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Envío diario nº 4.141- Miércoles 23-10-19

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Miércoles 23 de Octubre de 2.019

Tiempo Ordinario /29º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Lucas 12, 39-48

No hagas mal a nadie

(Dijo Jesús a sus discípulos): 39Vosotros sabéis bien que, si el amo de casa conociera a qué hora habría de venir el ladrón, velaría y no dejaría horadar su casa. 40Estad, pues, prontos, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del hombre. 41Dijo Pedro: Señor, ¿es a nosotros a quienes dices esta parábola o a todos? 42El Señor contestó: ¿Quién es, pues, el administrador fiel, prudente, a quien pondrá el amo sobre su servidumbre para distribuirle la ración de trigo a su tiempo? 43Dichoso ese siervo a quien el amo, al llegar, le hallare haciendo así. 44En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes. 45Pero si ese siervo dijese en su corazón: Mi amo tarda en venir, y comenzase a golpear a siervos y siervas, a comer, y beber, y embriagarse, 46llegará el amo de ese siervo el día que menos lo espere y a la hora que no sabe, y le mandará azotar y le pondrá entre los infieles. 47Ese siervo que, conociendo la voluntad de su amo, no se preparó ni hizo conforme a ella, recibirá muchos azotes. 48El que, no conociéndola, hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos. A quien mucho se le da, mucho se le reclamará, y a quien mucho se le ha entregado, mucho se le pedirá.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

No hagas mal a nadie

Mientras vivas, no hagas mal a nadie, porque Dios te quiere dar entrada al Reino Celestial, y esta entrada se gana por tu fe y tu voluntad de hacer el bien, de dar lo mejor de ti como costumbre, y ser siempre así, bueno-a.

Dios recompensa a los buenos, porque son justos.

El justo sabe que Dios quiere de él, la práctica de su fe en el cumplimiento fiel de los diez mandamientos de su Ley.

No hagas mal a nadie, evita todo mal y haz siempre el bien; es lo que Dios quiere de ti.

P. Jesús
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Consejo nº 1.492

.-Lo malo es malo y hace mal.

P. Jesús

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San Juan de Capistrano

Considerado como uno de los predicadores más famosos que ha tenido la Iglesia Católica, San Juan nació en Capistrano, en la región montañosa de Italia, en 1386. Fue un estudiante sumamente consagrado a sus deberes y llegó a ser abogado, juez y gobernador de Perugia. Tras caer preso a causa de una guerra civil, el santo reflexionó sobre su actitud en la vida, dándose cuenta que en vez de dedicarse a conseguir dinero, honores y dignidades en el mundo, era mejor trabajar por conseguir la santidad y la salvación en una comunidad de religiosos, por lo que decidió ingresar a la orden franciscana.

A los 33 años fue ordenado sacerdote y luego, durante 40 años recorrió toda Europa predicando con enormes éxitos espirituales. Tuvo por maestro de predicación y por guía espiritual al gran San Bernardino de Siena, y formando grupos de seis y ocho religiosos se distribuyeron primero por toda Italia, y después por los demás países de Europa predicando la conversión y la penitencia.

Luego de su muerte, se reunió los apuntes de los estudios que hizo para preparar sus sermones, sumando 17 volúmenes. La Comunidad Franciscana lo eligió por dos veces como Vicario General, y aprovechó este altísimo cargo para tratar de reformar la vida religiosa de los franciscanos, llegando a conseguir que en toda Europa esta Orden religiosa llegara a un gran fervor, no sin antes sortear una serie de dificultades y obstáculos.

San Juan tenía mucha habilidad para la diplomacia; era sabio, prudente, y medía muy bien sus juicios y sus palabras. Había sido juez y gobernador y sabía tratar muy bien a las personas. Por eso cuatro Pontífices (Martín V, Eugenio IV, Nicolás V y Calixto III) lo emplearon como embajador en muchas y muy delicadas misiones diplomáticas y con muy buenos resultados. Tres veces le ofrecieron los Sumos Pontífices nombrarlo obispo de importantes ciudades, pero prefirió seguir siendo humilde predicador, pobre y sin títulos honoríficos.

