Saltar al contenido

Boletín CatholicosOnLine

Envío diario nº 5.118- Domingo 26-6-22

¿Quieres recibir el Evangelio diario GRATIS? Suscríbete AQUÍ

Domingo 26 de Junio de 2.022

Tiempo ordinario/13º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Lucas 9, 51-62

La mala acogida de los samaritanos

51Estando para cumplirse los días de su ascensión, (Jesús) se dirigió resueltamente a Jerusalén, 52y envió mensajeros delante de sí, que en su camino entraron en una aldea de samaritanos para prepararle albergue. 53No fueron recibidos, porque iban a Jerusalén. 54Viéndolo los discípulos, Santiago y Juan dijeron: Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que los consuma? 55Volviéndose Jesús, los reprendió, 56y se fueron a otra aldea.

57Siguiendo el camino, vino uno que le dijo: Te seguiré adondequiera que vayas. 58Jesús le respondió: Las raposas tienen cuevas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. 59A otro le dijo: Sígueme, y respondió: Señor, déjame ir primero a sepultar a mi padre. 60Él le contestó: Deja a los muertos sepultar a sus muertos, y tú vete y anuncia el reino de Dios. 61Otro le dijo: Te seguiré, Señor, pero déjame antes ir a despedirme de los de mi casa. 62Jesús le dijo: Nadie que, después de haber puesto la mano sobre el arado, mire atrás, es apto para el reino de Dios.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

La mala acogida de los samaritanos

Ves, te lo vengo diciendo, no puedes pretender hacer maldad, y menos inmiscuir al Cielo en tus fechorías; por muy católico que creas ser, si pides un mal para los demás o para ti mismo al Cielo, a quien se lo pides es a Satanás, porque de Dios no puede salir ¡jamás! mal alguno, Dios es la Suprema Bondad Infinita, así que te aviso para que lo sepas, cuando pides al Cielo mal, se lo pides a Satanás.

A ver si te enteras.

Te espero en el confesonario. Ven… Dios te perdona siempre, incluso esas ráfagas de odio que sientes y que estás tratando de evitar. Ven, confiésate y verás cómo te ama Dios. ¡Ven! ¿Por qué no vienes?… Ya sé, ya sé que no se han portado bien contigo ni con Dios, pero, hijo, hija, deja que Dios te dé su Bien, que será causa de su mal estar. Deja que Dios, amparándote y cuidándote, sea, sin querer, quien ponga amargura a los que no tienen caridad contigo. Eso es la justicia divina, ayudarte a ti a ser mejor, a que las cosas te vayan mejor para que seas uno de los bienaventurados, y los que te han querido crucificar mueran de dolor por no haber podido dañarte a ti, HIJO DE DIOS.

P. Jesús

© copyright

Consejo nº 1.240

.-Las personas son fieles siempre a la amistad, no van por temporadas.

P. Jesús

© copyright

San Josemaría Escrivá, Fundador

Josemaría Escrivá de Balaguer es uno de los más populares fundadores y apóstoles del siglo XX. Nació en Barbastro Aragón, España, de un hogar sumamente creyente y ejemplar. Fundó en 1928 el Opus Dei, que fue hasta noviembre de 1982 un instituto secular. En esa fecha, fue denominada por Juan Pablo II como Prelatura Personal.

Josemaría tuvo desde muy pequeño una gran cualidad: su espíritu de servicio a los demás, y se propuso a imitar el espíritu de servicio de Jesús, y dedicar su vida entera a lograr hacer el mayor bien posible a toda clase de gentes.

Después de obtener su doctorado en la universidad, fue ordenado sacerdote en 1925 y se dedicó al apostolado. Con su espíritu alegre y jovial, se ganó el corazón de todos, convirtiendo a muchas almas pecadores y ganando cada vez más discípulos. Josemaría fue un instrumento en las manos de Dios, por medio del cual la Iglesia Católica logró conseguir líderes apostólicos en todos los continentes y empezó nuevas obras de apostolado en muchas naciones. 
El 2 de octubre de 1928 Josemaría concebió la idea de fundar una asociación en la cual cada persona, siguiendo sus labores ordinarias en el mundo, se dedicara a conseguir la santidad y a propagar el reino de Cristo. Fundó entonces la famosa organización llamada Opus Dei (Obra de Dios) que ahora está extendida por todos los países del mundo. Desde 1928 hasta su muerte en 1975, Josemaría Escrivá dedicó todas sus energías y sus grandes cualidades y todo su tiempo, a extender y a perfeccionar la obra maravillosa que Dios le había encomendado: El Opus Dei, una asociación para llevar hacia la santidad a las personas, pero permaneciendo cada cual en su propia profesión y oficio. 

