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Envío diario nº 4.264- Domingo 23-2-20

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Domingo 23 de Febrero de 2.020

Tiempo Ordinario/7º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Mateo 5, 38-48

El amor a los enemigos

(Dijo Jesús a sus discípulos): 38Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. 39Pero yo os digo: No me hagáis frente al malvado; al contrario, si alguno te abofetea en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40y al que quiera litigar contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto; 41y si alguno te requisara para una milla, vete con él dos. 42Da a quien te pida y no vuelvas la espalda a quien desea de ti algo prestado.

43Habéis oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo.

44Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, 45para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos, que hace salir el sol sobre malos y buenos y llueve sobre justos e injustos. 46Pues si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen esto también los publicanos? 47Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen eso también los gentiles? 48Sed, pues, perfectos, como perfecto es vuestro Padre, celestial.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

El amor a los enemigos

No sabes porqué, ni cómo ni cuándo fue, pero tienes enemigos. Unos los creaste tú con tu falta de virtudes, y otros se hicieron ellos, por su falta de virtudes. Pero lo cierto es que, sin quererlo, tienes enemigos, algunos declarados, otros escondidos, pero todos esperan que las cosas no te vayan bien, desean que fracases en todo y quieren tener ellos más méritos que tú. Desean tus aplausos y los suyos, acaparar al público, ser más que tú ante los demás.

Contra esto, puedes aceptarlo, vivirlo, soportarlo y dar bien por mal.

¿Tienes enemigos? Sí, los tienes, porque estás viviendo todo lo mismo que vivió Jesús, y Jesús tuvo enemigos, los tuvo siendo sus virtudes en grado heroico, siendo Dios y Hombre verdadero, Persona que hizo siempre el bien a todos, también a sus enemigos.

Es inevitable que tengas enemigos, pero es evitable que seas tú enemigo de otros. Tú no sientas odio hacia nadie, es más, ama a todos tus semejantes, como a ti mismo. ¡Claro que se puede! Hay que intentarlo y vivirlo y desearlo.

No quieras hacer daño a nadie y haz bien a todos, porque es bueno hacer el bien sin mirar a quien, incluso a tus enemigos.

No digas los secretos que guardan otros, porque estos secretos no son tuyos, son suyos; a ellos les pertenecen, y pagarán por ellos, si son malos, y recibirán bien, si son buenos.

Acepta tu lucha y manténte luchando siempre, porque ésta es la condición humana, luchar.

Paz.

P. Jesús
© copyright

Consejo nº 1.841

.-Un abrazo recibido en la Comunión con Cristo.

P. Jesús

© copyright

San Policarpo, Obispo y Mártir

San Policarpo fue uno de los discípulos del apóstol San Juan Evangelista. Los fieles le profesaban una gran admiración. Y entre sus discípulos tuvo a San Ireneo y a varios santos más.

San Policarpo era obispo de la ciudad de Esmirna, en Turquía, y fue a Roma a dialogar con el Papa Aniceto para ver si podían ponerse de acuerdo para unificar la fecha de fiesta de Pascua entre los cristianos de Asia y los de Europa. Y caminando por Roma se encontró con un hereje que negaba varias verdades de la religión católica. El otro le preguntó: ¿No me conoces? Y el santo le respondió: ¡Si te conozco. Tu eres un hijo de Satanás!

Cuando San Ignacio de Antioquía iba hacia Roma, encadenado para ser martirizado, San Policarpo salió a recibirlo y besó emocionado sus cadenas. Y por petición de San Ignacio escribió una carta a los cristianos del Asia, carta que según San Jerónimo, era sumamente apreciada por los antiguos cristianos.

