Saltar al contenido

Envío diario

Misas en directo

LA SANTA MISA POR INTERNET

El Papa desde Santa Marta

Misa a diario en directo – 7:00 horas (HORA DE ESPAÑA)
YouTube de Vatican News en español
COPE y cope.es
TRECE y trece.es

Padre Salvador Juanola

Misa a diario en directo – 12:00 horas en Catalán (HORA DE ESPAÑA)
Misa a diario en directo – 19:30 horas en Español (HORA DE ESPAÑA)
Hora Santa / Adoración al Santísimo a diario en directo – 21:15 horas (HORA DE ESPAÑA)
YouTube
Facebook

Sagrat Cor de Girona

Misa a diario en directo
YouTube
Facebook

Web católico de Javier
http://webcatolicodejavier.org/misaonline.html

La Santa Misa por radio, televisión…
https://carfundacion.org/santa-misa-online/

 

Envío diario nº 4.676- Domingo 11-4-21

¿Quieres recibir el Evangelio diario GRATIS? Suscríbete AQUÍ

Domingo 11 de Abril de 2.021

Tiempo Pascual 2º – Octava de Pascua -Domingo de la Divina Misericordia

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Juan 20, 19-31

Jesús, se presentó en medio de ellos

19La tarde del primer día de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se hallaban reunidos los discípulos por temor de los judíos, vino Jesús y, puesto en medio de ellos, les dijo: La paz sea con vosotros. 20Y diciendo esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron viendo al Señor. 21Díjoles otra vez: La paz sea con vosotros. Como me envió mi Padre, así os envío yo. 22Diciendo esto, sopló y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; 23a quienes perdonareis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retuviereis, les serán retenidos. 24Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Dijéronle, pues, los otros discípulos: Hemos visto al Señor. 25Él les dijo: Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos y mi mano en su costado, no creeré.

26Pasados ocho días, otra vez estaban dentro los discípulos y Tomás con ellos. Vino Jesús cerradas las puertas y, puesto en medio de ellos, dijo: La paz sea con vosotros. 27Luego dijo a Tomás: Alarga acá tu dedo y mira mis manos, y tiende tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel. 28Respondió Tomás y dijo: ¡Señor mío y Dios mío! 29Jesús le dijo: Porque me has visto has creído; dichosos los que sin ver creyeron.

30Muchas otras señales hizo Jesús en presencia de los discípulos que no están escritas en este libro; 31y éstas fueron escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

Jesús, se presentó en medio de ellos

Dios no abandona a los suyos, ¡está en la Iglesia!, ve a buscarlo. Lo hallarás, primero, confesándote, y después, en la Comunión.

Jesús se presentará dentro de ti en la Comunión, y te orientará para que tengas una vida mejor, ¡la vida de la santidad!

No temas a la presencia de Dios, ¡deséala!, no hay mejor compañía que la de Jesús en la Santa Eucaristía.

¡Ánimo!, ve a Dios.

Acude a la Santa Misa, ¿por qué no?

Dios te ama y te espera, ¡vé!

P. Jesús

© copyright

Consejo nº 795

.-Demasiadas veces, el pecador arrepentido no encuentra una mano que lo saque del pozo.

P. Jesús

© copyright

Santa Gemma Galgani

Santa Gemma nació el 12 de marzo de 1878 en el pueblo de Borgonovo de Capannori, Italia. Tuvo como padre a Enrique Galgani y Aurelia Landi, quienes tuvieron 8 hijos -Carlos, Guido, Héctor, Gemma, Gino, Antonio, Angelina y Julita-. De ellos, Gemma fue la cuarta en nacer y la primera niña de la familia.

Al día siguiente, Gemma fue bautizada por el Padre Pedro Quilici, Párroco de San Miguel, bajo los nombres de Gemma Hipólita Pía. Luego de un mes, toda la familia se mudó a Lucca, donde vivió el resto de su vida.

Desde muy niña Gemma mostró signos de santidad. Cuando tenía cuatro años, estaba de visita en la casa de su abuelita, cuando un día, ésta al entrar en su cuarto, la encontró de rodillas frente a una imagen de la Virgen. La abuela corrió a llamar al tío, quien la contempló por largos minutos; luego le dijo: «¡Gemmita! ¿Que estas haciendo?. La niña, sin inmutarse, contestó: «Estoy rezando el Ave María. Salid que estoy en oración». Desde esta tierna edad, la oración era ya para ella el sostén de su vida y de sus virtudes.

Nos podríamos preguntar: ¿Quién enseñó a Gemma a amar a Jesús y a María?. Su primera y gran maestra en la escuela del amor a Jesús fue su madre, Doña Aurelia, quien inculcó en el corazón de su hija lo que sería el distintivo especial de toda su vida: Su amor a Cristo Crucificado, del que llegaría a ser como imagen viva, y a la Santísima Virgen, que hizo su santidad tan dulce y atrayente.

Al hablar sobre su infancia, Santa Gemma señaló: «De lo primero que me acuerdo es que mi mamá, cuando yo era pequeñita, acostumbraba a tomarme a menudo en brazos y, llorando…me enseñaba un crucifijo y me decía que había muerto en la Cruz por los hombres»

Había también, entre ellas, diálogos como este: «Hija mía -me decía mamá- yo moriré pronto y tendré que dejarte. Si pudiera te llevaría conmigo. ¿Te gustaría venir?».

