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El Gran Privilegio

 

EL GRAN PRIVILEGIO

 

Nunca has oído la voz de Dios,

ni has contemplado sus bellos ojos

llenos, sí, llenos de amor,

pero eso va a pasar…

sí o sí, ineludiblemente…,

cuando tu alma vaya a Él,

por la muerte del cuerpo.

 

 

No es cosa exclusiva, pues,

de algunas pocas personas

el que le podrán ver.

 

Y en su regazo podrás estar,

a esos brazos,

abiertos por ti en la Cruz,

vas a abrazar,

…sin soltarle ya jamás.

 

Él, tuyo, y tú… suyo;

completamente…,

para toda la eternidad.

 

¿Eres consciente,

del privilegio que tendrás…?

 

Y mientras no sucede todavía…

estás aquí, en la tierra,

viviendo para demostrarle: tu amor,

en lo grande y lo pequeño,

haciendo lo correcto, lo bueno.

 

Aquí vives tú… sin tener el don,

de la levitación,

de la bilocación,

no has quedado en éxtasis,

ni has tenido ninguna aparición,

pero ¿qué es eso

comparado con el Gran Privilegio…?

Sí, ese que Dios te da,

de recibir, de comulgar,

su Sagrado Cuerpo, Sangre y Divinidad.

 

Mayor que todos los honores,

es el que Dios te concede,

culmen de divinos favores,

recibir en ti a Quien más te quiere.

 

El Creador dentro de ti,

el Omnipotente,

el Bien en sí mismo,

la esencia de la Verdad y la Pureza,

habitando en ti,

sí, ¡dentro de ti!,

el Rey, ¡Dios!

 

Eso a nada se puede comparar,

es un lujo impresionante,

nada mejor se puede desear,

saber que Dios, ¡desea estar contigo!,

el sacerdote te lo da…,

y tú lo recibes con devoción,

con humildad.

 

¿Eres consciente,

del privilegio que te da…?

 

Recibes el Corazón de Jesús,

latiendo dentro de ti,

recibes su Sacratísima Sangre,

derramada por ti.

 

No hubo ni habrá,

de amor la prueba

más bella, más extrema,

que la que Dios te dio,

y en cada Misa se renueva.

 

¡Dios mismo, a ti se entrega!

 

Recíbelo dignamente…

 

Porque el glorioso amor

de tu Creador,

está a tu alcance,

para envolverte,

para levantarte,

para no dejar jamás de amarte.

 

Patricia Bellido Durán
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