El pueblo estaba reunido en el estadio y allá fue llevado Policarpo para ser juzgado. El gobernador le dijo: “Declare que el César es el Señor”. Policarpo respondió: “Yo sólo reconozco como mi Señor a Jesucristo, el Hijo de Dios”. Añadió el gobernador: ¿Y qué pierde con echar un poco de incienso ante el altar del César? Renuncie a su Cristo y salvará su vida. A lo cual San Policarpo dio una respuesta admirable. Dijo así: “Ochenta y seis años llevo sirviendo a Jesucristo y El nunca me ha fallado en nada. ¿Cómo le voy yo a fallar a El ahora? Yo seré siempre amigo de Cristo”.

El gobernador le grita: “Si no adora al César y sigue adorando a Cristo lo condenaré a las llamas”,. Y el santo responde: “Me amenazas con fuego que dura unos momentos y después se apaga. Yo lo que quiero es no tener que ir nunca al fuego eterno que nunca se apaga”.

En ese momento el pueblo empezó a gritar: ¡Este es el jefe de los cristianos, el que prohibe adorar a nuestros dioses. Que lo quemen! Y también los judíos pedían que lo quemaran vivo. El gobernador les hizo caso y decretó su pena de muerte, y todos aquellos enemigos de nuestra santa religión se fueron a traer leña de los hornos y talleres para encender una hoguera y quemarlo.

Hicieron un gran montón de leña y colocaron sobre él a Policarpo. Los verdugos querían amarrarlo a un palo con cadenas pero él les dijo: “Por favor: déjenme así, que el Señor me concederá valora para soportar este tormento sin tratar de alejarme de él”. Entonces lo único que hicieron fue atarle las manos por detrás.

Policarpo, elevando los ojos hacia el cielo, oró así en alta voz: “Señor Dios, Todopoderoso, Padre de Nuestro Señor Jesucristo: yo te bendigo porque me has permitido llegar a esta situación y me concedes la gracia de formar parte del grupo de tus mártires, y me das el gran honor de poder participar del cáliz de amargura que tu propio Hijo Jesús tuvo que tomar antes de llegar a su resurrección gloriosa. Concédeme la gracia de ser admitido entre el grupo de los que sacrifican su vida por Ti y haz que este sacrificio te sea totalmente agradable. Yo te alabo y te bendigo Padre Cestial por tu santísimo Hijo Jesucristo a quien sea dada la gloria junto al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos”.

“Tan pronto terminó Policarpo de rezar su oración, prendieron fuego a la leña, y entonces sucedió un milagro ante nuestros ojos y a la vista de todos los que estábamos allí presentes (sigue diciendo la carta escrita por los testigos que presenciaron su martirio): las llamas, haciendo una gran circunferencia, rodearon al cuerpo del mártir, y el cuerpo de Policarpo ya no parecía un cuerpo humano quemado sino un hermoso pan tostado, o un pedazo de oro sacado de un horno ardiente. Y todos los alrededores se llenaron de un agradabilísimo olor como de un fino incienso. Los verdugos recibieron la orden de atravesar el corazón del mártir con un lanzazo, y en ese momento vimos salir volando desde allí hacia lo alto una blanquísima paloma, y al brotar la sangre del corazón del santo, en seguida la hoguera se apagó”.

“Los judíos y paganos le pidieron al jefe de la guardia que destruyeran e hicieran desaparecer el cuerpo del mártir, y el militar lo mandó quemar, pero nosotros alcanzamos a recoger algunos de sus huesos y los veneramos como un tesoro más valioso que las más ricas joyas, y los llevamos al sitio donde nos reunimos para orar”.

El día de su martirio fue el 23 de febrero del año 155. Esta carta, escrita en el propio tiempo en que sucedió el martirio, es una narración verdaderamente hermosa y provechosa.

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Policarpo, Obispo y Mártir

La Santa Iglesia Católica da valor al cuerpo y al alma de la persona, porque cuerpo y alma son un todo para el juicio posterior de nuestras obras, en cuanto morimos y Cristo mismo nos juzga por la labor de nuestras manos, por la abundancia de amor a Dios, de caridad, en nuestros corazones.