-«¿Y a dónde vamos?», le preguntaba yo. 
-«Al Paraíso con Jesús y con los ángeles.»

A los siete años de edad, el 26 de Marzo de 1885, Gemma recibió la Confirmación por medio de Mons. Nicolás Ghilardi, Arzobispo de Lucca. Durante la Ceremonia se desarrolló entre el Espíritu Santo y Gemma este diálogo: 
-De repente, una voz me dijo al corazón: -«¿Quieres darme a tu mamá?» 
-«Sí», respondí, «pero llévame también a mí». 
-«No», me replicó la voz, «dame generosamente a tu mamá. Tu debes quedar por ahora con papá. Llevaré a tu mamá al cielo, ¿sabes?,¿Me la entregas de buena gana?». 
-Tuve que decir que sí. Acabada la misa fui corriendo a casa. ¡Dios mío! Miraba a mamá y lloraba, no podía contenerme. 

Mi madre Santa María

Al morir su mamá, Gemma indicó: «Al perder a mi madre terrena me entregué a la Madre del cielo. Postrada ante su imagen, le dije: «¡María!, ya no tengo madre en la tierra; se tú desde el cielo mi Madre». Y también expresó: «¡Oh, cuántas veces -dice la santa- depositando en mi Mamá del cielo las angustias y penalidades de mi corazón afligido, ella me consolaba! Sí; yo recuerdo que hallándome en las mayores angustias, huérfana de madre en la tierra, me tendió cariñosamente los brazos la Madre del cielo». 

Primera Comunión

Para Santa Gemma, la Eucaristía era el centro de su vida. Este deseo de recibir a Jesús en la Sagrada Hostia iba en aumento mientras pasaban los años. Si bien era cierto que ya estaba Confirmada, no podía recibir la Primera Comunión ya que no tenía la edad requerida en ese momento para recibir el Sacramento. Santa Gemma tenía 9 años.

Fue su confesor, el Obispo de Lucca, Monseñor Volpi, quien conociendo el anhelo tan grande de su corazón, le dijo a su padre que si no le daba el permiso para recibir la Comunión, Gemma moriría de dolor.

Fue así que Don Enrique dio el permiso para que las religiosas del Colegio de Santa Zita, donde Gemma asistía, la preparasen para recibir este Sacramento. Inmediatamente comenzó un retiro de 15 días con las demás niñas del colegio. Dice Santa Gemma: «Apenas me vi en el convento rebosaba de felicidad. Corrí a la capilla a dar gracias a Jesús y le pedí con gran fervor la gracia de prepararme bien para la primera comunión».

Hizo confesión general tres veces sucesivas con Monseñor Volpi, quien sería su confesor ordinario.

Llegó, por fin, el día tan anhelado, 17 de Junio 1887, fiesta del Sagrado Corazón. Las vivencias de Santa Gemma solo ella las puede explicar: «me siento incapaz de describir la experiencia de aquel encuentro. En ese momento comprendí que las delicias del cielo no son como las de la tierra. Hubiera anhelado no interrumpir nunca aquella unión con mi Dios. Me sentía cada vez más desprendida del mundo y más dispuesta para la unión con el Señor. Aquella misma mañana Jesús despertó en mi un gran deseo de ser religiosa».

A raíz de la primera comunión se afianza la vocación de Gemma. Ella misma lo afirma: «sentía desarrollarse en mí un ardiente anhelo de padecer y de ayudar a Jesús a sobrellevar la Cruz».

Más adelante, fallece su papá, situación dolorosa que produce la separación de los hermanos. Héctor emigra al Brasil, donde muere. Guido abandona la práctica religiosa e interrumpe sus estudios de farmacia en Pisa, que más tarde concluye. Julia y Angelina se quedan con las tías Elena y Elisa. Gemma y Antonio se refugian en Camaiore con los tíos Carolina Galgani y Domingo Lencioni.

Gemma poco a poco se fue alejando del Señor, aunque Él nunca la dejo de proteger y librar de pecados graves. Esta crisis se da hasta cuando tenía 20 años, en este momento Jesús permite una enfermedad grave para que Gemma retorne a Él con todo su corazón y nunca más se distraiga con las cosas del mundo. Ella cuenta: «De repente comencé a andar jorobada y a sentir dolores de riñón. Resistí durante algún tiempo, pero como la cosa iba peor, pedí permiso a la tía para regresar a Lucca».

Al continuar el dolor, el médico la atendió y diagnóstico osteítis en las vértebras lumbares con sucesivo absceso frío en los ingüinales. Se quedó paralítica de ambas piernas. El 28 de Enero de 1899 le sobreviene un dolor insoportable en la cabeza, fruto de una otitis media purulenta aguda con participación del mastoide. Los médicos, viendo que los remedios no producían mejoría y que la enfermedad avanzaba, la desahuciaron; solo por cumplimiento acuden de cuando en cuando a verla. 

El 8 de Diciembre, Fiesta de la Inmaculada, Santa Gemma, indicó: «le dije a Jesús que no rezaría más si no me curaba. Y le pregunté qué pretendía teniéndome así. El ángel de la guarda me respondió: -Si Jesús te aflige en el cuerpo es para purificarte cada vez más en el espíritu». 

