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Puntos meditados - 2. página

CATECISMO MEDITADO por el P. Jesús

V. Indicaciones prácticas para el uso de este Catecismo

V. Indicaciones prácticas para el uso de este Catecismo

18 Este Catecismo está concebido como una exposición orgánica de toda la fe católica. Es preciso, por tanto, leerlo como una unidad. Numerosas referencias en el interior del texto y el índice analítico al final del volumen permiten ver cada tema en su vinculación con el conjunto de la fe.

19 Con frecuencia, los textos de la Sagrada Escritura no son citados literalmente, sino indicando sólo la referencia (mediante cf). Para una inteligencia más profunda de esos pasajes, es preciso recurrir a los textos mismos. Estas referencias bíblicas son un instrumento de trabajo para la catequesis.

20 Cuando, en ciertos pasajes, se emplea letra pequeña, con ello se indica que se trata de puntualizaciones de tipo histórico, apologético o de exposiciones doctrinales complementarias.

21 Las citas, en letra pequeña, de fuentes patrísticas, litúrgicas, magisteriales o hagiográficas tienen como fin enriquecer la exposición doctrinal. Con frecuencia estos textos han sido escogidos con miras a un uso directamente catequético.

22 Al final de cada unidad temática, una serie de textos breves resumen en fórmulas condensadas lo esencial de la enseñanza. Estos “resúmenes” tienen como finalidad ofrecer sugerencias para fórmulas sintéticas y memorizables en la catequesis de cada lugar.

Meditación:

V. Indicaciones prácticas para el uso de este Catecismo

Hermanos, hay que saber utilizar las cosas que vienen de Dios.

Muchos dones nos son dados, y por imprudencia, por no tener vocación al Evangelio, se pierden.

La vida, el mundo, necesita de personas que estudien, aprendan; obren lo aprendido, apartándose del mal y del malo, haciendo el bien y lo bueno.

Eso nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, el bien y lo bueno, sacado del Evangelio, de la fe, y guiada por el Espíritu Santo.

Seamos hombres nuevos, con y por las enseñanzas del libro antiguo, de toda la vida de Cristo, de Dios: La Sagrada Biblia, en el Evangelio que Dios cumplió y los antiguos profetizaron, por amar a Dios, al Dios que Adán conoció personalmente y Eva trató; y ambos, de generación en generación, nos hablan de su vida, de que Dios los creó hombre y mujer, y que pecaron. Y la Tradición y las Escrituras, nos dicen que Dios Hijo vino al mundo a restituir su pecado, para nuestra salvación y la suya.

¡Déjate salvar por Dios!

Estudia, aprende, enseña.

¡Vive la Palabra de Dios!

P. Jesús

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VI. Las adaptaciones necesarias

VI. Las adaptaciones necesarias

23 El acento de este Catecismo se pone en la exposición doctrinal. Quiere, en efecto, ayudar a profundizar el conocimiento de la fe. Por lo mismo está orientado a la maduración de esta fe, su enraizamiento en la vida y su irradiación en el testimonio (cf. CT 20-22; 25).                                                                        
24 Por su misma finalidad, este Catecismo no se propone dar una respuesta adaptada, tanto en el contenido cuanto en el método, a las exigencias que dimanan de las diferentes culturas, de edades, de la vida espiritual, de situaciones sociales y eclesiales de aquellos a quienes se dirige la catequesis. Estas indispensables adaptaciones corresponden a catecismos propios de cada lugar, y más aún a aquellos que toman a su cargo instruir a los fieles:

El que enseña debe “hacerse todo a todos” (1 Cor 9,22), para ganarlos a todos para Jesucristo…¡Sobre todo que no se imagine que le ha sido confiada una sola clase de almas, y que, por consiguiente, le es lícito enseñar y formar igualmente a todos los fieles en la verdadera piedad, con un único método y siempre el mismo! Que sepa bien que unos son, en Jesucristo, como niños recién nacidos, otros como adolescentes, otros finalmente como poseedores ya de todas sus fuerzas… Los que son llamados al ministerio de la predicación deben, al transmitir la enseñanza del misterio de la fe y de las reglas de las costumbres, acomodar sus palabras al espíritu y a la inteligencia de sus oyentes (Catech. R., Prefacio, 11)

