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Envío diario nº 5.164- Jueves 11-8-22

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Jueves 11 de Agosto de 2.022

Tiempo ordinario/20º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Mateo 18, 21-30.32-35

Pide perdón y a la vez perdona tú a otros

21Entonces se le acercó Pedro (a Jesús) y le preguntó: Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano si peca contra mí? ¿Hasta siete veces? 22Dícele Jesús: No digo yo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 23Por esto se asemeja el reino de los cielos a un rey que quiso tomar cuentas a sus siervos. 24Al comenzar a tomarlas, se le presentó uno que le debía diez mil talentos. 25Como no tenía con qué pagar, mandó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía y saldar la deuda. 26Entonces el siervo, cayendo de hinojos, dijo: Señor, dame espera y te lo pagaré todo. 27Compadecido el señor del siervo aquel, le despidió, condonándole la deuda. 28En saliendo de allí, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, agarrándole, intentaba ahogarlo al tiempo que le decía: Paga lo que debes. 29De hinojos le suplicaba su compañero, diciendo: Concédeme un plazo y te pagaré. 30Pero él se negó, y le hizo encerrar en la prisión hasta que pagara la deuda. 32Entonces hízole llamar el señor, y le dijo: Mal siervo, te condoné yo toda la deuda porque me lo suplicaste.33¿No convenía, pues, que tuvieras tú piedad de tu compañero, como la tuve yo de ti? 34E irritado, le entregó a los torturadores hasta que pagase toda la deuda. 35Así hará con vosotros mi Padre celestial si no perdonare cada uno a su hermano de todo corazón.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

Pide perdón y a la vez perdona tú a otros

Vemos en la historia del Evangelio de hoy, que al protagonista no le costó pedir perdón, era tan grande su deuda que solamente podía ser zanjada por el perdón de su acreedor, y no teniendo más opción que ésta, pidió perdón, y pienso, que quizás lo hizo de corazón, pidió perdón de corazón, porque sabía lo que le podía esperar a él y a su familia, de no ser perdonado. Esta misma persona que pidió perdón, y creemos que lo hizo humildemente, esta misma persona, en poco tiempo, al encontrarse con un deudor suyo, cambió su corazón, lo llenó de ira y venganza y exigió de muy malas maneras, el pago que este deudor le debía; y por no poder pagarle el deudor, el personaje de nuestra historia quiso encerrarlo en la cárcel a él y a su familia; ¿es que tenía dos corazones?, ¿es que tenía dos voluntades?, ¿es que tenía dos maneras de ver la vida, una para que le perdonasen a él y otra para no perdonar él a los demás?

No puede ser esto, amigos, lo que no quieras para ti, no lo desees ni lo hagas a nadie, porque hay un Creador en el Cielo, un Dios que todo lo ve, y puede apartar su bendición de ti, por tú no bendecir a los demás; y entonces, tú, sin la bendición de Dios, puedes caer en manos de usureros, de gente sin escrúpulos ni moral que pueden hacerte mucho daño a ti y a tu familia. Ten en cuenta mis palabras, y te mando un abrazo bien sincero. ¡Ánimo, no es tarde para empezar de nuevo!

Recuerda: lo que no quieras para ti, no lo quieras ni lo des a los demás. Por favor, por caridad.

P. Jesús

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Consejo nº 1.286

.-Acabó su vida Jesús, Dios, Nuestro Señor, clavado en la Cruz; ¡es el Redentor!

P. Jesús

© copyright

Santa Clara, Virgen. Fundadora de las Clarisas

Cuando Clara tenía 18 años, San Francisco predicó en Asís los sermones cuaresmales en la Iglesia de San Jorge. Las palabras del «poverello» encendieron el corazón de la joven, quien fue a pedirle, en secreto, que la ayudase a vivir según el Evangelio. San Francisco la alentó en su deseo de dejarlo todo por Cristo. El día de Ramos de 1212, Clara asistió a la bendición de las palmas en la catedral. Todos los fieles se acercaban a recibir una rama de olivo, pero Clara se quedó en su sitio, presa de la timidez. Al ver esto, el obispo llevó la rama hasta el lugar en que se hallaba. Esa noche, Clara huyó de su casa y se dirigió al pueblo de Porciúncula, que distaba dos kilómetros de donde vivía San Francisco con su comunidad.

