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“EL ENCUENTRO EN BELÉN”

 “EL ENCUENTRO EN BELÉN”

Se acerca el momento del divino encuentro, la Comunión ó “Común-unión” con Jesús. Procura llegar “a tiempo” a Misa, y mejor si llegas “con tiempo”, como corresponde al más importante acontecimiento sobre el Planeta, Dios contigo, sí, digo.

Ve contento pero con recogimiento, y vive la Consagración con la emoción de la fe y la adoración. Los Reyes Magos se postraron y le adoraron…, arrodíllate como mandan el nuevo y el antiguo misal; no, si tienes algún mal, o si te has tragado una escoba (en este caso, “desenfunda” y barre tu ignorancia o tu soberbia).

Ve a recibir a Jesús sacramentado, ilusionado, gozosamente, pero no “alegremente” (más pendiente de lo que hace la gente). Recíbele con amor humilde, reverente y penitente, y antes, reza de manera consciente: “Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo…”, y seguidamente, “Señor, yo no soy digno…”

Dices que no “sientes” nada especial al comulgar…, pues “siéntate”: que no es cuestión de sentimiento, sino de convencimiento y consentimiento. No confundas la gracia sacramental con la gracia sentimental. La felicidad del justo no consiste en estar bien ni en sentirse bien o sentirse a gusto, está en hacer lo bueno y lo mejor, en agradar al Señor.

Recibe agradecido, a Quien te quiere y te ha querido, tanto que por ti ha nacido, y por ti murió malherido.

Piensa que es maravilloso, recibir a Dios Todopoderoso, Creador, Redentor y Amor misericordioso.

Piensa que esta Comunión es la primera del resto de tu vida, y que pudiera ser la última.

Piensa y medita, cómo le recibiría su Madre Santísima, que vivió muchos años en la tierra.

Piensa que a tu corazón, Él vino, el Único Dios y Trino, con signos de Pan y Vino, con todo su Amor divino.

Piensa que acabas de recibir, a Quien por ti fue a morir, y has de tener el honor de tratarle con amor.

Ama al Rey del Amor y pídele con fervor, esperanza y alegría; dale gloria noche y día, como hacía María.

No te acostumbres a ser templo vivo del Dios vivo, no comulgues rutinariamente; procura que cada encuentro con Jesús, sea diferente, por el amor que pones, como hacen los enamorados, aunque se digan siempre lo mismo.

Aprovecha tu imaginación, en la buena dirección; por ejemplo, puedes imaginarte que coges en brazos a Jesús-Niño y te le “comes a besos”, mientras María te sonríe con cariño, y San José te hace un guiño.

Cuando tienes a Dios en tu interior, puedes establecer un diálogo amoroso con Él, es el mejor momento; esos minutos de Gloria, exprímelos para conversar con Jesús, que eso es la oración, pero si te cuesta reflexionar, deja el corazón volar…

Dile que le quieres, que por Él vives y mueres, si es preciso.

Dile que le amarás, que su Reino extenderás; que no serás más mundano y sabrás ir de su mano.

Dile, “no sé qué decirte, que no me acostumbre a recibirte”.

Puedes decirle, “háblame Jesús, mi Hermano, mi Amigo, ahora que estás conmigo”. “Aparta Señor de mí, lo que me aparte de Ti”.

Puedes decirle muchas otras cosas, de tu propia cosecha.

En esta magnífica ocasión de la Santa Comunión, procura evitar toda distracción, porque un corazón enamorado, no puede vivir despistado.

Ah, y no te olvides de darle gracias por la Misa y por la Comunión, ni tampoco olvides pedir por todas las personas que llevas en el corazón.

Acabo mi ilustración, esperando haberte dado muchas ideas, un montón.

Queda con Dios, y llévale en tu corazón.

QUÉ TE PARECE: El corazón de mi alma es un tesoro, que te ofrezco cuando te recibo y te adoro.