25 Por encima de todo, la Caridad. Para concluir esta presentación es oportuno recordar el principio pastoral que enuncia el Catecismo Romano:

Toda la finalidad de la doctrina y de la enseñanza debe ser puesta en el amor que no acaba. Porque se puede muy bien exponer lo que es preciso creer, esperar o hacer; pero sobre todo se debe siempre hacer aparecer el Amor de Nuestro Señor a fin de que cada uno comprenda que todo acto de virtud perfectamente cristiano no tiene otro origen que el Amor, ni otro término que el Amor (Catech. R., Prefacio, 10). 

Meditación:

VI. Las adaptaciones necesarias

El Catecismo de la Iglesia Católica, siendo uno, está preparado para todas las almas, para que encuentren en él la verdad que enciende los corazones de caridad, porque el sentido y la primacía del Catecismo es la caridad. 

Leámoslo con caridad, meditémoslo con caridad, pongámoslo todo en práctica con caridad, porque viene de Dios, y Dios es Amor.

P. Jesús

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I. El deseo de Dios – 27

 PRIMERA PARTE LA PROFESIÓN DE LA FE
– PRIMERA SECCIÓN «CREO»-«CREEMOS»
– CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES “CAPAZ” DE DIOS

I. El deseo de Dios

27 El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer hacia sí al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar:
La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador (GS 19,1).

GS 19,1   
CONSTITUCIÓN PASTORAL
GAUDIUM ET SPES
SOBRE LA IGLESIA EN EL MUNDO ACTUAL
http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html

Formas y raíces del ateísmo 
19. La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios. Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios. Existe pura y simplemente por el amor de Dios, que lo creó, y por el amor de Dios, que lo conserva. Y sólo se puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando reconoce libremente ese amor y se confía por entero a su Creador. Muchos son, sin embargo, los que hoy día se desentienden del todo de esta íntima y vital unión con Dios o la niegan en forma explícita. Es este ateísmo uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo. Y debe ser examinado con toda atención.

La palabra “ateísmo” designa realidades muy diversas. Unos niegan a Dios expresamente. Otros afirman que nada puede decirse acerca de Dios. Los hay que someten la cuestión teológica a un análisis metodológico tal, que reputa como inútil el propio planteamiento de la cuestión. Muchos, rebasando indebidamente los límites sobre esta base puramente científica o, por el contrario, rechazan sin excepción toda verdad absoluta. Hay quienes exaltan tanto al hombre, que dejan sin contenido la fe en Dios, ya que les interesa más, a lo que parece, la afirmación del hombre que la negación de Dios. Hay quienes imaginan un Dios por ellos rechazado, que nada tiene que ver con el Dios del Evangelio. Otros ni siquiera se plantean la cuestión de la existencia de Dios, porque, al parecer, no sienten inquietud religiosa alguna y no perciben el motivo de preocuparse por el hecho religioso. Además, el ateísmo nace a veces como violenta protesta contra la existencia del mal en el mundo o como adjudicación indebida del carácter absoluto a ciertos bienes humanos que son considerados prácticamente como sucedáneos de Dios. La misma civilización actual, no en sí misma, pero sí por su sobrecarga de apego a la tierra, puede dificultar en grado notable el acceso del hombre a Dios.

Quienes voluntariamente pretenden apartar de su corazón a Dios y soslayar las cuestiones religiosas, desoyen el dictamen de su conciencia y, por tanto, no carecen de culpa. Sin embargo, también los creyentes tienen en esto su parte de responsabilidad. Porque el ateísmo, considerado en su total integridad, no es un fenómeno originario, sino un fenómeno derivado de varias causas, entre las que se debe contar también la reacción crítica contra las religiones, y, ciertamente en algunas zonas del mundo, sobre todo contra la religión cristiana. Por lo cual, en esta génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión.

Meditación:

I. El deseo de Dios 

Hermano, voy contigo, vamos a ir juntos por el camino del goce espiritual, que es saber la verdad. ¡Vamos!

Si hemos nacido, y es cierto, porque tenemos vida, tenemos cuerpo. Si somos personas, y es cierto, podemos pensar, razonar, decidir. ¿De dónde nos viene todo esto?