San Gabriel de la Dolorosa

Su antigua profesora, sor Julia Sestini, le contó la biografía de un joven pasionista, llamado Gabriel de la Dolorosa. Una señora piadosa, Cecilia Giannini, acudió a practicar una obra de misericordia con Gemma; un día la visitó, y para que se distrajera le prestó la biografía de Gabriel de la Dolorosa, escrita por un desconocido P. Germán de San Estanislao, C.P. ¡Cómo son las cosas del Señor! Estas dos personas serían para Santa Gemma, en los últimos años de su vida dos grandes regalos de Dios. Doña Cecilia sería la que cuidaría de ella, y estaría al tanto de sus éxtasis y experiencias místicas y el P. Germán sería el director espiritual que el mismo Señor le enviaría para que guiara su alma y para confirmar luego la autenticidad de su vida.

Dice Santa Gemma: «Tomé el libro con desprecio y lo puse debajo de la almohada… Un día estaba sola. Serían como las doce. Me sobrevino una fuerte tentación, y me decía para mí que estaba aburrida de todo. El demonio se valió de esto para tentarme, diciéndome que si le hacía caso me curaría. Estuve a punto de sucumbir. Pero de repente me vino una idea; recurrí al Venerable Gabriel y le dije: Primero el alma, después el cuerpo».

Superada esta tentación, comenzó a leer el libro de la vida del Venerable Gabriel y queda maravillada. No se cansa de admirar sus virtudes. Cuando doña Cecilia volvió para recoger su libro le costó mucho a Gemma devolvérselo. Aquella misma noche, «se me apareció (Gabriel) vestido de blanco. No lo reconocí….se quitó la túnica blanca y se apareció vestido de pasionista.»

Me dijo: «Ya ves qué agradable ha sido tu sacrificio. He venido yo mismo a verte. Procura ser buena y volveré.»

En otra ocasión se le apareció de nuevo el Ven. Gabriel y esta vez le dijo que hiciese un voto de hacerse religiosa, pero que no añadiera nada más.

«¿Y por qué?»-le pregunté.

«Me sonrió y me miró. Me puso el escudo pasionista y repitió: ‘Hermana mía…’, y desapareció.» 

La curación

Su salud empeoraba, y le sugirieron que le pidiera a la Beata Margarita María por el milagro de su sanación. Ella inició la novena al Sagrado Corazón varias veces pero su debilidad no le permitía continuarla. El día 23 de Febrero 1899, recomienza en serio la novena, y en la noche del día 1 al 2 de Marzo ocurre esto: Faltando algunos minutos para la media noche, Gemma escuchó el rozar de las cuentas de un rosario y sintió una mano que se le posó en la frente, la voz que escuchaba rezar le preguntó:

-¿Quieres curarte?. 
-«Todo me da igual», le respondí. 
-Te curarás. Ruega con fervor al Sagrado Corazón… 
-«¿Y a la Beata Margarita?», pregunté. 
-«Añade en su honor tres veces el ‘Gloria'». (La Beata Margarita es hoy Santa Margarita María)

«En el penúltimo día de la Novena quería recibir la Comunión, ya que terminaba en Primer Viernes del mes de marzo. Comulgué muy temprano. ¡Que momentos tan deliciosos pasé con Jesús! El me repetía:- ‘¿Quieres curarte?’. No pude contestar por la emoción. ¡Pobre Jesús! La gracia había sido concedida. ¡Estaba curada!».

Al amanecer del 2 de marzo se levantó con sus propios pies y toda la familia al verla lloraba de alegría ante aquel milagro de Dios. Este milagro es la antesala de otras grandes gracias que Santa Gema recibiría durante su vida. Su amor por Cristo crucificado y su anhelo de ser solo para Jesús la llevarían a cada vez más a ofrecerse al Señor como víctima de amor. 

Los estigmas

El 8 de Junio 1899, Víspera de la Fiesta del Sagrado Corazón, luego de haber sido rechazada en varias comunidades religiosas a causa de su frágil salud, Jesús la eleva en este día a la categoría de «Víctima». Al respecto, Santa Gema cuenta: «Después de la Comunión, Jesús me avisó de que por la tarde me haría una gracia grandísima. Se lo dije a Monseñor Volpi, y este me dijo que estuviese atenta y que se lo contara luego. Llegó la tarde. De repente me asaltó un fuerte dolor de mis pecados. Después me sentí recogida… Al recogimiento sucedió la pérdida de los sentidos y me hallé en presencia de mi Madre Celestial y del ángel de la guarda, que me mandó hacer un acto de contrición. Después mi Madre me dijo: -«Hijita, en nombre de Jesús te sean perdonados tus pecados. Mi Hijo te ama mucho y quiere hacerte una gracia muy grande. Sabrás hacerte digna de ella… Yo seré tu Madre. Sabrás mostrarte verdadera hija.» Me cubrió con su manto, y en ese instante apareció Jesús. De sus llagas no salía sangre sino llamas de fuego, que vinieron a cerbarse en mis manos, pies y costado. Creía morir y habría caído al suelo si mi Madre no me hubiera sostenido. Permanecí así varias horas. Después mi Madre me besó en la frente, desapareció y me hallé de rodillas. Seguía sintiendo un dolor fuerte en las manos, pies y costado. Me levanté para acostarme, pero noté que de estas partes manaba sangre…»

Santa Gema, la víctima de Jesús, comienza a «suplir en su carne lo que le falta a la Pasión de Cristo». Este hermoso regalo se repetirá en las tardes del jueves al viernes, todas las semanas. Para disimular las llagas usa guantes. 