En 1453 los turcos musulmanes se habían apoderado de Constantinopla, y se propusieron invadir a Europa para acabar con el cristianismo. Entonces San Juan se fue a Hungría y recorrió toda la nación predicando al pueblo, incitándolo a salir entusiasta en defensa de su santa religión. Las multitudes respondieron a su llamado, y pronto se formó un buen ejército de creyentes. Los musulmanes llegaron cerca de Belgrado con 200 cañones, una gran flota de barcos de guerra por el río Danubio, y 50,000 terribles jenízaros de a caballo, armados hasta los dientes. Los jefes católicos pensaron en retirarse porque eran muy inferiores en número. Pero fue aquí cuando intervino Juan de Capistrano. Jamás empleó armas materiales; por el contrario, sus armas eran la oración, la penitencia y la fuerza irresistible de su predicación.

Por un resfrío que se le agudizó, el santo falleció el 23 de octubre de 1456.

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Juan de Capistrano

Hay que defender la fe de los que van a conquistar el cuerpo, de donde vive esta alma, preciosa para Dios, en su santa misericordia; y quieren mutilarlo, y quieren derribarlo, y quieren paganizarlo.

¡Luchemos!

San Juan de Capistrano luchó con la oración, la paciencia y la fuerza irresistible de su predicación.

¡Aprendamos de los santos!

A buena hora hermanos, a buena hora, ¡luchemos! Cristo debe reinar en nuestros cuerpos, y habitar en nuestros corazones y regir nuestra alma. ¡Luchemos hermanos, luchemos!

El enemigo viene y va armado, pero nosotros luchemos con la oración, la paciencia y la fuerza irresistible de la Palabra de Dios. ¡Proclamemos el Evangelio! ¡¡Viva Dios!!

¡Luchemos con el alma, el cuerpo, y con todo nuestro corazón, rebosante por Dios y la Madre misma de Dios mismo, que tanto nos aman los dos.

¡Luchemos!

¡Ganemos en fe por el Amor!

P. Jesús

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La Biblia
Otro relato del establecimiento de los hebreos en Egipto
Génesis 47, 5b-12

5b Jacob y sus hijos llegaron a Egipto, donde estaba José; y cuando el Faraón, rey de Egipto, se enteró de la noticia, dijo a José: «Tu padre y tus hermanos vinieron a reunirse contigo.
6b El territorio de Egipto está a tu disposición: instala a tu padre y a tus hermanos en las mejores tierras».
7 José hizo venir a su padre Jacob y se lo presentó al Faraón. Jacob saludó respetuosamente al Faraón,
8 y este le preguntó: «¿Cuántos años tienes?».
9 Jacob respondió al Faraón: «Los años que se me han concedido suman ya ciento treinta. Pocos y desdichados han sido estos años de mi vida, y ni siquiera se acercan a los que fueron concedidos a mis padres».
10 Luego Jacob volvió a saludar al Faraón y salió de allí.
11 José instaló a su padre y a sus hermanos, dándoles una propiedad en Egipto, en las mejores tierras –en la región de Ramsés– como el Faraón lo había dispuesto.
12 Y también proveyó al sostenimiento de su padre, de sus hermanos, y de toda la familia de su padre, según las necesidades de cada uno.

Meditación:

Otro relato del establecimiento de los hebreos en Egipto

Según las necesidades de cada uno, esto es hacer justicia, es la justicia que agrada a Dios y la bendice, la de ayudar a cada uno según sus necesidades. Nadie es igual, nadie tiene lo mismo, nadie necesita las mismas cosas, pero todos tienen necesidad de Dios, de tener fe; por esto, el corazón humano está descontento hasta que encuentra a Dios, hasta que le permite, permite a Dios, regir su vida, obedeciendo en todo su voluntad; y su voluntad se ve en la realidad, como la vio Jacob, la de trasladarse a Egipto, por pasar hambre donde estaba, y su hijo José le hizo saber que deseaba que fueran a Egipto, que él los ayudaría en todo, y así fue. José perdonó a sus hermanos su maldad, y les ayudó, y a cada uno proveyó según sus necesidades.

A veces, Dios no permite cosas porque sabe que no las necesitas, aunque tú crees que sí, pero Dios sabe todo de ti y de todos, por esto te pido, por favor, que te fíes de Dios, que confíes en Él y en tu oración. Tú pide y deja que Dios te dé, espera en Él, y reconforta tu alma teniéndolo, teniendo a Dios en tu corazón; y las cosas te irán bien y mejor. Te lo digo, amigo, confía en Dios que tanto te ama y te amó y te amará. Él, Dios, nunca cambia, aunque tú cambies de trabajo, de residencia, de amistad.

P. Jesús

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