Alguno de vosotros es padre, es madre, y sabe cómo ha hecho al hijo, pero no sabe cómo el hijo, siendo parte de los dos, es independiente de ellos. Sólo la persona, nosotros, dependemos de nuestros padres para un principio de vida, y de la madre, 40 semanas en su seno para que se forme nuestro cuerpo, pero luego, si no la viésemos más a ella, a la madre, por ser adoptados, por morir ella, por irse de nuestra vida, y al igual el padre, nosotros podemos seguir viviendo, pues somos independientes totalmente de los que nos engendraron; pero estamos unidos a ellos por los genes, por el físico, la personalidad que nos han transmitido al darnos el cuerpo que tenemos y somos, sacado de la unión de sus dos cuerpos, fundidos, unidos en uno sólo, por el sexo.

Nosotros, todos y cada uno de nosotros, tenemos cuerpo, existimos por tener unos padres, los conozcamos o no, los amemos o no, nos amen o no, estén vivos o no, pero nadie nace solo, todos nacemos de la unión del hombre y la mujer; no necesitamos todo de ellos, sólo un óvulo y esperma, nada más; aunque ellos, cada uno, tiene un cuerpo físico, nosotros sólo necesitamos de ellos el óvulo y el esperma para tener vida física y parecernos a ellos físicamente y de rasgos de carácter.

Muchos padres quieren tener hijos y no pueden, hay algo que se lo impide, y son estériles. Por más voluntad que tengan en querer tener un hijo, por más actos sexuales que realicen, no tienen hijos. Con eso vemos que los hijos no vienen de la voluntad y deseos de los padres. En cambio a veces, se crea al hijo sin querer en voluntad, se fecundan hijos por el sexo, por una relación sexual que puede ser casual, forzada, de libertinaje. Eso nos demuestra que no es ni la voluntad ni la inteligencia del hombre, que nos da la vida, quien da la vida a una persona. Entonces, ¿quién manda en que vivamos? Podrían decir algunos, que es la misma naturaleza, que crea unas condiciones óptimas para la fecundación de la persona, y es cierto, que si no hay óptimas condiciones naturales, a excepción de algunos casos, es lo normal, que así se fecundan los hijos, mediante la realidad de unas óptimas circunstancias de gestación, porque vemos que ni los deseos ni la voluntad de la persona, puede, haciendo el acto sexual, crear a una persona. Sí que vemos, que lo natural se une y ejerce su influencia y costumbre, de lo que es real y posible y cierto, como real, posible y cierto es que una semilla enterrada en tierra en la profundidad óptima, con la temperatura adecuada y la tierra fértil, muera y viva una planta. Así es como nace la vida vegetal, y así es como nace la vida humana, por unas circunstancias óptimas a ella, pero si no son óptimas, no hay vida.

La naturaleza vive, pero, ¿quién hace vivir a la naturaleza? ¿Quién rige el cosmos?, ¿la vida entera? ¿Tú? ¿Aquél? ¿Ése que sólo puede vivir como máximo 120 años y luego desaparece de la vida, de sus propias circunstancias, siendo lo que es y quien es? Si fuera así, ¿quién de nosotros sería? ¿Todos? ¿Cómo nos pondríamos de acuerdo en que lo que es, sea como es? ¿No querríamos cambiar la norma? ¿No desearía cada uno poner su sello? Por ejemplo, quien le gustase el rosa, todo lo querría rosa, las plantas rosas, y entonces, ¿cómo podría llevarse a cabo la función clorofílica, si sabemos que es por el color verde? ¿Y por qué una rosa, es una rosa en cualquier lugar del planeta Tierra? No podemos, ninguno, cambiar a la sabia Naturaleza; podemos aprender de ella e imitarla, y así tener resultados naturales a las acciones artificiales, como por ejemplo la fecundación “in vitro”; pero jamás, por ejemplo, dos personas del mismo sexo, podrán dar vida a una nueva persona. No se puede, es imposible, terminantemente imposible, si no se la ha manipulado físicamente; en su estado natural, es imposible, y si se ha manipulado, ya no es lo natural, es artificial.

