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poesías espirituales

Abandonado

 

Abandonado

Abruman las fatigas,

flaquean las fuerzas.

Cansa vivir,

respirar y existir.

 

Prisionero te sientes,

encadenado a tus pesares,

queriendo huir de ti mismo,

por tantos males.

 

Sientes que ya no puedes,

cargar con tus preocupaciones

con tantas contrariedades.

 

No comprendes,

no entiendes…

¿por qué Dios no te socorre?

 

El Todopoderoso

guía tu vida,

por extraños senderos,

pero de ti no se olvida.

 

El Creador

permite tus tropiezos,

y los motivos

son secretos.

 

Mas, resiste con esperanza,

ora y aguarda,

que Dios te escucha,

y dará fin a tu lucha.

 

No te des

por vencido.

No pienses

que está todo perdido.

 

Porque el fracaso

está en abandonar,

y no en volverlo

a intentar.

 

¡Dios existe!

Y aunque no entiendas,

¡tú persiste!

Y acabarán tus lágrimas.

 

Te sientes por

Dios abandonado,

pero es porque en realidad,

tú no te has abandonado

en la Divina Trinidad.

 

Alba Bellido Durán
© copyright

Inocente culpable

 

Inocente culpable

Sangre inocente fue derramada,

para limpiar nuestra alma.

Una vida cruelmente asesinada,

para dar la Vida Eterna.

 

El Rey fue humillado,

sin culpa, ejecutado.

El que nunca cometió pecado,

fue, sin pena, maltratado.

 

El  que vino por misericordia

fue tratado sin misericordia.

El que se entregó por amor,

fue entregado sin amor.

 

Jesús

pagaron tu amor,

con odio y dolor.

Te cargaron de faltas falsas,

cuando Tú viniste a liberar las nuestras.

 

Jesús amado,

¿cuál fue tu crimen,

proclamar el Reino?

¿Qué delito hiciste?

¡Amar a todos y darnos el Cielo!

 

Oh, Dios mío,

llevas a tus espaldas mis pecados,

cargas mis faltas en tus hombros.

Recibes mi ignominia,

y aceptas padecer mi condena.

 

Con tu sangre,

mi culpa, limpias.

Con tu humillación,

mis pecados, reparas.

 

Con tu oprobio,

me abres el Reino.

Con cariño,

¡sufres tu calvario!

 

No te quejaste

por ningún latigazo,

callaste y te aguantaste,

¡mientras, nos amabas!

 

Tú, querido Jesús,

padeciste las penas

 que yo merecía,

y me diste la Eternidad

que no merecía.

Oh mi Dios,

como cordero, fuiste inmolado,

cual ladrón, condenado,

y lo único que has robado

es mi corazón, de ti enamorado.

¡Te amo!

 

Alba Bellido Durán
© copyright

 

Gran virtud

 

Gran virtud

Corazón orgulloso,

no hallará la felicidad,

su alma en oscuridad,

permanecerá toda la eternidad.

 

Vivir resentido,

vivir con egoísmo,

tiene el destino

de una vida sin sentido.

 

Vivir sin perdón,

vivir con duro corazón,

lleva a la situación

de una vida sin ilusión.

 

El sosiego se halla,

en el alma aquella,

que con humildad, vive

y con humildad, espera.

 

El corazón descansa

cuando tal virtud, contiene,

pues aprende

en Dios, poner su confianza.

 

La belleza de la humildad,

hace florecer el alma,

y lleva a alcanzar

la felicidad y santidad.

 

La pureza de la humildad,

hace, con amor, obrar,

y lleva a practicar

la misericordia y caridad.

 

La asumción de la humildad

hace nuestra pequeñez reconocer,

y lleva a valorar el querer

que Dios nos da sin necesidad.

 

Humildad, virtud preciosa

que una alma piadosa,

debe conseguir.

 

Humildad, fuente de alegría

que día a día

hay que perseguir.

 

Vivir con humildad,

es vivir ¡camino a la santidad!

 

Alba Bellido Durán
© copyright

 

Volver a ti

 

Volver a ti

Oh, mi Dios,

de tu pensamiento nací,

 y volveré junto a Ti;

en la Eternidad nos veremos,
¡por fin nos reencontraremos!

 

Susurra mi alma,

que espera tu compañía.

Mi corazón ya desea,

fundirse en el tuyo.

 

Nostalgia siento,

ya quiero

vivir en tus adentros.

 

Impaciencia tengo,

ya deseo,

vivir en tu Reino.

 

Mientras espero

nuestro reencuentro,

me mantengo en el deseo

de vivir para siempre a tu lado.

 

Mientras lucho,

por mi regreso,

me sostengo en el anhelo,

de  sentir para siempre tu abrazo.

 

Por fin podré

descubrir tu rostro.

Al fin gozaré

de notar cuánto me amas.

 

Tu grandeza, miraré,

tu gloria, admiraré,

tus maravillas, contemplaré,

y en tu corazón me fundiré.

 

Descubriré las hazañas,

que has hecho para recuperar mi alma.

Me complaceré en pertenecerte

y junto a ti, mantenerme eternamente.

 

Oh, mi Dios,

viviré en tu Trinidad,

¡Qué felicidad!

Duele tener que esperar,

pero tu amor ayuda a aguardar.

 

De tu pensamiento, nací,

por tu deseo, existí.

Tú me creaste a mí

¡y volveré junto a Ti!

¡Claro que sí!

 

Alba Bellido Durán
© copyright