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Envío diario nº 4.967- Miércoles 26-1-22

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Miércoles 26 de Enero de 2.022

Tiempo ordinario/3º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Marcos 4, 1-10.14-20

La parábola del sembrador

1De nuevo comenzó (Jesús) a enseñar junto al mar. Había en torno de Él una numerosísima muchedumbre, de manera que tuvo que subir a una barca en el mar y sentarse; y la muchedumbre estaba a lo largo del mar, en la ribera. 2Les enseñaba muchas cosas en parábolas y les decía en su enseñanza: 3Escuchad: Salió a sembrar un sembrador, 4y al sembrar, una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron. 5Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y al instante brotó, por no ser profunda la tierra; 6pero en cuanto salió el sol se marchitó, y, por no tener raíz, se secó. 7Otra parte cayó entre espinas, y, al crecer éstas, la ahogaron y no dio fruto. 8Otra cayó en tierra buena y dio fruto, que subía y crecía, dando uno treinta, otro sesenta y otro ciento. 9Y decía: El que tenga oídos para oír, que oiga.

10Cuando se quedó sólo, le preguntaban los que estaban en torno suyo con los doce acerca de las parábolas.

14El sembrador siembra la palabra. 15Unos están junto al camino, y se siembra en ellos la palabra; pero, en cuanto la oyen, viene Satanás y arrebata la palabra que en ellos se había sembrado. 16Asimismo, los que reciben la simiente en terreno pedregoso son aquellos que, al oír la palabra, la reciben desde luego con alegría,17pero no tienen raíces en sí mismos, sino que son inconstantes, y en cuanto sobreviene la adversidad y la persecución por la palabra, al instante se escandalizan. 18Otros hay para quienes la siembra cae entre espinas; éstos son los que oyen la palabra, 19pero sobrevienen los cuidados del siglo, la fascinación de las riquezas y las demás codicias, y la ahogan, quedando sin dar fruto. 20Los que reciben la siembra en tierra buena son los que oyen la palabra, la reciben y dan fruto, quién treinta, quién sesenta, quién ciento.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

La parábola del sembrador

Para tu santidad aprende la Palabra, lee el Evangelio, medita la vida de Jesús, el Dios que te ama y que debes imitar para salvarte, para ser santo.

Dios quiere tu salvación, quiere que dejes la ignorancia y te nutras de la buena semilla, de la Verdad, y que con voluntad y por tu oración, te unas a Dios mismo en los sacramentos; y vigilando tu conducta, y no la de los demás, la cambies para mejor, y des buen ejemplo a todos, a todos los que te ven y oyen hablar de ti, porque el reto que tienes, es dejar que Dios te haga bueno, mejor, perfecto, por su amor.

Comprenderás esto, pero mientras no lo hagas, mientras no comprendas que tu felicidad es tu santidad, ténte paciencia, ten paciencia de los demás, y no te quejes ni de ellos, ni de ti, ni de Dios. Porque para los santos, todo es motivo de bien, todo tiene un valor, porque, como tierra fértil, la semilla de la fe tiene que ser probada para saber si es causa de alegría de la Virgen María, que tanto ama a Dios y a ti.

Mientras no comprendas muchas cosas, no te quejes.

P. Jesús

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Consejo nº 1.089

.-Vale la pena tener fe, esperanza y caridad.

P. Jesús

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San Timoteo, Obispo y Mártir

Discípulo amado de San Pablo, desde joven se entregó al estudio de la Sagrada Escritura, y cuando San Pablo se hallaba predicando de la región de Licaonia, los cristianos le hicieron tales alabanzas de Timoteo que Pablo lo tomó como apóstol para remplazar a Bernabé. San Pablo le confió la predicación a los cristianos de Tesalónica, quienes sufrían una cruel persecución. Fue elegido obispo, según parece por especial inspiración del Espíritu Santo y cuando Pablo regresó de Roma, dejó a Timoteo al frente de la Iglesia de Efeso para acabar con los falsos maestros y ordenar sacerdotes y diáconos. Murió apedreado y apaleado en la fiesta llamada Katagogia por los paganos al manifestar su oposición a sus ceremonias.

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Timoteo, Obispo y Mártir

Matan a los santos; los santos mueren como murió san Timoteo, obispo y mártir. A pedradas mataron al santo; ¿cómo vas a “morir” tú por vivir la fe?  Ese morir del que hablo, es morir al mundanismo, con sus fiestas paganas, con sus largos etcéteras llenos gastos de dinero y energías y tiempo, innecesarios para salvarse; es más, actos y cosas que apartan de la santidad. No, no, no puedes ser santo y pagano a la vez; es imposible; repito: no puedes ser santo y pagano a la vez; entonces, elige, elige: ¿qué quieres ser? ¡Tú decides! Aunque decidas hacer lo que te dice… Sea quien sea quien te lo diga; tú decides. Decide por ti.

P. Jesús

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La Biblia
El nacimiento de Benjamín y la muerte de Raquel
Génesis 35, 16-20

Capítulo 35

16 Partieron de Betel, y cuando todavía faltaba un trecho para llegar a Efratá, a Raquel le llegó el momento de dar a luz, y tuvo un parto difícil.
17 Como daba a luz muy penosamente, la partera le dijo» «¡No temas, porque tienes otro hijo varón!».
18 Con su último aliento –porque ya se moría– lo llamó Ben Oní; pero su padre le puso el nombre de Benjamín.
19 Así murió Raquel, y fue enterrada junto al camino de Efratá, o sea, de Belén.
20 Sobre su tumba Jacob erigió un monumento, el mismo que está en esa tumba hasta el día de hoy.

Meditación:

El nacimiento de Benjamín y la muerte de Raquel

Recuerdan nuestros días a Raquel, la madre. Cerca de Belén, está aún a la vista su tumba. Madre de generaciones.

Dar a luz al hijo es, según el castigo de Dios a Eva, difícil para la mujer, pero la madre, siempre tiene un trato especial con Dios en la hora del juicio final, porque por el número de hijos, aceptando sus penas que pasó en la tierra, le desgravan muchas penas que debería sufrir en el purgatorio; las madres buenas tienen de Dios muchas bendiciones y ¡son tan felices en el Cielo Eterno, con sus hijos y su esposo!

Cuando la mujer le permite al varón ser padre, el varón es bendecido por Dios, cumpliendo su misión: trabajar para el sustento suyo y el de los suyos. La mujer ya da todo de sí, dando hijos al mundo; el hombre debe confiar en la mujer que acepta por esposa y debe compensarla de sus sufrimientos en la carne para ser madre, para que él sea padre también, para ser ambos padres: padre y madre, una unidad para el hijo.

P. Jesús

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