Vemos pues que para nacer, hemos necesitado de un óvulo y esperma, pero que aunque muchos, teniendo un óvulo por una parte, sea dentro de la mujer o no, y teniendo esperma del hombre, y se unan por medio de lo natural o lo artificial, y aunque haya voluntad de tener un hijo, ese hijo no nace.

¿Por qué no nace este hijo? ¿Por qué naciste tú?

El hombre se diferencia de los animales, en que podemos pensar, razonar y decidir. ¿Eso, quién nos lo da? Viene impreso en la misma vida, el ser personas, como viene impreso en cada especie de animales y plantas, que es lo que es, porque si fuera diferente, no sería lo que es.

¿Quién ha hecho las especies? ¿Quién ha hecho al hombre? Si no podemos, teniendo padre y madre, hombre y mujer, dar vida, aunque la voluntad y la inteligencia nos lleve a saber hacerlo, a saber cómo se hace una nueva persona, ¿cómo es que hubo un primer hombre y una primera mujer? Porque realmente, sabemos ciertamente que, aunque queramos, a veces, no conseguimos ser padres.

Hay alguien, algo, que sí, cuya voluntad mandó, y se hizo su voluntad; Alguien sumamente inteligente, y no sólo inteligente, porque aunque somos inteligentes, a veces no conseguimos tener, hacer personas, hijos. Pero ese Ser, sí que pudo, y no sólo hizo personas, sino que hizo la primera persona, la que da nombre a la especie: el hombre, y le puso las condiciones que decidió; porque sabemos que todos los hombres, siempre han sido físicamente así como somos, con un cuerpo, cabeza y extremidades; que siempre hemos pensado, razonado, decidido, porque seguimos siendo lo que somos; podemos tener el color de la piel, distinto, o los brazos más largos, o las piernas más cortas y la cabeza más redonda, unos de otros, pero todos tenemos intestinos, corazón, pulmones, ojos, hígado…

Alguien nos creó, es indiscutible. Otra cosa es, que no quieras meditar sobre ello, otra cosa es, que no quieras aceptarlo, pero si quieres y profundizas, en tu inteligencia sabrás que Dios existe, que es el Creador y Todopoderoso, que tiene Voluntad, y su voluntad se cumple, porque la vida existe, todos lo vemos, vemos la Tierra y los cielos, y sabemos que ha salido de una sola Persona, porque tiene armonía y no cambia.

Decimos que es persona, porque hay una personalidad que decide, hay sólo una voluntad; lo vemos en los hechos de que todo tiene una lógica, una explicación, un porqué de existir. Eso en las cosas que conocemos y hemos estudiado de la Naturaleza, y nosotros somos naturaleza, somos parte de la Creación, de lo que existe, porque existimos un tiempo y luego desaparecemos en lo físico; pero además somos espíritu, porque no obramos por instinto sino por meditación, raciocinio, que nos lleva a la inteligencia, y sólo la especie humana ha dominado la tierra, sólo nosotros, por ejemplo, hemos avanzado en la construcción de casas, incluso tenemos automóviles para trasladar nuestro cuerpo de un lugar a otro y tenemos aviones. Los monos siguen yendo a pie y de árbol en árbol, las hormigas siguen construyendo con laberintos sus nidos. Sigue el bebé, la persona al nacer, llorando, aunque ahora hay hospitales e instrumental y personal para ayudar a la madre a traer a su hijo al mundo, su hijo, porque ha nacido de ella, hijo de su padre, porque por los dos, fue creado.

Los hombres, las personas, además de físico, tenemos algo nuestro, y por tanto, dentro de nosotros, que nos permite pensar sin que otros sepan lo que pensamos, tenemos un yo interior que nos separa del colectivo y nos hace únicos. Nadie, si no queremos, puede influir en nuestras obras y pensamientos. Los animales tienen su instinto; nosotros, también por instinto, hacemos las funciones vitales, pero podemos aguantarnos de hacer algunas cosas, por ejemplo, aunque tengamos hambre, podemos no comer, aunque tengamos sed, podemos no beber, pero no podemos tener hijos, aunque queramos. Podemos no hacer, pero no podemos crear personas, sólo con la voluntad, porque no pertenecemos a nadie, cada una es individual, cada uno tiene su yo, que nadie puede usurpar, si tú no quieres, si tú no le das permiso; eso es la libertad, la libertad de decisión ante lo natural que hay y en donde vivimos, en lo natural de la creación. Podemos incluso dejarnos matar, podemos incluso dejarnos morir, pero no podemos crear a otra persona, sólo con nuestra voluntad y los medios necesarios: óvulo y esperma.