Ahí cambió Clara sus finos vestidos por un hábito de penitente, que consistía en una túnica de tela burda y una cuerda de cinturón. San Francisco le cortó el cabello. Como éste no había fundado un convento para religiosas, consiguió alojamiento provisional para Clara en el claustro de las benedictinas de San Pablo, cerca de Bastia. Los parientes de Clara ya habían planeado para ella un matrimonio y en cuanto supieron lo que había pasado, decidieron sacarla del convento. Se cuenta que Clara se aferró con tal fuerza al altar, que desgarró los manteles cuando la arrancaron de ahí. La joven se descubrió la cabeza para que viesen sus cabellos cortados y dijo a sus amigos que Dios la había llamado a su servicio y que ella estaba dispuesta a responder. Al poco tiempo, fue a reunirse con Clara su hermana Inés, lo cual desencadenó una nueva persecución familiar. Más tarde, San Francisco trasladó a Clara e Inés a una casa contigua a la iglesia de San Damián, en las afueras de Asís, y nombró superiora a Clara.

Al cabo de algunos años, había ya varios conventos de las clarisas en Italia, Francia y Alemania. La Beata Inés fundó una orden en Praga, donde tomó el hábito. Santa Clara y sus religiosas practicaban austeridades hasta entonces desconocidas en los conventos femeninos. No usaban calzado y dormian en el suelo, no comían carne nunca y sólo hablaban cuando era necesario o por caridad. Santa Clara imitó a la perfección el espíritu de pobreza de San Francisco. Gregorio IX acabó por conceder a las clarisas, en 1228, el «Privilegium Paupertatis» para que nadie pudiese obligarlas a tener posesiones.

Además, Santa Clara como verdadera intérprete del espíritu y tradición franciscanos, redactó por su cuenta una regla que los refleja con fidelidad y que prohibe toda forma de propiedad individual o común. Inocencio IV no aprobó esta regla sino dos días antes de la muerte de la santa.

Santa Clara murió el día de la fiesta de San Lorenzo, a los 60 años de edad, de los cuales 40 los consagró a la vida religiosa. Fue sepultada el 12 de agosto, en el cual la Iglesia celebra su fiesta. El Papa Alejandro IV la canonizó en Agnani en 1255.

FUENTE: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Santa Clara, Virgen. Fundadora de las Clarisas

Llegar a renunciar a todo por Dios, pocos lo hacen, aunque pocos son los llamados a ello, porque la vida tiene que continuar y el pan es necesario en las mesas. Pero muchos que se dicen elegidos y dicen hacer voto de pobreza, luego andan tomándose y dándose licencias. Algunos dicen hacer voto de pobreza y tienen a otras personas a su servicio que les sirven la mesa y les lavan la ropa; esta no es la pobreza de un voto a Dios, puede ser una pobreza mal entendida porque la verdadera pobreza es la de las Clarisas.

Bendita Santa Clara, mujer que realmente renunció a sus posesiones por el amor a Cristo y enseñó a las Clarisas a ser dignas de su voto. Nadie puede obligar a un voto de pobreza o castidad, pero quien lo haga, que lo cumpla porque Dios es Uno en su Divina Trinidad.

P. Jesús

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Envío diario nº 5.163- Miércoles 10-8-22

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Miércoles 10 de Agosto de 2.022

Tiempo ordinario/20º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Juan 12, 24-26

“Allí estará también mi servidor”

(Dijo Jesús a sus discípulos): 24En verdad, en verdad os digo que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedará solo; pero, si muere, llevará mucho fruto.

25El que ama su vida, la pierde; pero el que aborrece su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna. 26Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor; si alguno me sirve, mi Padre le honrará.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

“Allí estará también mi servidor”

