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Envío diario nº 4.397- Lunes 6-7-20

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Lunes 6 de Julio de 2.020

Tiempo Ordinario/14º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Mateo 9, 18-26

La fe de un padre

18Mientras (Jesús) les hablaba, llegó un jefe, y acercándosele, se postró ante Él, diciendo: Mi hija acaba de morir; pero ven, pon tu mano sobre ella y vivirá. 19Y, levantándose Jesús, le siguió con sus discípulos. 20Entonces una mujer que padecía flujo de sangre hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del vestido, 21diciendo para sí misma: Con sólo que toque su vestido seré sana. 22Jesús se volvió y, viéndola, dijo: Hija, ten confianza; tu fe te ha sanado. Y quedó sana la mujer en aquel momento. 23Cuando llegó Jesús a la casa del jefe, al ver a los flautistas y a la turba de plañideras, 24dijo: Retiraos, que la niña no está muerta: duerme. Y se reían de Él. 25Una vez que la muchedumbre fue echada fuera, entró, tomó de la mano a la niña y ésta se levantó. 26La nueva se divulgó por toda aquella tierra.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

La fe de un padre

Tu hija, tu hijo, está muerto a la fe, dejó de creer cuando alguien le dio lecciones de sexo, y desde entonces vive como muerto. ¡Qué triste es esto para un padre, para una buena madre!; luego pasaron los años y se mal casó, porque estando casado, sigue fornicando y ni respeta el sacramento matrimonial, incluso, ¡le da igual!…

Tú, padre, madre de fe, ve a la presencia de Dios, Jesús, y no escondas el pecado de tu hijo, de tu hija; y aceptando que es un pecador, una pecadora, dile a Dios que no te hace caso, que es más, te critica por tu fe y te llama retrasado y pasado de moda; tú calla y aguanta y reza, ora a Dios y dile, como este hombre importante del evangelio de hoy, dile así a Dios: “-Mi hija se acaba de morir, pero ven, pon la mano sobre ella y vivirá”. Y Él, Dios, Jesús, vendrá contigo, dentro de ti, después de confesar y comulgar, y llegará a la presencia de tu hijo, y cuando tú hables con tu hijo, con tu hija, con caridad, pero con la verdad, entonces, él, ella, verá en ti a Cristo, y sí, puede que te insulte, no te lo voy a negar, porque muchos insultaron e insultan a Dios cuando muestra la verdad, cuando dice que no se puede mirar a una mujer deseándola en su corazón, porque con eso ya se peca; y lo despreciaron también, cuando le presentaron a la mujer adúltera, y no la miró al rostro, sino que se puso a jugar con su dedo en la arena; haciendo otra cosa, daba a entender con sus obras, que no pensaba juzgarla, que no quería ni saber más de ella, que lo sabía de todos, por eso les dijo lo de la “primera piedra”, y enfadados, uno tras otro se fueron. Dios no va a nadie, ni tú puedes ir a nadie, teniendo a Dios contigo, a juzgarlo, a sentenciarlo, a asustarlo con una voz en celo, no, tú debes de ir como iba Dios, ¡con paz!, buscando tu propia salvación, negándote a pecar, resistiendo la mala tentación, como la resistió Jesús, Dios, cuando fue tentado por Satanás en el desierto. Tú, padre, madre, siempre habla claro pero con caridad; porque no es lícito hacer enfadar a nadie con el tono de tu voz o tus palabras de ira o rencor, porque muchos padres, cuando el hijo peca, se creen que el pecado lo han cometido ellos, ¡y no!, cada uno es dueño de su pecado, y Dios, Jesús, vino a llevárselos todos, todos los pecados de todos los pecadores de todos los tiempos, así que sabiendo esto, piensa bien, y verás que lo que tu hijo necesita es caridad, porque la salvación ya se la da Dios, y tú le diste la vida y el bautismo, y ahora y siempre, un buen ejemplo, y si no se lo diste, porque también eres pecador, entonces, únete de todo corazón a Dios, y sin juzgarte ni a ti ni a tu hijo, confía en el Amor, ¡en Dios!.