Fue beatificado por S.S. Juan Pablo II en Roma el 17 de mayo de 1992. Fue canonizado por Juan Pablo II el 6 de octubre de 2002.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Josemaría Escrivá, Fundador

San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Hombre piadoso y lleno de la gracia de Dios.

Este santo, dio forma a la evangelización en el mundanismo. Si antes, para ser santos, las personas, parecía que tenían que alejarse del mundo, San Josemaría les mostró el camino de una santidad en medio del mundo, haciendo gran apostolado en las personas que les atrae el mundo y quieren a la vez ser santos.

P. Jesús

© copyright

Domingo, 2 de mayo de 2.010

A ti que sufres:

Hijo de Dios, a ti que sufres, hoy que es domingo, voy a cumplir contigo mi deber, impuesto por la Santa Madre Iglesia, de dedicar el domingo a Dios, al descanso del trabajo ordinario y a la voluntad de Dios Padre de aliviar al necesitado, a ti.

Hermano mío, hijo del mismo Padre, Dios, y la misma Madre, María, ¡un abrazo! Un abrazo fuerte y cálido, que traspase tu cuerpo enfermo y se pose en tu corazón, que tiene que estar, que debe de estar lleno de Dios. No dejes, hermano mío, hermana mía, que el dolor supla a Dios. No hagas de tu dolor, de tu sufrimiento, el dios que rija tu vida. Tu vida debe ser regida por Dios y no por nada que te pase, aunque sea el dolor, este sufrimiento, la enfermedad. Hermano, hermana, amado por la más bella mujer del mundo: María Virgen; ven conmigo, juntas nuestras manos, y vayamos a María, siempre María, la maravillosa María, y pidámosle perdón por los que no la respetan ni la aman, y pidámosle que, de nuestra parte, pida perdón a Dios, por los enfermos del alma, que ni respetan a Dios ni le aman y, lo más doloroso de todo, que no aceptan su Amor, Amor de todo un Dios que cuida de sus hijos. Mientras tú sufres, Dios te cuida, te mima de continuo, te trata como a un buen hijo, una buena hija; y quiere, Dios Padre, quiere que con tu dolor, y por tu dolor, te unas más a Él, que sufrió tanto al darnos a su único Hijo, Dios mismo, para que matándolo, el mundo se salve sólo con creer en Él, en Jesús de Nazaret, y nombrarlo con total fe.

Vamos, tú y yo, hermano, hermana mía, vamos a confiar el uno en el otro y, teniendo nuestra confianza viva, podremos confiar más y mejor en Dios.

Te voy a pedir un favor antes de despedirme por hoy, te voy a pedir, que confíes en Dios a pesar de lo mal que te lo estás pasando, a pesar de todo tu gran sufrimiento; te ruego encarecidamente que des un voto de confianza a Dios, y creas en su Palabra: “Bienaventurados los que sufren porque ellos verán a Dios”.

Quiero también pedirte algo más, quiero, que a pesar de tu sufrimiento, hagas un propósito, por amor a Dios, por Caridad: y es que durante esta semana hagas cinco actos buenos que por ti mismo, por tu natural, no los harías; quiero, pero quiero que los hagas por Dios, por Caridad. Medita que cosas o palabras son estas que puedes ofrecer a Dios esta semana, junto a tu dolor; cuanto más heroicas sean, más santo te hará Dios, y podrás vivir toda una Eternidad feliz en el Cielo. De eso va la vida, de sufrir, de hacer actos voluntarios de Caridad.

Un abrazo, una sonrisa y una palabra de aliento: ¡Jesús vive! ¡Viva Jesucristo!

Con afecto sincero.

