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Poesías

Bendita libertad

 

Bendita libertad 

 

Libres somos todos,

de elegir el bien o mal.

Libres somos,

de decidir cómo actuar.

 

Nadie nos obliga,

Nadie nos esclaviza,

a proceder con bondad,

o a proceder con maldad.

 

Obvio es,

 todo tiene consecuencias.

Obvio es

si pinchas sangra.

 

Bendita libertad,

que Dios nos da.

Bendita libertad

de amar u odiar.

 

Libres de decidir,

libres de pensar.

Gracias a Ti Jesús,

que nos pagaste la libertad.

 

Cierto es,

existen las leyes divinas.

Cierto es,

Tú, alma, te vas a morir algún día.

 

Bendita libertad,

Con la que decidir bien obrar.

¡Bendita libertad del Amor!

que desea libre elección.

 

Solamente el pecado esclaviza,

solamente los vicios te atan.

El Amor de Dios da alas,

y libera tu alma.

 

¡Oh, Dios!

En plena libertad,

Decido amarte.

 

¡Oh, Dios!

En plena libertad

Decido adorarte

 

Alba Bellido Durán
© copyright

 

Regresa

 

Regresa 

 

¿Porque te has ido…?

 

Dejaste tu fe en el olvido,

rechazaste a la Iglesia.

Negaste la doctrina Católica,

no quisiste saber nada de ella.

 

Preferiste seguir otras ideas,

elegiste otros caminos;

parecían más prometedores,

parecían más complacientes.

 

Pero regresa, regresa…

 

Sí, te alejaste de tu fe,

Poco a poco…

A misa dejaste de asistir,

la Eucaristía de recibir.

 

Pensaste otra dirección seguir,

a escondidas de Dios vivir.

Creíste ingenuamente,

que así sería más feliz,

 

Pero regresa, regresa…

 

Debido a tu tibieza,

Caíste en las trampas de Satanás.

¡Rechazaste a Dios sin más!

 

¡Pero regresa, regresa!

¿no ves que no eres feliz?

 

Recuerda el bautismo,

que recibiste de niño.

Deja que te diga,

¡qué sigues siendo de Dios hijo!

 

Regresa, regresa.

 

¡No te engañes!

El Amor del Señor necesitas.

¡No lo niegues!

Él te dará lo que buscas.

 

Alma, vuelve,

vuelve a vivir la fe.

Regresa a la Iglesia,

dónde Dios y tú felicidad te espera.

 

Alba Bellido Durán
© copyright

 

Gracias María

 

Gracias María

 

Muchas veces me has levantado,

muchas veces me has abrazado.

He notado como me has cuidado,

he notado como me has alegrado.

 

Dulce y atentamente,

cariñosa y amablemente;

mi corazón desconsolado

Tú has reparado.

 

Aún en silencio,

si yo saberlo,

Tú, Mamá María

sé me has amparado.

 

Con tu perfume de rosas

me has rociado.

Dentro de tu Corazón Sagrado,

me has resguardado.

 

Mi alma

has confortado.

Con tus caricias

me has consolado.

 

Sí, Mamá,

sé que siempre estás a mi lado.

Sí, Mamá,

sé que me amas sin reparo.

 

Mamá María,

Virgen querida,

Gracias por amarme,

Gracias por cuidarme.

 

Dios nos bendijo,

Dándotenos como madre;

Tú con agrado,

cumples el encargo.

 

Lástima que algunos

Te tengan en el olvido.

Siento que desprecien,

tus maternales cuidados.

 

Yo, Mamá María,

deseo agradecerte

tu bella compañía.

Te agradezco inmensamente

 todos los sacrificios

que haces por tus hijos.

 

Gracias Mamá.

¡Ahora deja que yo te abrace!

y seques tus lágrimas.

 

¡Gracias María!

Ahora deja que yo te consuele,

Y… ¡regálame una sonrisa!

 

Alba Bellido Durán
© copyright

 

Esperando

 

Esperando

 

Donde la espera consume,

donde los segundos son puñales.

Donde un instante es eterno,

donde tu mirada es un anhelo.

 

Esperando, allí siguen esperando.

 

Con abatimiento,

con tristeza,

con sufrimiento,

pero con esperanza.

 

Se están purificando,

aquellas almas,

que esperan ir a tu Gloria.

 

Esperando, allí siguen esperando.

 

Deben alcanzar,

la santidad necesaria,

deben lograr

un alma inmaculada.

 

Ahora saben que mal obraron,

y lloran por haber errado.

Suficiente penitencia no hicieron,

sus pecados en la Tierra no repararon.

 

Están esperando, allí se están purificando.

 

Queridas almas del Purgatorio,

mi alma llora por vosotras,

desea pudiérais ir ya ahora,

al Cielo, a la Gloria.

 

Vuestros lamentos,

nos sirvan de alerta,

vuestros gemidos,

nos recuerden la meta.

 

En gracia morir,

es nuestro deber.

La Santidad vivir,

eso tenemos que hacer.

 

Nuestras oraciones,

os consuelen.

Nuestros sacrificios,

os ayuden.

 

Queridas amigas,

si pudiera vuestra alma alegrar,

si pudiera vuestro corazón abrazar,

¡Si pudiera tan sólo, vuestras lágrimas secar…!

 

Vuestro sufrimiento,

me entristece;

vuestra espera,

mi llanto merece.

 

Solamente deseo recordaros

que os quiero.

Solamente deseo gritaros

¡Que Dios os ama mientras estáis esperando!

 

Alba Bellido Durán
© copyright