Cuántos van dormidos y parecen muertos, pero Dios dice: “la niña duerme”. Sí, tu hijo, tu hija, duerme en el limbo, donde parece que uno no se entera de nada y vive haciendo lo mismo que los demás, igual que todos, y pocos buscan la santidad. Tú, padre, madre, confía en Dios, y mientras pasa el tiempo de la esperanza, (que pueden ser largos años o cortos días, o semanas o meses; sólo Dios sabe cuándo), entonces coge, mientras corren los días, coge las cuentas de un rosario y ve rezando, unido a la Virgen María, para que Ella, la Madre de Dios, le suplique a su Hijo, Cristo, que te ayude con tu hijo, contigo; porque de todo lo que tú haces, tu hijo se entera, lo sabe, porque los hijos vigilan a los padres aunque estén lejos de ellos, y se acuerdan, aunque puede parecer que no, pero todos los hijos recuerdan a los padres y necesitan su amor, porque sin su amor, no tienen autoestima, por esto necesitan, o destruirte, o llegar a una reconciliación. Tú, aguanta, resiste, no pienses siquiera en la destrucción, porque tu hijo, tu hija, te necesita sano y fuerte, para seguirte, aunque diga que no, y él, ella, te seguirá, porque es lo natural, así que busca tu santidad, no sólo por ti mismo, sino por tu hijo, por tu hija, porque así se cambia el mundo, ¡desde la familia!

Tu fe será probada, padre, madre. También tu caridad.

P. Jesús
© copyright

Consejo nº 518

.-Todo lo bueno es conseguible, sólo se necesita de Dios, de oración y tiempo.

P. Jesús

© copyright

Santa María Goretti

María nació el 16 de octubre de 1890, en Corinaldo, provincia de Ancona, Italia. Hija de Luigi Goretti y Assunta Carlini, tercera de siete hijos de una familia pobre de bienes terrenales pero rica en fe y virtudes, cultivadas por medio de la oración en común, rosario todos los días y los domingos Misa y sagrada Comunión. Al día siguiente de su nacimiento fue bautizada y consagrada a la Virgen. A los seis años recibirá el sacramento de la Confirmación. 

Después del nacimiento de su cuarto hijo, Luigi Goretti, por la dura crisis económica por la que atravesaba, decidió emigrar con su familia a las grandes llanuras de los campos romanos, todavía insalubres en aquella época. Se instaló en Ferriere di Conca, poniéndose al servicio del conde Mazzoleni, es aquí donde María muestra claramente una inteligencia y una madurez precoces, donde no existía ninguna pizca de capricho, ni de desobediencia, ni de mentira. Es realmente el ángel de la familia. 

Tras un año de trabajo agotador, Luigi contrajo una enfermedad fulminante, el paludismo, que lo llevó a la muerte después de padecer diez días. Como consecuencia de la muerte de Luigi, Assunta tuvo que trabajar dejando la casa a cargo de los hermanos mayores. María lloraba a menudo la muerte de su padre, y aprovecha cualquier ocasión para arrodillarse delante de su tumba, para elevar a Dios sus plegarias para que su padre goce de la gloria divina. 
Junto a la labor de cuidar de sus hermanos menores, María seguía rezando y asistiendo a sus cursos de catecismo. Posteriormente, su madre contará que el rosario le resultaba necesario y, de hecho, lo llevaba siempre enrollado alrededor de la muñeca. Así como la contemplación del crucifijo, que fue para María una fuente donde se nutría de un intenso amor a Dios y de un profundo horror por el pecado. 