Si tú vives según las leyes del mundo y olvidándote de cumplir la Ley de Dios, entonces es que estás en manos de la naturaleza y, como hemos dicho estos días y has comprendido perfectamente, la naturaleza está mal por el pecado de los hombres. Y esto sólo se puede parar con la virtud, y la virtud del hombre, la tuya, ¿dónde hallarla? Recuerdas que cuando la mujer que padecía flujos de sangre, tocó a Jesús, Él, Jesús, Dios, dijo que había notado que salía virtud de Él; entonces vemos que es Dios, Jesús, el único que nos puede dar la virtud que necesitamos para cerrar todas nuestras crisis, para ser lo que Dios pretendía que fuéramos al crearnos, pero al no serlo nuestros primeros padres, Adán y Eva, pecaron tentados por Satanás, y vino Dios al mundo en el cuerpo de Jesús, hijo de Dios y de la humana y Plena de Gracia: María Virgen, Inmaculada Concebida, y ¡Dios se hizo hombre! Repito, para nuestra felicidad al leerlo: ¡¡Dios se hizo hombre en Jesús!! Dios es hombre, se puso al nivel de los hombres, como tú, como ese al que no quieres perdonar, como el otro al que le tienes celos y envidia, y has calumniado y juzgado. Dios es uno de los nuestros, hermano, y sigue vivo en Cuerpo y Alma, cuando un santo sacerdote consagra la Hostia. ¡¡Ve!! ¡¡Corre!! Ve en busca de tu Virtud para acabar con el miedo y ayudarte en tus crisis, también la económica; porque si podemos, por la fe, decirle a un monte que se cambie de lugar, imagínate lo que podemos hacer con la fe, también podemos, en el nombre de Jesús, ¡tántas cosas!

Pero… ¿Ya te has confesado?, ¿y confesado bien?, pero bien, eh.

¡Ven, ven! Vamos tú y yo para el confesonario.

Sí… otra vez… ¿No quieres la ayuda de Dios?, ¿no quieres tener virtudes?, entonces, ¡para el confesonario! ¡Vamos amigo, cantando un avemaría! Que llevas tiempo leyéndome y necesitas “refrescar” la voz. ¡Cantemos!

P. Jesús

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Consejo nº 1.285

.-Te hablaré del Salvador, Dios, su nombre, Jesús.

P. Jesús

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San Lorenzo, Diácono y Mártir

Era San Lorenzo uno de los siete diáconos de la Iglesia de Roma, cargo de gran responsabilidad, ya que consistía en el cuidado de los bienes de la Iglesia y la distribución de limosnas a los pobres. El año 257, el emperador Valeriano publicó el edicto de persecución contra los cristianos y, al año siguiente, fue arrestado y decapitado el Papa san Sixto II, San Lorenzo le siguió en el martirio cuatro días después. Según las tradiciones cuando el Papa San Sixto se dirigía al sitio de la ejecución, San Lorenzo iba junto a él y lloraba. «¿A dónde vas sin tu diácono, padre mío? «, le preguntaba. El Pontífice respondió: «No pienses que te abandono, hijo mío, pues dentro de tres días me seguirás». 

San Agustín dice que el gran deseo que tenía San Lorenzo de unirse a Cristo, le hizo olvidar las exigencias de la tortura. También afirma que Dios obró muchos milagros en Roma por intercesión de San Lorenzo. Este santo ha sido, desde el siglo IV, uno de los mártires más venerados y su nombre aparece en el canon de la misa. Fue sepultado en el cementerio de Ciriaca, en Agro Verano, sobre la Vía Tiburtina. Constantino erigió la primera capilla en el sitio que ocupa actualmente la iglesia de San Lorenzo extra muros, que es la quinta basílica patriarcal de Roma.

FUENTE: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Lorenzo, Diácono y Mártir

San Lorenzo amó tanto a Dios que no le importó sufrir. Aquí tienes otro dato para los que van a ser santos: Sufren, sin importarles aceptar el dolor, que ofrecen a Dios.

Cuando veas a una persona sufrir, por lo que sabes de sus circunstancias, y esa persona continúa haciendo el bien sin mirar a quien, te lo digo: Es una persona que va para santa.

¿Serás tú?

Sí.

P. Jesús

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Envío diario nº 5.162- Martes 9-8-22

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Martes 9 de Agosto de 2.022

Tiempo ordinario/20º – Fiesta de Santa Teresa B. De la Cruz Virgen y Mártir, Patrona de Europa

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Mateo 25, 1-13

Toma tu lámpara y espera

(Dijo Jesús a sus discípulos esta parábola): 1Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que, tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. 2Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes; 3las necias, al tomar las lámparas, no tomaron consigo aceite, 4mientras que las prudentes tomaron aceite en las alcuzas juntamente con sus lámparas. 5Como el esposo tardaba, se adormilaron todas y se durmieron. 6A la medianoche se oyó un clamoreo: Ahí está el esposo; salid a su encuentro. 7Se despertaron entonces todas las vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. 8Las necias dijeron a las prudentes: Dadnos aceite del vuestro, porque se nos apagan las lámparas. 9Pero las prudentes respondieron: No, porque podría ser que no bastase para nosotras y vosotras; id más bien a la tienda y compradlo.10Pero, mientras fueron a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban prontas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta. 11Llegaron más tarde las otras vírgenes, diciendo: Señor, señor, ábrenos. 12Pero él respondió: En verdad os digo que no os conozco. 13Velad, pues que no sabéis el día ni la hora.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

Toma tu lámpara y espera

¿Cuántos son hombres y mujeres de acción?, y pocos saben prepararse y esperar.