Su Confesor

Conversando con la señora Cecilia Gianni, Gema oye hablar del P. Germán de San Estanislao, le pide a Jesús que se lo muestre y el Señor lo hace en un éxtasis y le dice que este es el sacerdote que guiará su alma. Efectivamente el P. Germán se convierte en el confesor y director extraordinario de Gema, quien es testigo de las obras de Dios en su alma.

Muchos fenómenos relacionados con la Pasión se dieron en la vida de Santa Gema; además de las estigmas, tuvo sudor y lágrimas de sangre. Se la vio padeciendo la flagelación. Recibió un regalo que apreció con todo su corazón. Su ángel de la guarda un día le mostró dos coronas y le pidió que escogiese la que ella quisiera, y ella escogió «la de Jesús». 

Su Ángel de la Guarda

Santa Gema tenía una relación muy particular con su ángel de la guarda, que siempre le acompañaba y le protegía, e incluso muchas veces le servía de «cartero», llevando sus cartas al P. Germán. Se asegura que también tenía el don de leer los corazones y que en varias ocasiones le dijo a varios religiosos que abandonarían la religión, cosa que sucedió mas tarde, confirmando este don de su corazón.

Hay una anécdota muy preciosa que le sucedió a Santa Gema en la casa Giannini. En el comedor de la casa hay un crucifijo grande al que toda la familia tenía gran devoción. También Gema en muchas ocasiones le hacía pequeñas «visitas», orando frente el. Un día, al tiempo que Gema preparaba la mesa, alzó los ojos hacia su Jesús y le dijo que tenía hambre y sed de El. Siente ansias de dar un beso a la imagen, pero no alcanza porque estaba alta. Jesús le sale al encuentro. Desprendiendo un brazo de la cruz, la atrae, la abraza muy estrechamente, permitiéndole apagar su sed en la fuente viva de su costado abierto. 

El combate contra el enemigo
Jesús dijo cierto día a Gema: «Prepárate, pues el demonio será quien dé la última mano a la obra que en ti deseo ejecutar». Y estas palabras del Señor se cumplieron al pie de la letra. El demonio detestaba a Gema; le daba golpes, la tentaba contra la pureza con pensamientos e imágenes sugestivas y grotescas; trataba de impedir que comulgase e incluso llegó a aparecérsele bajo la apariencia del mismo Jesús.

Por todos los medios trataba de privarla de dirección espiritual, insinuándole cosas malas acerca de sus confesores, o haciéndose pasar por ellos. Era una guerra constante y continua que duró hasta su misma muerte. Era de esperar esta guerra de parte del demonio ya que serían muchas las almas que se beneficiarían de los sufrimientos y oraciones de Santa Gema, y mas aún, ella solo quería conformarse con la voluntad de Dios para su vida. Esto hacía que el demonio se revolcara de rabia, porque no podía vencerla.

Tanta era la rabia que sentía hacia la pureza de Santa Gema que un día la tentó visiblemente, de tal modo que, no pudiendo huir de él, hizo la señal de la Cruz y se arrojó en un pozo de agua helada en el jardín. Su ángel la sacó y la felicitó por su gran amor a la pureza, por su valentía y por su triunfo.

En otra ocasión, cuando la santa, por orden del P. Germán, escribía su vida: «dándose cuenta el demonio del fruto que podía hacer (el libro de su vida), se lo robó gritando: ‘¡Guerra, guerra a tu Padre!, tu escrito está en mis manos’; y se relamía y se revolcaba en el suelo de la satisfacción.»

El P. Germán, enterado por una carta de Gema, se fue al sepulcro de San Gabriel de la Dolorosa y allí, leyó los exorcismos, ordenando al demonio que volviese el manuscrito a su lugar. El demonio lo devolvió todo chamuscado, aunque perfectamente legible, como se conserva todavía hoy en el Convento de los Pasionistas de Roma, produciendo honda impresión en cuantos lo ven.

Escribe la santa: «El demonio me hace sufrir mucho, pero siempre terminan por vencerle Jesús y María, o bien el Ángel o San Pablo de la Cruz o el hermano Gabriel; siempre son estos tres.»

«¡Si viera cómo escapa tan luego como se presenta alguno de ellos!..»

Más adelante, al despedirse por última vez del Padre Germán, el demonio no reconoció límites su bestialidad durante siete largos meses. Perturbaba su imaginación con horribles fantasmas con el fin de producirle estados de ansiedad, tristeza, amargura y temor, que la indujeran a la desesperación. Le decía muchas veces: «Ahí tienes lo que has conseguido con tus fatigas en el servicio de Dios»; y le presentaba tales figuras contra la pureza, que escribió al P. Germán: «Padre mío, pídale a Jesús que me cambie esta cruz por cualquier otra. Haga desde ahí los exorcismos para que este perverso se vaya, o mande a su ángel para que lo ahuyente».

Viendo que con tentaciones no podía vencerla, empezó a maltratarla con los golpes más brutales y en forma de bestias feroces, que amenazaban despedazarla. Dirigiéndose entonces a María Santísima, le decía: «Madre mía; me encuentro bajo el poder del demonio que quiere arrancarme de las manos de Jesús. Ruéguele por mí. ¡Viva Jesús!».