Amor intenso al Señor 

María desde muy chica anhelaba recibir la Sagrada Eucaristía. Según era costumbre en la época, debía esperar hasta los once años, pero un día le preguntó a su madre: -Mamá, ¿cuándo tomaré la Comunión?. Quiero a Jesús. -¿Cómo vas a tomarla, si no te sabes el catecismo? Además, no sabes leer, no tenemos dinero para comprarte el vestido, los zapatos y el velo, y no tenemos ni un momento libre. -¡Pues nunca podré tomar la Comunión, mamá! ¡Y yo no puedo estar sin Jesús! -Y, ¿qué quieres que haga? No puedo dejar que vayas a comulgar como una pequeña ignorante. Ante estas condiciones, María se comenzó a preparar con la ayuda de una persona del lugar, y todo el pueblo la ayuda proporcionándole ropa de comunión. De esta manera, recibió la Eucaristía el 29 de mayo de 1902. 

La comunión constante acrecienta en ella el amor por la pureza y la anima a tomar la resolución de conservar esa angélica virtud a toda costa. Un día, tras haber oído un intercambio de frases deshonestas entre un muchacho y una de sus compañeras, le dice con indignación a su madre: -Mamá, ¡qué mal habla esa niña! -Procura no tomar parte nunca en esas conversaciones. -No quiero ni pensarlo, mamá; antes que hacerlo, preferiría…Y la palabra morir queda entre sus labios. Un mes después, sucedería lo que ella sentenció. 

Pureza eterna 

Al entrar al servicio del conde Mazzoleni, Luigi Goretti se había asociado con Giovanni Serenelli y su hijo Alessandro. Las dos familias viven en apartamentos separados, pero la cocina es común. Luigi se arrepintió enseguida de aquella unión con Giovanni Serenelli, persona muy diferente de los suyos, bebedor y carente de discreción en sus palabras. 
Después de la muerte de Luigi, Assunta y sus hijos habían caído bajo el yugo despótico de los Serenelli, María, que ha comprendido la situación, se esfuerza por apoyar a su madre: -Ánimo, mamá, no tengas miedo, que ya nos hacemos mayores. Basta con que el Señor nos conceda salud. La Providencia nos ayudará. ¡Lucharemos y seguiremos luchando! 
Desde la muerte de su marido, Assunta siempre estuvó en el campo y ni siquiera tiene tiempo de ocuparse de la casa, ni de la instrucción religiosa de los más pequeños. María se encarga de todo, en la medida de lo posible. Durante las comidas, no se sienta a la mesa hasta que no ha servido a todos, y para ella sirve las sobras. Su obsequiosidad se extiende igualmente a los Serenelli. Por su parte, Giovanni, cuya esposa había fallecido en el hospital psiquiátrico de Ancona, no se preocupa para nada de su hijo Alessandro, joven robusto de diecinueve años, grosero y vicioso, al que le gusta empapelar su habitación con imágenes obscenas y leer libros indecentes. En su lecho de muerte, Luigi Goretti había presentido el peligro que la compañía de los Serenelli representaba para sus hijos, y había repetido sin cesar a su esposa: -Assunta, regresa a Corinaldo! Por desgracia Assunta está endeudada y comprometida por un contrato de arrendamiento. 

Después de tener mayor contacto con la familia Goretti, Alessandro comenzó a hacer proposiciones deshonestas a la inocente María, que en un principio no comprende. Más tarde, al adivinar las intenciones perversas del muchacho, la joven está sobre aviso y rechaza la adulación y las amenazas. Suplica a su madre que no la deje sola en casa, pero no se atreve a explicarle claramente las causas de su pánico, pues Alessandro la ha amenazado: -Si le cuentas algo a tu madre, te mato. Su único recurso es la oración. La víspera de su muerte, María pide de nuevo llorando a su madre que no la deje sola, pero, al no recibir más explicaciones, ésta lo considera un capricho y no concede ninguna importancia a aquella reiterada súplica. 