Muchos quieren una misión para cumplir, ¡ya!

Pocos se preparan para su misión.

Esas lámparas sin aceite…

No todo es consagrarse a Dios Padre y a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo, luego hay que procurarse aceite para la lámpara, para que el Señor, cuando te necesite, te encuentre con ella encendida, porque vendrá a buscar tu ayuda en el momento menos pensado, fuera de todo pronóstico; y tú, ¿tendrás aceite?

Prepárate, porque Dios vendrá para que le ayudes con tu santidad. Eso es, eso es de lo que va realmente la consagración, de ser santo, de vivir pensando en Dios.

¿Haces tú esto?… Debes de hacerlo si eres consagrado; debes estar pendiente de observar dónde te pueden necesitar, no tienes que esperar a que alguien te lo diga, porque Dios Espíritu Santo también está en ti; ¿no eres bautizado?, pues… ¿No te has confesado?… pues… a ti es a quien Dios Espíritu Santo espera que hagas lo que has prometido al consagrarte a Dios Uno, y Trino; espera que te unas a Él, a Dios Espíritu Santo, que le reces, que busques su ayuda y consejo, porque eso se hace rezando, y Dios te contesta obrando con la Divina Providencia.

Observa, y dime, ¿a quién puedes servir en nombre de Dios? Nada de hacer nada en tu nombre, todo es hacerlo como empleado de Dios, porque el consagrado se ha empleado, ha cogido un empleo extra, para dar a Dios lo que es de Dios, dando a los demás las obras de su caridad. Y no me digas que no tienes tiempo, porque, ¿no vives?, ¿no estás con vida?, aunque estés enfermo; entonces, si vives, tienes tiempo, aprovéchalo para hacer algo más de lo que es tu deber, debes de rendir por tres, por Dios Padre, por Dios Hijo, por Dios Espíritu Santo, ¡ya ves!, ¡son tres!

Confía en Dios, que te mostrará el camino, y será, de seguro, un camino donde deberás seguirlo con tu bondad, ¡nada de pecar!, porque no puedes hacer el mal ni por el bien, y menos por el Sumo Bien. Si vas a servir a Dios, ¡que lo sepas!, todo tiene que ser bueno, hacer el bien y con bien. Eso sí, sufriendo, que esto es otra cosa, no es lo mismo hacer el bien, que sufrir viviendo. Ya te lo contaré…

P. Jesús

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Consejo nº 1.284

.-La Sagrada Familia vivió unida en esta vida. Tú puedes unirte a ellos y ser de su familia, por ser tú hijo de Dios, como Jesús, el Mesías.

P. Jesús

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Santa Edith Stein, Mártir

Edith Stein nació en Breslau, Alemania, (hoy Broklaw, Polonia) el 12 de octubre de 1891. Fue la última de 11 hermanos de una familia judía devota. Ella murió en una cámara de gas de Auschwitz el 9 de agosto de 1942. 
Fue una estudiante brillante, quien en un comienzo se incorporó a la Universidad de Breslau en 1911 y luego se trasladó a la Universidad de Göttingen para continuar sus estudios bajo la tutela del famoso fundador de la fenomenología Edmund Husserl. El filósofo escogió a Edith Stein para ser su asistente de cátedra en la Universidad de Freiburg y declaró que ella era la mejor estudiante de doctorado que nunca había tenido, incluso fue más capaz que Heidegger quien también fue su pupilo al mismo tiempo que Edith. En 1916, culminó su tesis y obtuvo el Doctorado en Filosofía con el grado de summa cum laude.

Luego de que muchos de sus amigos fueran enrolados para servir en la Primera Guerra Mundial, Edith se enroló de voluntaria junto con otras estudiantes mujeres para trabajar en hospitales militares. Así, obtuvo trabajo en hospitales de enfermedades infecciosas y cuidó caritativamente del ejército austríaco, donde campeaba la tifoidea, la disentería y el cólera. Al término de su período como voluntaria en el hospital militar obtuvo la medalla de valor en reconocimiento a su servicio generoso.