¿Por qué?

Porque cada uno de nosotros, se pertenece a sí mismo, aunque ha nacido a través de dos personas, físicamente distintas: hombre y mujer, pero nosotros, tú, eres tú, eres importante y único; sólo existe un tú como tú, tú mismo. No perteneces a nadie, y nadie te pertenece, estás sólo en tu yo interior y eres el dueño de ti mismo, como lo es el Dios que te creó.

Dios, el Creador del mundo, que lo creó, por y con su Voluntad, con su decisión, con su deseo, te creó, creó toda especie y a ti que, como Él, tienes voluntad y puedes decidir y razonar; a ti te dio de su esencia espiritual, por eso eres a su imagen y semejanza, y siendo único y libre, como Dios mismo lo es; ves que naciste por Dios, por la voluntad misma de Dios, que decidió ponerte nombre, por eso tienes este yo propio, que es tu nombre; es tu única vida y voluntad, tú decides qué hacer con ella; puedes comer o dejar de comer, puedes decidir qué hacer con tu cuerpo, y por tanto, eres libre e independiente de los demás, que como tú, igual que tú, pueden hacer como tú y usar de su cuerpo según lo que decida cada uno, y no por voluntad de crear, sino por voluntad de conocer; conocer y reconocer que hay un Dios Creador, que creó todo lo que ves y lo que no ves, como no ves de dónde salen tus pensamientos; sabes dónde se forman: en el cerebro; sabes que son vivas vibraciones de energía mental, pero busca la fuente de esta energía, que sientes físicamente, pero que sólo tienen las personas y no los animales; y, ¿por qué las personas? ¿Por qué el físico de una persona, de un ser humano, tiene también vida espiritual? ¿Por qué no lo tiene un mono, un chimpancé o una hormiga? ¿Quién lo decidió? ¿Tú? ¿Yo? ¿Quién?  Si no podemos las personas, ni decidir tener hijos, entonces, ¿quién nos creó la parte espiritual que todos y cada unos sabemos de su existencia, porque la tenemos, la sentimos y la utilizamos?: Dios. Ese Ser superior que creó todo y creó al primer hombre y a la primera mujer. Así es. Dios es nuestro Padre Espiritual y también creador del físico y de todo lo que hay.

Tenemos un Padre que es Dios.

P. Jesús

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I. El deseo de Dios – 28

 PRIMERA PARTE LA PROFESIÓN DE LA FE
– PRIMERA SECCIÓN «CREO»-«CREEMOS»
– CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES “CAPAZ” DE DIOS

I. El deseo de Dios 

28 De múltiples maneras, en su historia, y hasta el día de hoy, los hombres han expresado a su búsqueda de Dios por medio de sus creencias y sus comportamientos religiosos (oraciones, sacrificios, cultos, meditaciones, etc.). A pesar de las ambigüedades que pueden entrañar, estas formas de expresión son tan universales que se puede llamar al hombre un ser religioso:

El creó, de un solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra y determinó con exactitud el tiempo y los límites del lugar donde habían de habitar, con el fin de que buscasen a Dios, para ver si a tientas le buscaban y le hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros; pues en él vivimos, nos movemos y existimos (Hch 17,26-28).

(Hch 17,26-28).
HECHOS DE LOS APOSTOLES

26 El hizo salir de un solo principio a todo el género humano para que habite sobre toda la tierra, y señaló de antemano a cada pueblo sus épocas y sus fronteras, 27 para que ellos busquen a Dios, aunque sea a tientas, y puedan encontrarlo. Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros.

28 En efecto, en él vivimos, nos movemos y existimos, como muy bien lo dijeron algunos poetas de ustedes: «Nosotros somos también de su raza». 

Meditación:

I. El deseo de Dios 

El hombre se sabe solo, se siente solo y necesita de Quién lo creó, de Quién decidió que existiera.