El 5 de julio, a unos cuarenta metros de la casa, están trillando las habas en la tierra. Alessandro lleva un carro arrastrado por bueyes. Lo hace girar una y otra vez sobre las habas extendidas en el suelo. Hacia las tres de la tarde, en el momento en que María se encuentra sola en casa, Alessandro dice: 
-“Assunta, ¿quiere hacer el favor de llevar un momento los bueyes por mí?” Sin sospechar nada, la mujer lo hace. María, sentada en el umbral de la cocina, remienda una camisa que Alessandro le ha entregado después de comer, mientras vigila a su hermanita Teresina, que duerme a su lado. 
-“¡María!, grita Alessandro. -¿Qué quieres? -Quiero que me sigas. -¿Para qué? -¡sígueme! 
-Si no me dices lo que quieres, no te sigo”. 
Ante semejante resistencia, el muchacho la agarra violentamente del brazo y la arrastra hasta la cocina, atrancando la puerta. La niña grita, pero el ruido no llega hasta el exterior. Al no conseguir que la víctima se someta, Alessandro la amordaza y esgrime un puñal. María se pone a temblar pero no sucumbe. Furioso, el joven intenta con violencia arrancarle la ropa, pero María se deshace de la mordaza y grita: 
-No hagas eso, que es pecado… Irás al infierno. 
Poco cuidadoso del juicio de Dios, el desgraciado levanta el arma: 
-Si no te dejas, te mato. 
Ante aquella resistencia, la atraviesa a cuchilladas. La niña se pone a gritar: 
-¡Dios mío! ¡Mamá!, y cae al suelo. 
Creyéndola muerta, el asesino tira el cuchillo y abre la puerta para huir, pero, al oírla gemir de nuevo, vuelve sobre sus pasos, recoge el arma y la traspasa otra vez de parte a parte; después, sube a encerrarse a su habitación. 
María recibió catorce heridas graves y quedó inconsciente. Al recobrar el conocimiento, llama al señor Serenelli: -¡Giovanni! Alessandro me ha matado… Venga. Casi al mismo tiempo, despertada por el ruido, Teresina lanza un grito estridente, que su madre oye. Asustada, le dice a su hijo Mariano: -Corre a buscar a María; dile que Teresina la llama. 

En aquel momento, Giovanni Serenelli sube las escaleras y, al ver el horrible espectáculo que se presenta ante sus ojos, exclama: -¡Assunta, y tú también, Mario, venid! . Mario Cimarelli, un jornalero de la granja, trepa por la escalera a toda prisa. La madre llega también: -¡Mamá!, gime María. -¡Es Alessandro, que quería hacerme daño! Llaman al médico ya los guardias, que llegan a tiempo para impedir que los vecinos, muy excitados, den muerte a Alessandro en el acto. 

Sufrimiento redentor 

Al llegar al hospital, los médicos se sorprendieron de que la niña todavía no haya sucumbido a sus heridas, pues ha sido alcanzado el pericardio, el corazón, el pulmón izquierdo, el diafragma y el intestino. Al diagnosticar que no tiene cura, llamaron al capellán. María se confiesa con toda claridad. Luego, durante dos horas, los médicos la cuidaron sin dormirla. 

María no se lamenta, y no deja de rezar y de ofrecer sus sufrimientos a la santísima Virgen, Madre de los Dolores. Su madre consiguió que le permitan permanecer a la cabecera de la cama. María aún tiene fuerzas para consolarla: -Mamá, querida mamá, ahora estoy bien… ¿Cómo están mis hermanos y hermanas? 

En un momento, María le dice a su mamá: -Mamá, dame una gota de agua. -Mi pobre María, el médico no quiere, porque sería peor para ti. Extrañada, María sigue diciendo: 
-¿Cómo es posible que no pueda beber ni una gota de agua? Luego, dirige la mirada sobre Jesús crucificado, que también había dicho ¡Tengo sed!, y entendió. 