Tras retornar de la experiencia de la guerra, retomó su vida de estudiante, pero las dudas profundas, el insaciable hambre de verdad volcado a la filosofía y el testimonio de muchos cristianos comenzaron a socavar en ella su hasta entonces radical ateísmo. Los diálogos con el filósofo Max Scheller -que paradójicamente se había apartado de la Iglesia-, pero sobre todo la lectura de la vida de Santa Teresa de Jesús, terminaron completando la obra que Dios había iniciado en ella: su conversión al catolicismo. El 1 de enero de 1922 recibió el bautismo.

Por este tiempo, Edith dejó su carrera como estudiante y aceptó el puesto de profesora de Alemán en el Colegio de las Hermanas Dominicas en Speyer. Allí, trabajó por 8 años como profesora y dividía su día entre el trabajo y la oración. Era conocida por ser una benévola y servicial profesora que trabajaba duro por trasmitir su material de manera clara y sistemática y su preocupación iba más allá de trasmitir conocimientos, incluía la formación a toda la persona, pues estaba convencida que la educación era un trabajo apostólico. 
A lo largo de este período, Edith continuó sus escritos y traducciones de filosofía y asumió el compromiso de dar conferencias, que la llevó a Heidelberg, Zurich, Salzburg y otras ciudades. En el transcurso de sus conferencias, frecuentemente abordaba el papel y significado de la mujer en la vida contemporánea, hablando de temas como: «Ethos de las mujeres que trabajan», «Diferentes vocaciones de hombres y mujeres de acuerdo con Dios y la naturaleza» , «La Espiritualidad de la mujer cristiana», «Los principios fundamentales de la Educación de la mujer», «Problemas en la Educación de la Mujer», «La Iglesia, la mujer y la juventud» » y «El significado intrínseco del valor de la mujer en la vida nacional». Una lectura de sus textos revela claramente su oposición radical al feminismo y su fuerte compromiso al reconocimiento y desarrollo de la mujer, así como al valor de la madurez de la vida cristiana en la mujer como una respuesta para el mundo.

En 1931, Edith deja la escuela del convento para dedicarse a tiempo completo a la escritura y publicación de sus trabajos. En 1932, aceptó la cátedra en la Universidad de Münster, pero un año después le dijeron que debería dejar su puesto por su antecedente judío. Una caritativa universidad de administración le sugirió que trabajase en sus proyectos hasta que la situación de Alemania mejore, pero ella se negó. También recibió otra oferta de América del Sur, pero después de pensar bien la situación, Edith se convenció que había llegado el tiempo de entrar al convento. El 14 de octubre de 1933, a la edad de 42 años, Edith Stein ingresa al convento carmelita en Cologne tomando el nombre de Teresa Benedicta y reflejando su especial devoción a la pasión de Cristo y su gratitud a Teresa de Avila por su amparo espiritual.

En el convento, Edith continuó sus estudios y escritos, completando los textos de su libro «La Finitud y el Ser», su obra cumbre.

En 1938 la situación en Alemania empeoró, y el ataque de las temidas S.S. el 8 de noviembre a las sinagogas (la Kristallnacht o «Noche de los Cristales») despejó toda duda acerca del estado verdadero de los ciudadanos judíos. El convento de los priores preparó el traslado de Edith al convento de Dutch en Echt y en Año Nuevo, el 31 de diciembre de 1938, Edith Stein fue llevada a Holanda. Allá en el convento de Echt, Edith compuso 3 hermosos actos de oblación, ofreciéndolos por el pueblo judío, por el evitamiento de la guerra y por la santificación de la Familia Carmelita. Después, reorganizó su vida enseñando Latín a las postulantes y escribiendo un libro acerca de San Juan de la Cruz. 
Como la incineración y los cuartos de gas aumentaron en el Este, Edith, como miles de judíos en Holanda, empezó a recibir citaciones de la S.S. en Maastricht y del Consejero para los Judíos en Amsterdam.

Edith pidió una visa a Suiza junto con su hermana Rosa, con quien había vivido en Echt, para ser transferidas al Convento de Carmelitas de Le Paquier. La comunidad de Le Paquier informó a la Comunidad de Echt que podía aceptar a Edith pero no a Rosa.

