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Envío diario nº 4.844- Sábado 25-9-21

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Sábado 25 de Septiembre de 2.021

Tiempo ordinario 25º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Lucas 9, 43b-45

El Hijo del Hombre

Admirándose todos de cuanto hacía, dijo Él (Jesús) a sus discípulos: 44Estad atentos a lo que voy a deciros: El Hijo del hombre ha de ser entregado en poder de los hombres. 45Pero ellos no sabían lo que significaban estas palabras, que estaban para ellos veladas, de manera que no las entendieron, y temían preguntarle sobre ellas.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

El Hijo del Hombre

¿Por qué a Dios Hijo se le llama el Hijo del hombre?

Mi versión personal es la siguiente. Ahora voy a hacer un poco de teología. Escuchad:
Dios, en el principio, no tenía cuerpo humano; Dios es Dios.

Dios creó al hombre, a la persona, porque quiso y quiere que el hombre, la persona, exista, porque deseó crearla y lo hizo con el poder de su deseo, siempre en el bien y lo bueno.

El hombre fue creado por Dios porque es algo bueno, maravilloso, que el hombre exista, que la persona exista, por eso fue creada la especie humana, ¡tú!, porque es algo bueno; ¡es magnífico que tu existas! Así lo quiere Dios.

El hombre existió, Dios lo formó del barro de la tierra y con su hálito le dio vida. Él hombre vive por la vida que Dios le infundio soplando en sus narices para que la vida de Dios le diera vida, para que el soplo de Dios le diera semejanza de vida. Dios sólo sopló al hombre, Dios, con sus propias manos, lo creó del fango, del polvo, de la tierra, para que ese hálito de vida tuviera un instrumento donde vivir en la tierra, que es el cuerpo, pero el hombre es hálito, es el aire que sopló Dios en ese barro y ese barro tuvo vida, movimiento, inteligencia, amor, porque fue una creación directa de Dios.

Jesús, el Hijo del hombre, es el Hijo de Dios, porque el hombre es hijo de Dios, el hombre es cuerpo y espíritu, y el espíritu del hombre es el hálito de Dios; por Dios vive, y Jesús, que es Dios, vive por ser Dios; por el hombre muere, para redimir este fango y santificarlo, pudiendo el hombre tener un cuerpo glorioso, cuando después del juicio universal, Dios Hijo, Jesucristo, el Hijo del hombre, este hombre amado por Dios, y siendo Dios hombre, como su misma creación, da sentido a la vida de las personas, el sentido de ser hijos de Dios, ya no sólo criaturas de Dios, sino hijos de Dios, como Dios Hijo es Hijo de Dios, y siendo Dios tuvo cuerpo en la carne de la siempre Virgen María, que es la tierra virgen donde Dios se hizo hombre y se denominó el Hijo del hombre, el Hijo de la Tierra siendo Dios mismo en unidad de Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo.

Sé que me habéis comprendido, sé que lo habéis comprendido. Bendito el Espíritu Santo que da vida sobrenatural a la vida del hombre. Y fue Dios Espíritu Santo, quien, con su sombra, envolvió con ella y todo su gran Amor de Dios, a la Virgen María, y Dios Hijo entró en Ella por la voluntad de Dios Padre; y el “fiat” de la mujer más bella, y Dios Hijo, creador del mundo, ejecutor de la voluntad del Padre, de Dios Padre, tuvo cuerpo humano en la Plena de Gracia, y que por eso la llamamos bienaventurada porque nos dio al Hijo del hombre, para que el hombre, que tiene el hálito de Dios, pueda ir a Dios cuando deja el cuerpo humano por la muerte, y Dios recupera su hálito de amor con que creó al hombre, esa parte de Dios que no puede destruirse por nada ni por nadie, por eso Jesús dijo que más bien temáis a quien puede mandar al alma al Infierno eterno, porque todo lo demás es dentro del territorio de la vida terrenal, que no dura más de 120 años, y, ¿qué son estos pocos años comparados con la alegría eterna en el Amor de Dios?