Es como la obra de arte, que recuerda a quien la creó. Pueden intentar plagiar la obra, incluso con perfección en la copia, pero la obra siempre desea al autor real de ella misma, necesita volver a sentir sus manos creándola y decidiendo todo de ella, cómo sería, cómo es.

Para hallar al Creador, unos lo buscan con rezos, otros con sacrificios, otros con el olvido de si mismos, para hallar y hacer la voluntad del mismo Dios.

Cuando uno se enfrenta a la soledad de si mismo, ya sea por enfermedad, o pobreza, o maldad ajena, pero se siente sólo, busca desesperadamente, ansiosamente, a alguien que lo conozca, que lo comprenda, que sepa y le diga qué tiene que hacer para hallarse con alguien y dejar su soledad.

El linaje humano es el cúmulo de cualidades que debe tener una persona para ser un ser realizado, en lo que el Creador pretendía de él al crearlo.

Dios quiso comprobar el amor, por eso nos creó, para saber si el amor podía buscarlo desesperadamente y hallarlo.

Nosotros, el linaje de Dios, el linaje del Amor, somos el sentimiento en acción del Amor, dentro de un cuerpo humano que, por tener que vivir en el planeta tierra, necesitó de un cuerpo, de un entorno, para vivir fuera de Dios y pasar así las pruebas y, pasadas éstas, regresar al Amor.

¡Nosotros somos amor!

El hombre, el ser humano, es amor, y el amor debe, tiene que ser y salir y desarrollarse, en personas libres y responsables de sus actos, por eso las personas somos seres individuales y llenos de grandes cualidades que, si queremos, podemos utilizar y, si no queremos, podemos olvidarnos de Dios Padre y, queriendo ir a la nuestra, hacernos dioses de un reino terreno, cuando estamos aquí para ganarnos el Reino Eterno.

Cuando una persona es santa, ama.

Cuando una persona es mala, no ama.

¡Somos el Amor de Dios, que Dios lo independizó de Si mismo para que pudiera amar por si mismo! Porque el amor, la esencia de amar, es lo que se está probando en la tierra. Y si hay sexo, es para continuar la especie, el hombre, que Dios lo está probando en la cantidad de la medida que Dios desea probar.

Puede Dios sentir amor y ama al amor, a nosotros. Y digo puede, porque Dios si quisiera, podría no amar, pero dejaría de ser Dios, porque la perfección es el amor, sentir por los demás y por uno mismo, amor.

La vida sigue su curso y el amor sigue existiendo, como esencia de ser persona humana, linaje de Dios.

Vivimos en Dios, porque Dios es la existencia de sí mismo, en el amor de amarse y amar.

La raza del amor, no es el rebaño de personas que usan del sexo por el sexo. La raza del amor, son los que imitan a Dios porqué sí.

En el porque sí se aplica el que es.

Dios ama y te deja nacer. Dios ama y te deja vivir. Dios ama y se deja encontrar por ti.

El amor, nosotros, salimos de Dios para ver si este amor sabe amarlo como lo ama el mismo Dios que lo creó, sin cuerpo, y por lo tanto sin fronteras por la masa del cuerpo. Si dos personas, hombre y mujer, por amor se dan en casamiento, forman un todo, los dos con Dios. De acuerdo, que con ello se perpetúa la especie, pero también nos enseña que somos capaces de amar como Dios, semejante a Dios, porque Jesús nos lo demostró, se hizo hombre; todo su Amor entró en un cuerpo, y viviendo Dios en Jesús, siendo Jesús, Dios, dominó su propio cuerpo, esa especie de cárcel y a la vez nave, del alma, que salió del amor y demostró que la esencia del amor puede vivir fuera de Dios, si vive por Dios, que la ama y la creó por amor y con amor.

Jesús no se casó nunca, Jesús no perdió jamás su virginidad y fue siempre casto; amó el amor, y amando, siendo Dios mismo, demostró a Dios que ni el cuerpo, puede usurpar el lugar de Dios en nosotros, el lugar principal.

La vida de Jesús, fue una vida normal, como la de muchos de nosotros; incluso la gloria terrena, le duró poco, muy poco. Fue tentado por Satanás, que es el contrario de Dios; no es amor, ¡es odio!