Para Edith fue inaceptable y por eso se rehusó ir a Suiza y prefirió quedarse con su hermana Rosa en Echt. Decidida a terminar «La Ciencia de la Cruz», Edith usó todo momento para investigar, incluso hasta quedar exhausta.

En la Comunidad Holandesa de Echt, la protección de Edith Stein en contra de la persecución de los judíos fue temporal. Mientras la policía nazi que exterminaba a los judíos era rápidamente implementada cuando Holanda fue ocupada, los judíos que profesaban la fe católica fueron inicialmente dejados en paz. Sin embargo, cuando el Obispo de Netherlands redactó una carta pastoral en donde protestaban severamente en contra de la deportación de los judíos, las reglas nazis reaccionaron ordenando la exterminación de los bautizados judíos.

Por esa razón, el domingo 2 de agosto a las 5 p.m., después de que Edith Stein había pasado su día como siempre, rezando y trabajando en su interminable manuscrito de su libro sobre San Juan de la Cruz, los oficiales de la S.S. fueron al convento y se la llevaron junto con Rosa. Asustada por la multitud y por no poder hacer nada ante la situación, Rosa se empezó a desorientar. Un testigo relató que Edith tomó de la mano a Rosa y le dijo tranquilamente: «Ven Rosa, vamos a ir por nuestra gente». Juntas caminaron hacia la esquina y entraron en el camión de la policía que las esperaba. 
Hay muchos testigos que cuentan del comportamiento de Edith durante esos días de prisión en Amersfoort y Westerbork, el campamento central de detención en el norte de Holanda; cuentan de su silencio, su calma, su compostura, su autocontrol, su consuelo para otras mujeres, su cuidado para con los más pequeños, lavándolos y cepillando sus cabellos y cuidando de que estén alimentados.

En medio de la noche, antes del amanecer del 7 de agosto de 1942, los prisioneros de Westerbork, incluyendo a Edith Stein, fueron llevados a los trenes y deportados a Auschwitz. En 1950, la Gazette Holandesa publicó la lista oficial con los nombres de los judíos que fueron deportados de Holanda el 7 de agosto de 1942. No hubo sobrevivientes. He aquí lo que decía lacónicamente la lista de los deportados: Número 44070: Edith Theresa Hedwig Stein, Nacida en Breslau el 12 de Octubre de 1891, Muerta el 9 de Agosto de 1942.

FUENTE: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Santa Edith Stein, Mártir

Santa Edith Stein, Judía-Católica y Mártir, supo hallar al Dios verdadero, al Mesías Salvador y Redentor, en el Cuerpo y la Sangre de Jesús, el Hijo de María, otra judía y católica también; la Madre de Dios.

Al estar unida a Dios, tanto espiritualmente como físicamente, y con la voluntad puesta en su libertad e inteligencia, esta gran santa nos muestra con toda su vida que se puede hallar el Camino y la Verdad, y eso le ocurrió a Santa Edith Stein, que halló a Dios y fué a comerlo en el Pan de la Eucaristía, y Dios la asistió en todo momento, colmándola de goces espirituales, intelectuales y dándole una bondad sin igual. Por eso es santa, porque dejó que Dios la amara para siempre.

Deja que Dios te ame, enséñale el camino a tu corazón; déjale entrar por tu boca, comiendo el Pan de la Eucaristía, y Dios mismo, Jesús, te saciará con su Divinidad.

P. Jesús

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 PRIMERA PARTE LA PROFESIÓN DE LA FE
– PRIMERA SECCIÓN «CREO»-«CREEMOS»
– 
CAPITULO TERCERO, LA RESPUESTA DEL HOMBRE A DIOS 

Artículo 2: «Creemos» 

II. «El lenguaje de la fe»

170 No creemos en las fórmulas, sino en las realidades que estas expresan y que la fe nos permite «tocar». «El acto [de fe] del creyente no se detiene en el enunciado, sino en la realidad [enunciada]» (Santo Tomás de Aquino, S.Th., 2-2, q.1, a. 2, ad 2). Sin embargo, nos acercamos a estas realidades con la ayuda de las formulaciones de la fe. Estas permiten expresar y transmitir la fe, celebrarla en comunidad, asimilarla y vivir de ella cada vez más.

Meditación:

Artículo 2: «Creemos» 

II. «El lenguaje de la fe»

El acto de fe de un creyente, es la conducta de su vida, son sus palabras y obras, es esa paz que Dios dejó a sus discípulos al subir al Cielo.

P. Jesús

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