El Hijo del hombre fue entregado a los hombres, y la carne lo mató, y Dios lo resucitó.

Quien quiera saber más, me siga leyendo en las meditaciones del Evangelio, del Catecismo, la Sagrada Biblia y en todo cuanto escribo, porque sé lo que digo, y sé que tú quieres saber; entonces sigue leyéndome, mi querido amigo, mi querida amiga, mi fe va en mis palabras, por eso soy sacerdote, para que tu comprendas que Dios te ama. Entiéndelo, por favor, ¡Dios te ama!

¡¡¡Dios!!!

P. Jesús

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Consejo nº 963

.-Sufre el pobre y sufre el rico, porque el sufrimiento es algo muy verídico. Por lo tanto, si no quieres sufrir, que sepas que el dinero no tiene nada que ver con el sufrimiento, sólo que cambia los dolores pero, sufrir, sufrimos todos.

P. Jesús

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San Carlos de Sezze, Franciscano

Nació en 1620 en el pueblo italiano de Sezze. Un día una bandada de aves espantó a los bueyes que Carlos dirigía cuando estaba arando, y estos arremetieron contra él con grave peligro de matarlo. Cuando sintió que iba a perecer en el accidente, prometió a Dios que si le salvaba la vida se haría religioso. Y milagrosamente quedó ileso. Pidió entonces a unos religiosos franciscanos que le ayudaran a entrar en su comunidad y ellos lo invitaron a que fuese a Roma para que hablara con el superior de la congregación. Así lo hizo junto con tres compañeros más y tras ser probados en la humildad tratándolos con mucha dureza, el superior accedió a admitirlos. 

Ante el pedido de muchas personas que le pedían incesantemente que redactase algunas normas para orar mejor y crecer en santidad, el santo publicó un folletín causándole diversas dificultades por lo que casi es expulsado de su comunidad. Humillado se arrodilló ante un crucifijo para contarle sus angustias, y oyó que Nuestro Señor le decía: «Ánimo, que estas cosas no te van a impedir entrar en el paraíso». 
La petición más frecuente del hermano Carlos a Dios era esta: «Señor, enciéndeme en amor a Ti». Y tanto la repitió que un día durante la elevación de la santa hostia en la Misa, sintió que un rayo de luz salía de la Sagrada Forma y llegaba a su corazón. Al fin los superiores se convencieron de que este sencillo religioso era un verdadero hombre de Dios y le permitieron escribir su autobiografía y publicar dos libros más, uno acerca de la oración y otro acerca de la meditación. 

El Papa Juan XXIII lo declaró santo en 1959, porque su vida es un ejemplo de que aún en los oficios más humildes y en medio de humillaciones e incomprensiones podemos llegar a un alto grado de santidad y ganarnos la gloria del cielo.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Carlos de Sezze, Franciscano

Dios dijo a San Carlos de Sezze, Franciscano, «Ánimo, que estas cosas no te van a impedir entrar en el Paraíso», y también Dios te las dice a ti, cuando te humillan los que deberían amarte, cuando te calumnian y te juzgan mal, cuando sufres y pierdes dinero y bienes, cuando estás enfermo o te hacen sufrir los errores y pecados de los demás. Dios sabe que todo eso que te dan y recibes o tienes, Dios sabe que todo eso no va a impedirte entrar en el Paraíso. Lo que te impide entrar en el Paraíso, de eso sí: duélete y con razón. De lo demás, aguanta, y si no pudieras más: morirías. Es decir, mientras vivas puedes aguantar y, si por ejemplo no puedes luchar más contra la enfermedad, ella te lleva a la muerte y por la muerte al Paraíso. Pero, lo puedes resistir todo antes que pecar. Llora, y reza. Dios te dice: «Ánimo, que estas cosas no te van a impedir entrar en el Paraíso».

P. Jesús

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