P. Jesús

© copyright

Envío diario nº 5.117- Sábado 25-6-22

¿Quieres recibir el Evangelio diario GRATIS? Suscríbete AQUÍ

Sábado 25 de Junio de 2.022

Tiempo ordinario/12º – Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Mateo 8, 5-17

El siervo del centurión

5Entrando (Jesús) en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, suplicándole 6y diciéndole: Señor, mi siervo yace en casa paralítico, atrozmente atormentado. 7Él le dijo: Yo iré y le curaré. 8Y respondiendo el centurión, dijo: Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo: di sólo una palabra, y mi siervo será curado. 9Porque yo soy un subordinado, pero bajo mí tengo soldados y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi esclavo: Haz esto, y lo hace. 10Viéndole Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: En verdad os digo que en nadie de Israel he hallado tanta fe. 11Os digo, pues, que del oriente y del occidente vendrán y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos, 12mientras que los hijos del reino serán arrojados a las tinieblas exteriores, donde habrá llanto y crujir de dientes. 13Y dijo Jesús al centurión: Ve, hágase contigo según has creído. Y en aquella hora quedó curado el siervo.

14Entrando Jesús en casa de Pedro, vio a la suegra de éste postrada en cama con fiebre. 15Le tomó la mano, y la fiebre la dejó, y ella, levantándose, se puso a servirles.

16Ya atardecido, le presentaron muchos endemoniados, y arrojaba con una palabra los espíritus, y a todos los que se sentían mal los curaba, 17para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, que dice: <<El tomó nuestras enfermedades y cargó con nuestras dolencias>>.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

El siervo del centurión

Pide a Dios por otros y confía en Dios. Acuérdate del centurión, y pide a Dios te dé su fe.

Pide por tu fe, Dios te la aumentará.

Pide fe por el que no tiene, y Dios se la dará.

Pide en nombre de Jesús, a Dios Padre, y todo te será dado, todo te será concedido, contando siempre con tu libertad y la libertad de los demás.

Pon tu libertad al servicio de tu santidad, y tendrás fe por las obras de tu caridad.

Confía en Dios, en Jesús, el Mesías.

P. Jesús

© copyright

Consejo nº 1.239

.-Sé que necesitas gente a tu lado, pero mira que sean personas.

P. Jesús

© copyright

San Próspero de Aquitania

Si no fuera por sus escritos, todos marcados por la controversia semipelagiana, y por el testimonio del historiador Gennadio no sabríamos gran cosa de su vida que destaca por su virtud, por la perseverancia en la lucha por la ortodoxia y por el apasionamiento por la verdad. 

Parece ser que era natural de Aquitania y así se añade a su nombre, como apellido, el de su patria, y vió la luz a finales del siglo IV. Debió recibir una buena y sólida formación, y parece ser que frecuentó la compañía de los monjes que estaban en el monasterio de san Víctor, en Marsella, al sur de Francia. Consta que nunca entró en el mundo de los clérigos, siempre permaneció en el estado seglar y hay indicios prudentes que llevan a pensar que estuvo casado; de hecho, se le atribuye el «Poema de un esposo a su esposa» en cuyo caso no habría duda sobre su estado matrimonial e incluso se le podría aplicar la profundidad de pensamiento y las claras actitudes de vida cristiana que en él aparecen, pero no puede afirmarse con total seguridad por negar algún autor de peso la autoría prosperoniana del poema. 

Bien conocida es la controversia teológica suscitada en el siglo V por la desviada enseñanza de Pelagio contraria al pensar cristiano poseído pacíficamente en la Iglesia. La reacción de san Agustín -con toda clase de argumentos bíblicos y teológicos- no se hizo esperar en defensa de la fe y la sanción de los concilios de Cartago en los años 416 y 418 con la posterior aceptación del papa parecía haber solucionado para siempre el problema. Pero no fue así y es aquí donde entra en juego Próspero de Aquitania. 

Los monjes de san Víctor en Marsella empiezan a inficionar las Galias con un pelagianismo camuflado que enseña el abad Casiano, escritor y teólogo, secundado por sus monjes. Dice en sus «Colaciones» que admite la doctrina contra los pelagianos expuesta por san Agustín y aprobada por los concilios y los papas, pero sostiene con sus monjes que depende del hombre la primera elección que en términos teológicos se denominará desde entonces el «initium fidei». Este es el pensamiento teológico que en el siglo XVI recibirá el nombre de semipelagianismo. Próspero detecta el mal larvado y habla, y discute, y visita, y escribe a Agustín propiciando la escritura de los tratados maduros agustinianos «Sobre el don de la perseverancia» y «De la predestinación de los santos» que escribió, ya anciano, el obispo de Hipona. Es toda una controversia de alto nivel. Como es laico y su fuerza termina en su pobre persona, no cede en la verdad teológica y marcha a Roma para implicar en la defensa de la fe al mismo papa Celestino I que era ya un hombre avezado en este tipo de discusiones y escribió a los obispos galos pidiendo sometimiento al magisterio de la Iglesia recogido de san Agustín. 