San Policarpo, obispo y mártir; hoy que se conmemora su entrada en el Cielo, pidámosle que pida a Dios por nuestra fe y nuestras obras de amor salidas de nuestro corazón.

P. Jesús

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Domingo, 28 de agosto de 2.011

A ti, que te has enfadado con alguien que amas tanto:

Muchas veces en la vida, las circunstancias adversas que llegan de sorpresa y te invaden el corazón de dolor, miedo e impotencia, te hacen una mala pasada, porque sin callar, ¡hablas demasiado!, y das al traste con una buena amistad de tantos años.

¡Pide perdón!

Pero ocurre que, a veces, uno no pide perdón porque no se da cuenta de que debe hacerlo, porque a veces el que ofende le parece ser el ofendido, porque cuando ofendió, recibió la respuesta a su ultraje, y creó violencia con sus palabras frías y duras, como fría y dura es la circunstancia que lo llevó a dar mal por mal y ser portador e incitador de temores, de dudas, de fracasos y burlas.

El perdón tiene una cosa; cuando uno pide perdón, se libra de la mala conciencia y, si es perdonado, recibe un vaso de agua que le alivia de su dolor, el dolor de ser un pecador.

Cuando Cristo pidió que se diera un vaso de agua, también quería que ese vaso fuera el perdón dado al hermano que te lo solicita.

Ve a Misa, y dile a Dios que te has portado mal, que necesitas de una Madre buena como la suya, porque no te han enseñado bien las cosas de la vida ni las de la muerte. Y Dios, te remitirá a su Madre, que en su bondad, María, te escuchará y te ayudará a reconciliarte con esta persona que amas y, que por un golpe bajo de la vida en un día inesperado, te hizo pecar contra quien quieres tanto, y lo has ofendido, y lo has humillado, y les has dicho cosas que lo han hecho sufrir tanto, que te ha contestado, como dirían los mundanos, “como te merecías”; pero esto no es cristiano, porque el cristiano no puede dar mal por mal,  ni por bien, ya que el verdadero y fiel cristiano, siempre tiene que hacer el bien sin mirar a quien y, cuando ve a un amigo muy contrariado por algo que le han hecho o le han dicho, debe ayudarlo y consolarlo, porque nadie está preparado para recibir el mal y lo malo; la esperanza siempre está en todos, y es lo último que se pierde, y si la realidad lleva a perder las esperanzas, uno se subleva y arremete con quien tiene más cerca, y te ha tocado a ti, y Dios lo ha permitido porque quería que, en tu bondad y caridad, ayudaras a tu hermano en Cristo a sobrellevar la dura realidad.

Consolar no es fácil, es lo más difícil del cristiano, aun es más fácil evangelizar, todo y siendo tan difícil, que consolar al que sufre, por la maldad que ha recibido de improviso.

¡Sé bueno con todo el mundo! y mantente siempre sereno, con la humildad del que puede ser humillado y lo ofrece a Dios para reparación de sus muchos pecados, porque ni uno es santo, ¡sólo Dios!

Amigo-a, hermano-a en Cristo, está a punto de acabar el mes y ya entraremos en otro; la vida pasa, y seguimos siendo amigos, porque entre los dos, tú y yo, hay respeto y cariño; sé bondadoso con tu prójimo, porque cuesta poner en práctica las enseñanzas de Cristo; tiene uno-a primero, que sabérselas, para que pueda luego ponerlas en práctica, pero recuerda una clave rápida: perdona a todos, no guardes rencor, porque cada uno tiene un Juez y un Salvador. Acuérdate de ésta y pide perdón al que has ofendido por no haberte ayudado a mantenerte en paz, porque a todos cuesta la santidad.

Rezo por ti.

Con afecto sincero.

 P. Jesús

© copyright

Para quien quiera contestar a la carta, CLICAR AQUÍ, aunque el P. Jesús no podrá responder a cada uno, sí que pedirá a Dios Padre, en nombre de Jesús por esta persona y sus intenciones. EXPLICACIÓN.