Jesús y María, complacidos al ver como luchaba, le enviaban a San Pablo de la Cruz o a San Gabriel para animarla. El mismo Jesús le dijo: «Hija mía; humíllate bajo mi mano poderosa y lucha, que tu lucha te conducirá a la victoria». 

Entrega su vida por un pecador

Le escribía al P. Germán: «Usted siempre me recomienda paz. Gracias a Dios la tengo siempre, aunque a veces en lo exterior parezca seria. Y tendré mayor aún, cuando se convierta mi pecador».

Este pecador al que se refiere la santa, era un sacerdote que había dejado el sacerdocio hacía ya doce años y daba mucho escándalo con su vida, haciendo que muchos se perdieran. Santa Gema viendo que los sacrificios que ofrecía no eran suficientes, pidió permiso a su director, para ofrecerle al Señor la mitad de su vida por su conversión; el padre dijo que sí y Jesús aceptó el intercambio.

Este sacerdote se convertiría dos días antes de la muerte de Gema, dándole a ella un gran consuelo, exactamente en el plazo que ella había ofrecido al Señor. (Pasados los doce años que aquel sacerdote andaba descarriado; doce años y medio es la mitad de la vida de Santa Gema quien morirá en sus 25 años). 

El tránsito hacia el Padre Celestial
Gema había pedido a Jesús morir crucificada con El, y crucificada moriría. Como a las diez de la mañana doña Cecilia pensaba retirarse un poco y Gema le dijo: «No me dejes, mamá, mientras no esté clavada en la cruz, pues Jesús me ha dicho que tengo que morir crucificada como El». Momentos después entró en éxtasis profundo, extendió un poco sus brazos y, en esta posición permaneció hasta mediodía. Su semblante era mezcla de amor y dolor, de calma y desolación…¡Agonizaba, como Jesús en la Cruz! Los presentes la contemplaban atónitos.

Era Viernes Santo, 10 de Abril de 1903.

A las ocho de la mañana del sábado, se le administró la Extremaunción (hoy día se le llama Unción de los Enfermos), a cuyo rito sagrado contestó con pleno conocimiento. A doña Cecilia que le habló del P. Germán le dijo: «Ya he ofrecido a Dios el sacrificio de todo y de todos, para prepararme a morir».

Tomó entonces el crucifijo en las manos y exclamó: «¡Jesús!…¡En tus manos encomiendo mi pobre alma!»; y volviéndose a la imagen de María, añadió: «¡Mamá mía!, recomienda a Jesús mi pobre alma…Dile que tenga misericordia de mí».

De repente toda señal de agonía desapareció, y una sonrisa de cielo se dibujó en sus labios. Dos lágrimas corrieron de sus ojos. El párroco, que estaba presente exclamó: «Jamás he presenciado muerte semejante». Y él mismo puso sobre el pecho de Gema el escudo pasionista que llevó al sepulcro.

Muere Santa Gema a la 1:45 p.m. del Sábado Santo, 11 de Abril de 1903.

La profecía de Santa Gema se cumplió. Los pasionistas la rechazaron en vida, pero después de su muerte la tomaron para sí. El Señor que había acrisolado su corazón con el sufrimiento, también había pedido de ella el sacrificio de no entrar en ninguna orden religiosa y ella lo aceptó y lo ofreció al Señor, como todo lo demás.

Era necesaria una prueba irrefutable que revelara las intimidades del corazón de aquella criatura que había amado ardientemente a Jesús.

La prueba se tuvo cuando al fin, y Dios sabe con qué sacrificios, llegó el P. Germán a Lucca.

Ya habían pasado 14 días de la muerte de Santa Gema. El Padre anhelaba volver a ver aquel rostro lleno de dulzura. Pero quería sobre todo verificar los misterios de aquel corazón virginal cuyos secretos en vida nadie mejor que él había profundizado… «El 24 de Abril se procedió a exhumarlo. Se abrió el cuerpo y se extrajo el corazón, que apareció fresco, lozano, flexible, rubicundo, humedecido de sangre, igual que si estuviera vivo. Los especialistas que practicaban la autopsia quedaron maravillados. Estaba bastante achatado y dilatado por ambos lados, apareciendo como más ancho que alto. Al abrirlo fluyó enseguida la sangre, bañando el mármol donde se realizaba la intervención». Aquella que en muchas ocasiones le había pedido al Señor que le ensanchara el corazón para poder amarlo más, recibió esta gracia que tanto pedía. Su corazón se conserva en el convento Pasionista de Madrid.

El proceso para la canonización se abrió el 3 de Octubre de 1907, cuatro años después de su muerte; el Papa Benedicto XV dispensó el proceso de «fama de santidad», porque era conocida ya en todo el mundo. 

Gema fue Beatificada el 14 de Mayo de 1933, Año Santo del XIX Centenario de la Redención; la Beatificó el Papa Pío XI.

Gema fue Canonizada el 2 de Mayo de 1940 (día de la Ascensión del Señor), por el Papa Pío XII, que dijo: «Santa Gema será la piedra preciosa de nuestro Pontificado».

Los grandes amores de Santa Gema, durante toda su vida fueron Jesús Crucificado, la Virgen María, la Eucaristía y la sed de conversión de las almas. Para ellos vivió toda su vida y por ellos murió como víctima de amor.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Santa Gemma Galgani

Esposa fiel de Jesús, es Santa Gemma Galgani, que participó de los estigmas de su Esposo por Amor al vínculo esponsal con la Divinidad, Un sólo Dios.