Se trataba de intrincadas cuestiones que, en sus matices, son para especialistas teólogos y en las que los incautos son fácil presa al engaño. En juego está la idea de Dios y del hombre, el valor de la Redención y la necesidad de los sacramentos. No era poca cosa la que estaba sobre el tapete. Había que saber conciliar la evidencia del absoluto poder de Dios, su voluntad salvífica universal, y su absoluta libertad con la libertad del hombre que es un ser dependiente y el papel que le concierne en su propia salvación, correspondiendo personalmente a la gracia. Si se concedía excesivo protagonismo a la libertad humana se llegaba al extremo inaceptable de que el hombre puede llegar a la salvación sobrenatural por sus propias fuerzas; si, por el contrario, se acentuaba la absoluta dependencia del hombre con respecto a Dios, se hacía a Dios responsable de la condenación, cosa igualmente imposible. Llegar a la expresión técnica de la fe era cosa de preclaras inteligencias, grandes teólogos y extraordinarios santos. 

Muerto Casiano y fallecido también san Agustín, no se acabó la discusión entre los seguidores del fraile y tuvo que ser el laico o seglar Próspero quien mantuviera firme y alta la bandera de la ortodoxia. Que se sepa, escribió «La vocación de todos los gentiles», «Contra el autor de las Colaciones», «Sobre la Gracia y el libre albedrío» y «De los ingratos». 

Terminó sus días el seglar Próspero siendo secretario nada menos que del papa san León Magno y hasta se piensa que pudo poner su aportación en la Epístola Dogmática escrita a los Orientales para exponer magisterialmente el misterio de la Encarnación, declarando la unión Personal en Cristo contra la herejía de Nestorio y contra Eutiques y los monofisitas las dos naturalezas de Cristo. 

Murió después del año 455, sin que se pueda aventurar con más exactitud la fecha de su muerte en el actual estado de investigación. 

Da gusto ver en el siglo V la entrega de un laico sabio y santo responsable de su misión y puesto en la Iglesia sin renunciar al estado que Dios quiso para él. Aunque en aquella época no se hablaba aún de «promocionar al laicado», ni de «laicos comprometidos», se demuestra una vez más que, para cada uno en particular, la santidad no depende del modo de ser Iglesia en la Iglesia, sino de la fidelidad a la gracia de Dios y del esfuerzo por poner en juego todos los dones recibidos.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Próspero de Aquitania

Hay santos seglares y hay santos religiosos y hay santos sacerdotes; pero todos los santos son consagrados. Quien no tiene fe, no se salva. Y quien no practica la fe, no se salva. Entonces ¿Quiénes se salvan? Los santos. Y todos los santos, han de consagrarse individuamente a Dios para salvarse.

San Próspero de Aquitania, se salvó, pero no tuvo una vida fácil, se dedicó a vivir y a luchar por la fe de su Iglesia, por la fe de Cristo. Lo criticaron, lo calumniaron diciendo cosas de él muy malas y falsas, pero él, San Próspero de Aquitania, pasó los últimos tiempos de su vida junto al Papa, porque los santos son amados y necesitados desde los más altos cargos de la Iglesia para que den buen ejemplo y ayuden a todos a salvarse como ellos mismos se salvan: por su fe y las obras de la misma.

P. Jesús

© copyright

Envío diario nº 5.116- Viernes 24-6-22

¿Quieres recibir el Evangelio diario GRATIS? Suscríbete AQUÍ

Viernes 24 de Junio de 2.022

Tiempo ordinario/12º – Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Lucas 15, 3-7

La oveja perdida

3Propúsoles (Jesús a los fariseos y a los escribas) esta parábola, diciendo: 4¿Quién habrá entre vosotros que, teniendo cien ovejas y habiendo perdido una de ellas, no deje las noventa y nueve en el desierto y vaya en busca de la perdida hasta que la halle? 5Y, una vez hallada, la pone alegre sobre sus hombros, 6y, vuelto a casa, convoca a los amigos y vecinos, diciéndoles: Alegraos conmigo, porque he hallado mi oveja perdida. 7Yo os digo que en el cielo será mayor la alegría por un pecador que haga penitencia que por noventa y nueve justos que no necesitan de penitencia.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

La oveja perdida

A ti, que te van a devorar los lobos, éstas doctrinas falsas; a ti, que te has perdido, y Jesús te llama, ¡a ti!

