas. Pero por la noche se le soltaron las cadenas y sin saber cómo, el santo se encontró libre, en la calle. Al día siguiente estaba de nuevo predicando a la gente.

Entonces el gobernador lo mandó poner preso otra vez y después de atormentarlo con terribles torturas, mandó que le cortaran la cabeza, y voló al cielo a recibir el premio que Cristo ha prometido para quienes se declaran a favor de Él en la tierra.

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Quintín

La barbarie de los paganos se ha visto, por la historia, que fue causa de mucho dolor a los santos, y de dar punto final a la vida de ellos para que así traspasaran por el martirio las puertas del Cielo. Uno de ellos fue San Quintín, al que Dios amaba con predilección por su bondad y humildad, y por eso tenía los dones de la curación y de poder sacar los malos espíritus; y también el de la predicación.

Acordémonos de los Santos y hagámonos soldados de los ejércitos de salvación, para así propagar el amor de Dios por todo el mundo, de Dios que se llama Jesús y es hijo de la judía María y de Dios mismo.

Confiemos en Dios, en el que los santos confiaron; en Jesús, el Nazareno que murió y resucitó porque es Dios, Rey de Cielos y tierra.

P. Jesús

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