Satanás, ser espiritual sin cuerpo, viviendo en la forma de los seres de luz, dejó de ser luz, porque quería tener su luz propia y no resplandecer por la misma luz de Dios, que se proyectaba en él cada vez que Satanás se dejaba amar por Dios. ¡No quería que Dios le amara! Quería que su amor no necesitara de Dios, que saliera de si mismo, para amarse más que a Dios. Porque Dios se ama, pero ama al mismo tiempo; el amor de Dios es íntimo y social, es amar y amarse, es amarse y amar, todo en un todo.

¿Le costó a Dios Padre dejar morir a Jesús, a Si mismo en Jesús? No. No le costó, porque dejar el cuerpo, es como bajarse de una nave y, acabar el viaje, es dejar la tierra. La vida en Dios, es unirse el amor al amor del que salió.

Aunque la nave es la vida humana, y por lo cual duele físicamente y espiritualmente toda experiencia, por ser nosotros seres sentimentales, es decir, que tenemos sentimientos, que son los que nos marcan una ruta en la vida, y por lo cual sabemos adonde vamos, al Amor, por la vía de amar a los demás que, como nosotros, han venido a ser probados si son capaces de amarse a sí mismos como a los demás, y por lo tanto, amar.

Los lazos de amor que nos atan a nuestros semejantes, nos dañan la mente, al pensar en la partida definitiva, la muerte, porque no sabemos amar con amor.

Amar con amor, es la caridad. Y la vida del hombre va de eso, de Caridad.

P. Jesús

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I. El deseo de Dios – 29

 PRIMERA PARTE LA PROFESIÓN DE LA FE
– PRIMERA SECCIÓN «CREO»-«CREEMOS»
– CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES “CAPAZ” DE DIOS

I. El deseo de Dios 

29 Pero esta “unión íntima y vital con Dios” (GS 19,1) puede ser olvidada, desconocida e incluso rechazada explícitamente por el hombre. Tales actitudes pueden tener orígenes muy diversos (cf. GS 19-21): la rebelión contra el mal en el mundo, la ignorancia o la indiferencia religiosas, los afanes del mundo y de las riquezas (cf. Mt 13,22), el mal ejemplo de los creyentes, las corrientes del pensamiento hostiles a la religión, y finalmente esa actitud del hombre pecador que, por miedo, se oculta de Dios (cf. Gn 3,8-10) y huye ante su llamada (cf. Jon 1,3).

Meditación:

I. El deseo de Dios 

Si uno no se une a Dios en una relación íntima, ¡muere!

No se puede vivir sin amor.

No se puede vivir sin que sientas el amor con que Dios te ama.

Una persona no vive, cuando no conoce y ama a Dios.

Dios no nos necesita para nada, pero nos quiere. Por eso, los mandamientos de la Ley de Dios, no son para hacerlo feliz a Él, Dios se basta a sí mismo para ser feliz, es Él quien hace felices a los demás, si esos demás, nosotros, le amamos sobre todas las cosas. Los mandamientos son para que estemos vivos, viviendo según el plan de Dios, que nos creó por amor. La ley de Dios es para que siguiéndola, podamos sentir, vivir, el amor de Dios. El pecado nos aparta de Dios, por eso no es bueno para nosotros; el pecado nos niega la felicidad porque al pecar, no podemos sentir el amor con que Dios nos ama, porque el amor verdadero, el amor de Dios es puro y bueno, y sólo quien es puro y bueno, puede disfrutarlo; por eso Dios tuvo la bondad de darnos las leyes, sus Leyes, la Ley de Dios, para que sepamos cómo hallar el amor, su amor, el Amor verdadero.

La unión con Dios es una unión vital, porque vivimos de Él, por Él, para Él. Sin Él, sin Dios, morimos. Así de claro os lo digo, amados hermanos en Cristo: Sin el amor de Dios en nosotros, nos morimos, y para tener su amor, debemos cumplir los mandamientos. ¡No hay otra!