Lloro por ti…

Sabes del camino a Casa, a la Iglesia Santa, la única Iglesia, la de Dios, la Católica, Apostólica y Romana.

A ti, que sentencias al Papa con tu injusticia, a ti…

¡Cuidado!

¡Los lobos te están devorando!

¿Por qué no haces nada?

¡Jesús te llama!… Y tú te escondes entre la maleza; quieres seguir perdido, te parece que cumplir los mandamientos no va para ti, que eres libre…

¡Corre! ¡¡Corre!!

Estás rodeado de lobos y te escondes del Buen Pastor. ¿Qué será de ti?, ¡¡hijo!! Tu Madre, la Virgen María, llora tanto por ti. Ven a secarle sus lágrimas, amando al Sagrado Corazón de quien te ama y te salvó: Jesús de Nazaret. Acepta la fe, tu fe. De niño, creías.

¡¡Deja la lujuria!!

Oye la voz del Pastor, tu Dios.

Ve a tu Patria, el Cielo Eterno.

Ven a mis brazos, hijo, ¡hijo! No ves que muero al verte morir por dentro. ¡Ven! Vayamos al confesonario. Regresa al Hogar. ¡Ven a mis brazos!

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío. Digámoslo juntos, hijo… hija… ¡Ven!

Reconcíliate contigo mismo, confiesa tus pecados ante un sacerdote católico.

P. Jesús

© copyright

Consejo nº 1.238

.-No creas todo lo que te dicen, muchos ¡mienten!

P. Jesús

© copyright

San Juan Bautista, Nacimiento

Este es el único santo al cual se le celebra la fiesta el día de su nacimiento. 

San Juan Bautista nació seis meses antes de Jesucristo (de hoy en seis meses – el 24 de diciembre – estaremos celebrando el nacimiento de nuestro Redentor, Jesús). 

El capítulo primero del evangelio de San Lucas nos cuenta de la siguiente manera el nacimiento de Juan: Zacarías era un sacerdote judío que estaba casado con Santa Isabel, y no tenían hijos porque ella era estéril. Siendo ya viejos, un día cuando estaba él en el Templo, se le apareció un ángel de pie a la derecha del altar. 

Al verlo se asustó, mas el ángel le dijo: «No tengas miedo, Zacarías; pues vengo a decirte que tú verás al Mesías, y que tu mujer va a tener un hijo, que será su precursor, a quien pondrás por nombre Juan. No beberá vino ni cosa que pueda embriagar y ya desde el vientre de su madre será lleno del Espíritu Santo, y convertirá a muchos para Dios». 

Pero Zacarías respondió al ángel: «¿Cómo podré asegurarme que eso es verdad, pues mi mujer ya es vieja y yo también?». 

El ángel le dijo: «Yo soy Gabriel, que asisto al trono de Dios, de quien he sido enviado a traerte esta nueva. Mas por cuanto tú no has dado crédito a mis palabras, quedarás mudo y no volverás a hablar hasta que todo esto se cumpla». 

Seis meses después, el mismo ángel se apareció a la Santísima Virgen comunicándole que iba a ser Madre del Hijo de Dios, y también le dio la noticia del embarazo de su prima Isabel. 

Llena de gozo corrió a ponerse a disposición de su prima para ayudarle en aquellos momentos. Y habiendo entrado en su casa la saludó. En aquel momento, el niño Juan saltó de alegría en el vientre de su madre, porque acababa de recibir la gracia del Espíritu Santo al contacto del Hijo de Dios que estaba en el vientre de la Virgen. 

También Santa Isabel se sintió llena del Espíritu Santo y, con espíritu profético, exclamó: «Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde me viene a mí tanta dicha de que la Madre de mi Señor venga a verme? Pues en ese instante que la voz de tu salutación llegó a mis oídos, la criatura que hay en mi vientre se puso a dar saltos de júbilo. ¡Oh, bienaventurada eres Tú que has creído! Porque sin falta se cumplirán todas las cosas que se te han dicho de parte del Señor». Y permaneció la Virgen en casa de su prima aproximadamente tres meses; hasta que nació San Juan. 