P. Jesús

© copyright

Domingo, 8 de septiembre de 2.013

A ti, que tienes demasiado interés por el dinero que no tienes:

Suele ocurrir, que el que no tiene dinero, ¡lo quiere!, y lo quiere, lo desea, a toda costa, sin importarle qué hacer para conseguirlo tener; y eso no es así, ¡no puede ser así!, hay que tener un fin, una moral, una ética, ¡un Dios! ¿Y qué dijo Dios, Jesús, sobre el dinero?; dijo que no se pueden tener dos señores a la vez, o Dios o el dinero. Así que ve pensando en esto y sigue leyendo.

Cuando el dinero ocupa el lugar de Dios, te va a dejar KO, porque el dinero no es una persona, no tiene sentimientos, el dinero lo usan algunos para dominar conciencias, para tener amigos, aplausos; y creen que incluso compra el cariño, ¡y no!, el dinero no hace nada de esto, son las personas las que deciden ser tus amigos, si quieren; y quererte por tu dinero, me parece a mí que es venderse, y nadie es una cosa para ser comprada, sino que todos somos personas para ser admiradas y estimadas.

Sí que es de admirar la persona que, con inteligencia, trabajo y tesón, con la ayuda de Dios, gana dinero y hace cosas buenas para los demás, como el crear empleo, pero tener dinero con manos sucias, abandonando a Dios, la fe, la moral, la ética, eso no va a terminar bien, y la vida de una persona, no es sólo de 50 años, sino que sigue y termina mucho después, pero las personas de 80 y 90 años, ¿sabes tú lo que hacen?; ¡cuántas terminan solas!, y eso que a los 50 fueron admiradas, aplaudidas, imitadas.

No voy a decirte ahora que es mejor ser pobre o miserable, ¡que no!, porque en la extrema pobreza o en la clase media, también, al igual que los ricos, tienen que ganarse el respeto de los demás, por sus obras buenas. Que no está pasado de moda ser bueno, ¡al contrario!, es el estilo perfecto para tener el respeto a los 20, a los 50 y a los 100 años.

No hay tampoco que hacerle un trono ni al dinero, ni a la pobreza, porque hay pobres que lo son porque no trabajan con tesón, hay quien no sabe hacer negocios, si no es con trampas o traiciones; ¡ya sabéis la vida del traidor Judas Iscariote!, como sabéis la vida del rico Lázaro y sus hermanas Marta y María. Entonces, ¿es el dinero un regulador del honor?; no, tampoco lo es el aspecto físico, ni ser hijo de…; gracias a Dios, cada uno se gana su propio honor y respeto; y te pregunto, ¿qué tal te va con ello? ¿Trabajas bien para tener dinero y cubrir tus necesidades?; ¿ayudas a la familia, si puedes?… Empieza con esto y sigue, ora y confía tu labor a Dios, y Él, por su santo poder, hará que recibas, por tu trabajo y el contenido de tu corazón, lo que te irá mejor para tu santidad; ¿será por eso que pocos santos son ricos, porque el dinero los perdería?; mejor prepara tu corazón con la oración y deja que la doctrina de Dios habite en él, y sintiendo que tienes que servir, trabaja y sirve a los demás, pensando más que en ser rico, en ser fiel servidor de Cristo que pidió que ayudarás a los demás, en todo, también en tu capacidad de hacer negocios, de crear puestos de trabajo honrados, donde otros puedan trabajar sin sentir lastimado su orgullo humano, por el desprecio del que es el jefe; me gustaría ver empresas donde sus empleados fueran, para ellos, almas, que ayudan a Cristo a llevarlas al Cielo; y se necesita dinero para subsistir, para vivir, para SERVIR. Piensa en ello y no pierdas la paz, porque la abundancia no la traen los números, sino Dios que todo lo ve, y que, al que sabe que si le da dinero, así y todo, será santo, a éste le permite tener, porque lo que Dios quiere, es que nadie se pierda. Entonces, para que Dios te ayude, tienes que amarlo sobre todas las cosas, incluso sobre el dinero, y debes vivir austeramente, ¡santamente!, porque si no estás preparado para ser un santo, Dios no te dará lo que te puede apartar de la santidad. Pocos hay que pueden ser ricos, ¡millonarios!, y además, santos, porque el dinero, si se le sirve como a un dios, corrompe el corazón, destruye las buenas intenciones y cambia las conciencias. Lo mejor es que trabajes, ¡y mucho!, no hay dinero sin trabajo duro. Hay pobres que culpan a Dios de su pobreza, ¡y tampoco es eso!, la riqueza y la pobreza son un complemento a utilizar en este mundo de intercambio de actividades, cosas y talentos.

Me gustaría hablarte más sobre el tema, pero no hay tiempo, tengo que terminar mi carta por hoy, y antes de esto, desearía saber si has aprendido algo bueno al leerme. Tampoco es bueno decir que Dios te va a vestir como a los lirios del campo, porque Dios te ha dado dos manos, un corazón y una inteligencia, que debes usar; los lirios los puedes plantar tú, que no sólo es cosa de Dios, sino que el hombre, la persona puede plantarlos y regarlos, y con eso, ayuda al Creador de Cielos y Tierra a que sus lirios vivan; entonces, haz lo mismo y siémbralos para que otros se vistan.