Si no nos unimos a Dios, morimos, pero unidos a Cristo, Él murió por nosotros. Su muerte vale por cada una de las muertes de cada hombre nacido de mujer. Antes de la venida de Cristo, las personas morían, y morían, no tenían la posibilidad de regresar a Dios; por eso Satanás perseguía la vida de Jesús, utilizando de malas personas que deseaban su muerte antes de tiempo; recordemos a Herodes, que les dijo a los Reyes Magos que lo avisaran cuando encontraran al Mesías. Y ¿qué hizo? Hizo matar a todos los niños menores de dos años. La mano de Satanás empuñó la firma que selló la muerte de los inocentes.

Volvamos a la muerte, antes de la muerte de Dios, eso era la muerte; después de morir Dios, en el cuerpo de Jesús, hay vida, vida en el Cielo o en el Infierno, pero la vida sigue fuera del cuerpo. El amor regresa al Amor; y quien no es capaz de volver a sí mismo, (que cada uno es amor salido de Dios, porque Dios lo creó con amor), entonces va al Infierno, a vivir sin amor, ¡sin Dios! Es así de claro, es renunciar al Amor, a sentirse amados por Dios Creador, Salvador y Redentor.

Y Dios nos llama, Dios Espíritu Santo, después de morir Jesús, Dios nos lo envió para consolarnos. ¿De qué? De la pérdida del Amor, al vivir en la vida terrena, en la esencia humana. Dios Espíritu Santo ha venido a amarnos, es Dios mismo que ha venido a amarnos, pero sólo lo podemos hallar en los sacramentos; quien no es católico, éste no puede sentir el amor de Dios; puede sentir sus deseos propios de amarlo, porque toda criatura busca al Amor, pero es, son, sus propios deseos de amor; el amor verdadero sólo está en Dios, y Dios sólo está en los sacramentos, está allí verdaderamente presente. Y, ¿por qué no se nos entrega Dios a todos y cada uno? Lo hace, Dios se entrega a todos y a cada uno, pero ése uno debe usar de los sacramentos, porque es la única vía de conducta humana que puede conseguir que nos unamos a Dios mismo, porque Dios no es de este mundo humano; vivió en este mundo humano por 33 años, y la única vía de ir a Él, a Dios, es a través de Dios mismo en Jesús. Debéis comprender esto, debéis comprender que sois de otro mundo; hemos venido de otro mundo a vivir a la tierra, para pasar las pruebas que le van a demostrar a Dios que su amor, el amor salido de Él, regresa a Él; libremente lo ha encontrado, libremente lo ha buscado y lo ha hallado, y libremente dice “Sí, Serviam”. Y lo cumple, y sirve a Dios; ¿cómo, cómo, si Dios no necesita de nadie? Sirviendo a los demás. Así se le demuestra a Dios que se le ama, haciendo lo que Él hizo; se hizo humilde y sirvió a Dios Padre, cumpliendo todos los mandamientos de la Ley, siendo Él, la misma Ley, cumplida también. No es difícil de entender, es fácil; medítalo, que seguiré con ello. Pero mientras no vuelvo a escribir, piensa eso, piensa que Dios te ama, que eres amado por Dios, sencillamente porque eres su amor. Él te ama y tú eres su amor, y dejó libre al amor con que Él ama a cada uno de los hombres, para que ese amor, ¡tú!, amor de Dios salido de Él mismo, regrese libremente a Dios, de donde salió, porque eres amor, ¡amor!, el amor con que Dios te ama; eso eres tú, Amor, y sin amor, sin lo que eres, y eres el amor con que Dios te ama, no puedes vivir, no eres, porque tu esencia es amor; los que van al Infierno son los que se han olvidado completamente de Dios; ese amor que son, desapareció, y olvidándose de Dios, se llenó de esencia de lo contrario del amor, de odio, y el odio no va a Dios, va a Satanás, que es su padre, el padre de la negación de ser amados por Dios, de ser hijos de Dios por amor, porque Dios Padre nos creó de ese mismo amor que es Él y que ama, y esa manifestación de amor en cada uno de nosotros, es Alma, nuestra alma, que es amor de Dios y es para Dios, y hasta que no reconoce a Dios, se juega la vida, en la Eternidad de Dios, que es Amor.

Quien tenga sentimientos, los escudriñe, y quien tenga fe, crea en que Dios lo ama y es amor de Dios. Eso eres tú, amor de Dios.

P. Jesús

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