De la infancia de San Juan nada sabemos. Tal vez, siendo aún un muchacho y huérfano de padres, huyó al desierto lleno del Espíritu de Dios porque el contacto con la naturaleza le acercaba más a Dios. Vivió toda su juventud dedicado nada más a la penitencia y a la oración. 

Como vestido sólo llevaba una piel de camello, y como alimento, aquello que la Providencia pusiera a su alcance: frutas silvestres, raíces, y principalmente langostas y miel silvestre. Solamente le preocupaba el Reino de Dios. 

Cuando Juan tenía más o menos treinta años, se fue a la ribera del Jordán, conducido por el Espíritu Santo, para predicar un bautismo de penitencia. 

Juan no conocía a Jesús; pero el Espíritu Santo le dijo que le vería en el Jordán, y le dio esta señal para que lo reconociera: «Aquel sobre quien vieres que me poso en forma de paloma, Ese es». 

Habiendo llegado al Jordán, se puso a predicar a las gentes diciéndoles: Haced frutos dignos de penitencia y no estéis confiados diciendo: Tenemos por padre a Abraham, porque yo os aseguro que Dios es capaz de hacer nacer de estas piedras hijos de Abraham. Mirad que ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto, será cortado y arrojado al fuego». 

Y las gentes le preguntaron: «¿Qué es lo que debemos hacer?». Y contestaba: «El que tenga dos túnicas que reparta con quien no tenga ninguna; y el que tenga alimentos que haga lo mismo»… 

«Yo a la verdad os bautizo con agua para moveros a la penitencia; pero el que ha de venir después de mí es más poderoso que yo, y yo no soy digno ni siquiera de soltar la correa de sus sandalias. El es el que ha de bautizaros en el Espíritu Santo…» 

Los judíos empezaron a sospechar si el era el Cristo que tenía que venir y enviaron a unos sacerdotes a preguntarle «¿Tu quién eres?» El confesó claramente: «Yo no soy el Cristo» Insistieron: «¿Pues cómo bautizas?» Respondió Juan, diciendo: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está Uno a quien vosotros no conocéis. El es el que ha de venir después de mí…» 

Por este tiempo vino Jesús de Galilea al Jordán en busca de Juan para ser bautizado. Juan se resistía a ello diciendo: «¡Yo debo ser bautizado por Ti y Tú vienes a mí! A lo cual respondió Jesús, diciendo: «Déjame hacer esto ahora, así es como conviene que nosotros cumplamos toda justicia». Entonces Juan condescendió con El. 

Habiendo sido bautizado Jesús, al momento de salir del agua, y mientras hacía oración, se abrieron los cielos y se vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y permaneció sobre El. Y en aquel momento se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo todas mis complacencias». 

Al día siguiente vio Juan a Jesús que venía a su encuentro, y al verlo dijo a los que estaban con él: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquél de quien yo os dije: Detrás de mí vendrá un varón, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». 

Entonces Juan atestiguó, diciendo: «He visto al Espíritu en forma de paloma descender del cielo y posarse sobre El. Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: Aquél sobre quien vieres que baja el Espíritu Santo y posa sobre El, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo. Yo lo he visto, y por eso doy testimonio de que El es el Hijo de Dios». 

Herodías era la mujer de Filipo, hermano de Herodes. Herodías se divorció de su esposo y se casó con Herodes, y entonces Juan fue con él y le recriminó diciendo: «No te es lícito tener por mujer a la que es de tu hermano»; y le echaba en cara las cosas malas que había hecho. 

Entonces Herodes, instigado por la adúltera, mandó gente hasta el Jordán para traerlo preso, queriendo matarle, mas no se atrevió sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía, pues estaba muy perplejo y preocupado por lo que le decía. 

Herodías le odiaba a muerte y sólo deseaba encontrar la ocasión de quitarlo de en medio, pues tal vez temía que a Herodes le remordiera la conciencia y la despidiera siguiendo el consejo de Juan. 

Sin comprenderlo, ella iba a ser la ocasión del primer mártir que murió en defensa de la indisolubilidad del matrimonio y en contra del divorcio. 

Estando Juan en la cárcel y viendo que algunos de sus discípulos tenían dudas respecto a Jesús, los mandó a El para que El mismo los fortaleciera en la fe. 