Con afecto sincero.

P. Jesús

© copyright

Envío diario nº 4.675- Sábado 10-4-21

¿Quieres recibir el Evangelio diario GRATIS? Suscríbete AQUÍ

Sábado 10 de Abril de 2.021

Tiempo Pascual 1º – Octava de Pascua

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Marcos 16, 9-15

Id y proclamad el Evangelio

9Resucitado Jesús la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. 10Ella fue quien lo anunció a los que habían vivido con Él, que estaban sumidos en la tristeza y el llanto; 11pero, oyendo que vivía y que había sido visto por ella, no lo creyeron.

12Después de esto se mostró en otra forma a dos de ellos que iban de camino y se dirigían al campo. 13Estos, vueltos, dieron la noticia a los demás; ni aun a éstos creyeron.

14Al fin se manifestó a los once, estando recostados a la mesa, y les reprendió su incredulidad y dureza de corazón, por cuanto no habían creído a los que le habían visto resucitado de entre los muertos. 15Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

Id y proclamad el Evangelio

Dios quiere ver cómo está tu corazón.

Si tu dureza de corazón te lleva a no creer en la resurrección, entonces estamos mal, estás mal. Sí, porque poco vas a evangelizar, y en hacerlo te va la vida.

No me vengas con excusas de que no tienes ni don de gentes, ni amigos creyentes… pero, pero, es que no es a los creyentes a quien debes evangelizar, sino a los que no creen.

Algunos podéis tener la tentación de hacer competición sobre la evangelización entre creyentes. Pero de eso no va el proclamar el Evangelio, sino que hay que enseñar al que no sabe.

Te diré una técnica rápida y eficaz para evangelizar, tal y como nos pide Nuestro Señor Jesucristo: ¡Vive la Pascua!

Vivir la Pascua es tener fe, la fe verdadera, la fe cristiana, que es la que nos da por seguridad la resurrección nuestra.

Instrúyete.

No sólo los sacerdotes tienen que saber para enseñar, sino que tú también, porque Dios nos lo pidió a todos; a todos nos pidió que fuéramos por el mundo a predicar a toda criatura el Evangelio. Y eso hay que hacerlo, porque Dios lo quiere.

Vive la Pascua de la Resurrección del Señor. Y verás cómo cumpliendo con tu deber, eres feliz al hacerlo.

P. Jesús

© copyright

Consejo nº 794

.-Sacerdotes, ¡no seáis tibios! Sed buenos con el pecador arrepentido. ¡Ayudadlo!

P. Jesús

© copyright

Beatos Colombianos de San Juan de Dios, Mártires

En 1934 estalló en España una cruel persecución contra los católicos por parte de los comunistas, masones y de la extrema izquierda. En pocos meses fueron destruidos en España más de mil templos católicos y gravemente averiados más de dos mil. Desde 1936 hasta 1939, los comunistas españoles asesinaron a 4100 sacerdotes seculares; 2300 religiosos; 283 religiosas y miles de laicos.

Unas de las víctimas de esta persecución fueron siete jóvenes colombianos, hermanos de la Comunidad de San Juan de Dios, que estaban estudiando y trabajando en España a favor de los que padecían enfermedades mentales y se encontraban en condición de abandono. Sus nombres eran: Juan Bautista Velásquez, Esteban Maya, Melquiades Ramírez de Sonsón, Eugenio Ramírez, Rubén de Jesús López, Arturo Ayala y Gaspar Páez Perdomo de Tello.

La Comunidad colombiana los había enviado a España a perfeccionar sus estudios de enfermería, y a asistir a los enfermos que vivian en un centro médicos ubicado en Ciempozuelos cerca de Madrid.

Hasta dicho lugar, llegaron personal del gobierno comunista español quienes les ordenaron abandonar el plantel y dejarlo en manos de empleados marxistas desconocedores de la medicina y de la dirección de centros médicos. Los siete jóvenes fueron hechos prisioneros y llevados a una cárcel de Madrid.

Gracias a la intersección de la cancillería colombiana en el país, los jóvenes consiguieron su libertad, y ya su comunidad religiosa había gestionado los pasajes y viáticos para su retorno al país natal. Sin embargo, antes de abordar el tren que los transportaría a Barcelona, de donde partirían a Colombia, oficiales del gobierno comunista español los asesinaron cruelmente. El Cónsul de Colombia en España los identificó en el Hospital Clínico del país, y dio aviso a la congregación religiosa.

Pese a las protestas por parte del gobierno colombiano y de la cancillería en España, el gobierno comunista no realizó ninguna investigación pertinente, dejando sin castigo alguno a los responsables del asesinato de los religiosos.

El Papa Juan Pablo II beatificó a los siete religiosos en 1992, convirtiéndose en los primeros beatos del país latinoamericano.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Beatos Colombianos de San Juan de Dios, Mártires

El odio que viene de la dictadura, sea cual sea, es malo; nadie puede quitar la vida por la libertad de ideas, si estas ideas le llevan a uno a hacer el bien sin causar daño alguno; eso también los católicos tenemos que tenerlo presente, el respetar la libertad de todos, la de los demás al igual que la nuestra. La historia nos muestra los hechos odiosos de ciertos hombres que van de dioses. Los católicos, que no caigan en la tentación de ir de dioses porque sabemos que hay un sólo Dios en el Cielo y éste es  Cristo Rey. Los Beatos Colombianos de San Juan de Dios, mártires, lo sabían, sabían quién es Dios y lo amaban con todo su corazón, aceptando la tortura y la muerte sin dejar su fe, sin dejar de cumplir los diez mandamientos de la Ley de Dios. Eso es ser santo, que te odien, que te persigan, que te muestren otros dioses y destruyan tus trabajos, pero aun así, perdonarlos, aceptar que no saben lo que hacen, y que, sabiendo esto, no se devuelve mal por mal sino que, confiando en Dios, el único Dios, y, como otros Cristos, se acepta la muerte antes que pecar.