El sacerdote también está a su lado, asistiéndola paternalmente. En el momento de darle la Sagrada Comunión, le preguntó: -María, ¿perdonas de todo corazón a tu asesino? Ella le respondió: -Sí, lo perdono por el amor de Jesús, y quiero que él también venga conmigo al paraíso. Quiero que esté a mi lado… Que Dios lo perdone, porque yo ya lo he perdonado. 

Pasando por momentos análogos por los que pasó el Señor Jesús en la Cruz, María recibió la Eucaristía y la Extremaunción, serena, tranquila, humilde en el heroísmo de su victoria. 

Después de breves momentos, se le escucha decir: “Papá”. Finalmente, María entra en la gloria inmensa de la Comunión con Dios Amor. Es el día 6 de julio de 1902, a las tres de la tarde. 

La conversión de Alessandro 

En el juicio, Alessandro, aconsejado por su abogado, confesó: -“Me gustaba. La provoqué dos veces al mal, pero no pude conseguir nada. Despechado, preparé el puñal que debía utilizar”. Por ello, fue condenado a 30 años de trabajos forzados. Aparentaba no sentir ningún remordimiento del crimen tanto así que a veces se le escuchaba gritar: 
-“¡Anímate, Serenelli, dentro de veintinueve años y seis meses serás un burgués!”. Sin embargo, unos años más tarde, Mons. Blandini, Obispo de la diócesis donde está la prisión, decide visitar al asesino para encaminarlo al arrepentimiento. -“Está perdiendo el tiempo, monseñor -afirma el carcelero-, ¡es un duro!” 

Alessandro recibió al obispo refunfuñando, pero ante el recuerdo de María, de su heroico perdón, de la bondad y de la misericordia infinitas de Dios, se deja alcanzar por la gracia. Después de salir el Prelado, llora en la soledad de la celda, ante la estupefacción de los carceleros. 
Después de tener un sueño donde se le apareció María, vestida de blanco en los jardines del paraíso, Alessandro, muy cuestionado, escribió a Mons. Blandino: “Lamento sobre todo el crimen que cometí porque soy consciente de haberle quitado la vida a una pobre niña inocente que, hasta el último momento, quiso salvar su honor, sacrificándose antes que ceder a mi criminal voluntad. Pido perdón a Dios públicamente, ya la pobre familia, por el enorme crimen que cometí. Confío obtener también yo el perdón, como tantos otros en la tierra”. Su sincero arrepentimiento y su buena conducta en el penal le devuelven la libertad cuatro años antes de la expiración de la pena. Después, ocupará el puesto de hortelano en un convento de capuchinos, mostrando una conducta ejemplar, y será admitido en la orden tercera de san Francisco. 

Gracias a su buena disposición, Alessandro fue llamado como testigo en el proceso de beatificación de María. Resultó algo muy delicado y penoso para él, pero confesó: “Debo reparación, y debo hacer todo lo que esté en mi mano para su glorificación. Toda la culpa es mía. Me dejé llevar por la brutal pasión. Ella es una santa, una verdadera mártir. Es una de las primeras en el paraíso, después de lo que tuvo que sufrir por mi causa”. 

En la Navidad de 1937, Alessandro se dirigió a Corinaldo, lugar donde Assunta Goretti se había retirado con sus hijos. Lo hace simplemente para hacer reparación y pedir perdón a la madre de su víctima. Nada más llegar ante ella, le pregunta llorando. -“Assunta, ¿puede perdonarme? -Si María te perdonó -balbucea-, ¿cómo no voy a perdonarte yo?” El mismo día de Navidad, los habitantes de Corinaldo se ven sorprendidos y emocionados al ver aproximarse a la mesa de la Eucaristía, uno junto a otro, a Alessandro y Assunta.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Santa María Goretti

Los errores cometidos, si utilizan víctimas santas como Santa María Goretti, hacen que la historia personal del fracasado en virtudes y santidad, cambie, y, de ser malo, Dios lo hace bueno y ejemplar en su arrepentimiento, como pasó con Alessandro que mató a puñaladas a Santa María Goretti porque ella preservó su virginidad y pureza ante su pasión.