P. Jesús

© copyright

Envío diario nº 4.674- Viernes 9-4-21

¿Quieres recibir el Evangelio diario GRATIS? Suscríbete AQUÍ

Viernes 9 de Abril de 2.021

Tiempo Pascual 1º – Octava de Pascua

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Juan 21, 3-14

Echad la red a la derecha de la barca

3Díjoles Simón Pedro (a Tomás, Natanael, los Zebedeos y a otros dos): Voy a pescar. Los otros le dijeron: Vamos también nosotros contigo. Salieron y entraron en la barca, y en aquella noche no pescaron nada. 4Llegada la mañana, se hallaba Jesús en la playa; pero los discípulos no se dieron cuenta de que era Jesús.

5Díjoles Jesús: Muchachos, ¿no tenéis en la mano nada que comer? Le respondieron: No. 6Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca y hallaréis. La echaron, pues, y ya no podían arrastrar la red por la muchedumbre de los peces. 7Dijo entonces a Pedro aquel discípulo a quien amaba Jesús: Es el Señor. Así que oyó Simón Pedro que era el Señor, se ciñó la sobretúnica, pues estaba desnudo, y se arrojó al mar. 8Los otros discípulos vinieron en la barca, pues no estaban lejos de tierra sino como unos doscientos codos, tirando de la red con los peces. 9Así que bajaron a tierra, vieron unas brasas encendidas y un pez puesto sobre ellas, y pan. 10Díjoles Jesús: Traed de los peces que habéis pescado ahora. 11Subió Simón Pedro y arrastró la red a tierra, llena de ciento cincuenta y tres peces grandes, y, con ser tantos, no se rompió la red.12Jesús les dijo: Venid y comed. Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: ¿Tú quién eres? sabiendo que era el Señor. 13Se acercó Jesús, tomó el pan y se lo dio, e igualmente el pez. 14Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

Echad la red a la derecha de la barca

Pocos metros distan de la izquierda a la derecha de una barca, pero en la izquierda no había peces, y sí que había en la derecha.

No es lo mismo que trabajes bien y a gusto, haciendo toda labor por Dios, que haciéndolo todo por un sueldo, o con desgana. Son esos metros de diferencia, lo que te harán tener éxito en tu vida.

No es lo mismo ayudar a otros yendo a la tuya, o pedirles lo que quieren que hagas. Si se lo pides, trabajarás igual, pero harás lo que desean, y tu trabajo será un gusto para la persona a la que haces el favor.

Hay tantas cosas que dependen sólo de unos metros, o de unos momentos; no es lo mismo dar las gracias enseguida que te dan algo, que después de ver que funciona su regalo.

No es lo mismo ir a Misa un poco antes, o llegar tarde.

¿Comprendes?

Tú, hazlo todo bien y diligentemente, haciéndolo todo por amor a Dios y ofreciéndoselo a Él, aunque sea algo para los demás, y verás el cambio en tu vida.

¡Fantástico!

Oh, si pudieras llegar a vivir pensando primero en Dios, y sirviendo a los demás, incluso a los que no te aman como quieres tú; pero tú tienes el Amor de Dios; ¿qué más quieres?…

P. Jesús

© copyright

Consejo nº 793

.-Ahora estás con ganas. Has hallado un sacerdote que quiere ayudarte a ser santo. ¡Aleluya!  

P. Jesús

© copyright

Santa María Cleofás, Matrona

Santa María de Cleofás, era esposa de un hombre llamado Cleofás, quien tal vez se identifica con el Cleofás que acompañó al Señor a Emaús después de la resurrección. Los comentarios de la Escritura discuten cúal de las Marías mencionadas en los Evangelios era María Cleofás. El Martirologio Romano dice simplemente: «San Juan Evangelista la llama hermana de María, la Madre de Dios y afirma que estaba con en ella al pie de la cruz.»Pero no es imposible que la hermana de la Madre de Jesús, mencionada por San Juan (XIX,25), haya sido otra matrona cuyo nombre desconocemos.

Naturalmente, la leyenda bordó mucho sobre el nombre de María Cleofás en épocas posteriores. Se cuenta que acompañó a España a Santiago el mayor, que murió en ciudad Rodrigo y que fue muy venerada en Santiago de Compostela. Otra leyenda, no menos extravagante, cuenta que fue a la Provenza francesa con los Santos Lázaro, María Magdalena y Marta, y que fue sepultada en Saint Maries, cerca de la desembocadura del Rodano.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Santa María Cleofás, Matrona

Santa María de Cleofás, matrona, que conoció y amó tanto a Jesús y a su Madre María, nos muestra la historia cómo siendo amiga de Santa María, estuvo con Ella, fiel, a los pies de la Cruz.

Así es la amistad de los santos: hasta en la cruz.

P. Jesús

© copyright