Hoy día, en el año 2.009, las niñas, muchas, hablan obscenidades, y quieren probar el sexo y son ellas mismas que incitan a los jóvenes.

¡Santas! ¿Dónde están las santas de nuestro tiempo?

A Santa María Goretti, también su madre por tener el deber, al ser viuda, de trabajar, la dejaba sola; pero ella sabía ocuparse de sus hermanos y hacer sus labores y trabajos y estudiar y prepararse para unirse a Dios. ¡No hay excusa en nadie! Si María Goretti pudo y es santa, tú puedes serlo; debes serlo y, con la Gracia de Dios, lo serás si quieres. ¿Quieres?… Pues imita a Santa María Goretti y llénate del amor a Dios, y piensa en el Cielo en vez de pensar en la concupiscencia del cuerpo. Ser santa, no es conocer toda la Biblia de pe a pa, y luego olvidarla en el momento de la concupiscencia, de lo que llaman ‘necesidades del cuerpo’; ser santa, ser santo, es vivir la pureza, es sentir ganas, hambre de Dios y deseos de ir al Cielo, y hacer un buen plan para ello: Confesión, oración, comunión, apartarse de los malos ejemplos, de los malos y vivir el día completo en la oración de ese amor a Dios, que no nos permite dejar de pensar en Él, ni un momento.

La vida es corta, El Amor verdadero suave como el vino de las bodas de Caná. ¡Bébelo! Por hacer lo que Cristo te diga: ¡Sé santo! ¡Sé santa! Ingéniatelas; móntatelo como quieras y puedas, pero apártate de pecar y sálvate, porque Dios te ama y te espera, y el demonio acecha también con sus tentaciones según tu manera de ser.

Mira qué virtudes te faltan, mira en qué virtudes debes aumentar tu vigilancia y sigue tu plan: Plan de santidad. Y sé santo, sé santa. Nadie te dará nada por tu pecado y en cambio Dios te cubrirá con Su Gloria por tus virtudes. Sé virtuoso. Ama a Dios sobre todas las cosas.

P. Jesús

© copyright

d. , 53 años , de Chile. 6/15/2009

bendito sea Dios que encontre esta página. Paso a contarte que tengo una hija que está por ser mamá, ella no está casada, su amor es un hombre enfermo, tiene unas válvulas de titanio producto de un mal de marfán. El caso es que a traves de estos meses me he dado cuenta que es un ser embustero y ocupa su enfermedad para llamar la atención, además es agnostico. Es un hombre muy llevado de su idea y hay que hacer lo que el dice sino se altera, mi preocupacion es que me aleje de mi hija y de mi nieto puesto que ya me dijo que todas las decisiones de la guagua las tomarán el con mi hija, lo divertido es que no tiene un peso ya que aún es estudiante y depende financieramente de su familia al igual que mi hija. Es una situación incómoda que me afecta, pero necesito ayuda para convertirlo y para que cambie o de lo contrario que Dios lo aleje. Además necesito tu consejo para saber como actuar cuando llegue mi nieto ya que no quiero roces con el. Que Dios te ilumine una vez más

Respuesta de: María Durán de Bellido. 6/15/2009

Alma bendita. 

Tú y tu esposo; ¿qué pensáis hacer? Los hombres saben muy bien como tratar a otro hombre. Lo que diga tu esposo, eso haced. Y por otro lado reza mucho y da buenos ejemplos a tu hija y al padre de tu nieto. 

Únete a Dios en los sacramentos y ayuda en todo, sin pedir nada a cambio. Da, y la ley de la naturaleza te lo devolverá, por la Gracia de Dios y por tu bondad y oración.



Queda en paz.

 

Sección: Nueras-Yernos