Llegando donde El estaba, le preguntaron diciendo: «Juan el Bautista nos ha enviado a Ti a preguntarte si eres Tú el que tenía que venir, o esperamos a otro». 

En aquel momento curó Jesús a muchos enfermos. Y, respondiendo, les dijo: «Id y contad a Juan las cosas que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio…» 

Así que fueron los discípulos de Juan, empezó Jesús a decir: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Alguna caña sacudida por el viento? o ¿Qué salisteis a ver? ¿Algún profeta? Si, ciertamente, Yo os lo aseguro; y más que un profeta. Pues de El es de quien está escrito: Mira que yo te envío mi mensajero delante de Ti para que te prepare el camino. Por tanto os digo: Entre los nacidos de mujer, nadie ha sido mayor que Juan el Bautista…» 

Llegó el cumpleaños de Herodes y celebró un gran banquete, invitando a muchos personajes importantes. Y al final del banquete entró la hija de Herodías y bailó en presencia de todos, de forma que agradó mucho a los invitados y principalmente al propio Herodes. 

Entonces el rey juró a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré, aunque sea la mitad de mi reino». 

Ella salió fuera y preguntó a su madre: «¿Qué le pediré?» La adúltera, que vio la ocasión de conseguir al rey lo que tanto ansiaba, le contestó: «Pídele la cabeza de Juan el Bautista». La muchacha entró de nuevo y en seguida dijo al rey: «Quiero que me des ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista». 

Entonces se dio cuenta el rey de su error, y se puso muy triste porque temía matar al Bautista; pero a causa del juramento, no quiso desairarla, y, llamando a su guardia personal, ordenó que fuesen a la cárcel, lo decapitasen y le entregaran a la muchacha la cabeza de Juan en la forma que ella lo había solicitado. 

Juan Bautista: pídele a Jesús que nos envíe muchos profetas y santos como tú.

Fuente: www.ewtn.com

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Juan Bautista, Nacimiento

Hasta que San Juan Bautista no fue bautizado, su padre, Zacarías, no volvió a hablar. No habló, no hasta que nació su hijo, sino hasta que le puso por nombre el nombre que el Ángel de Dios le dijo: “Juan”. Y así demuestra y muestra la historia, que hasta que uno no cumple con los designios de Dios, estás mudo, estás castigado por tu incredulidad.

Si en tu vida hay una serie de sucesos, que parece que Dios te castiga, puede que hayas hecho como Zacarías y no hayas creído que eres para Dios, su amado hijo, elegido para propagar al mundo el Evangelio y servir con amor a tus hermanos pequeños en la fe de Cristo Rey. ¿No eres bautizado? Pues, ¿Por qué dudas de que debes propagar el Evangelio? Esa es tu misión, misión santa para todos los bautizados.

San Juan Bautista cumplió con su Misión y, misionando, bautizaba, y muchos creían en Dios por su palabra.

San Juan Bautista, qué gran santo, porque fue fiel a lo que Dios esperaba de él.

P. Jesús

© copyright

Envío diario nº 5.115- Jueves 23-6-22

¿Quieres recibir el Evangelio diario GRATIS? Suscríbete AQUÍ

Jueves 23 de Junio de 2.022

Tiempo ordinario/12º – Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Lucas 1, 57-66.80

La mano del Señor estaba con él

57Le llegó a Isabel el tiempo de dar a luz, y parió un hijo. 58Oyendo sus vecinos y parientes que el Señor le había mostrado la grandeza de su misericordia, se congratulaban con ella. 59Al octavo día vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarle con el nombre de su padre, Zacarías. 60Pero la madre tomó la palabra y dijo: No, se llamará Juan. 61Le decían: ¡Si no hay ninguno en tu parentela que se llame con ese nombre! 62Entonces preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamase; 63y pidiendo unas tablillas, escribió: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron. 64Y al instante se abrió su boca (y se soltó) su lengua, y, empezando a hablar bendecía a Dios.

65Se apoderó el temor de todos los vecinos, y en toda la montaña de Judea se contaban todas estas cosas, 66y cuantos las oían, pensativos, se decían: ¿Qué vendrá a ser este niño?

80El niño crecía y se fortalecía en espíritu, y moraba en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

La mano del Señor estaba con él

La mano del Señor estaba con San Juan, ya antes de nacer, Y la mano de Dios está en muchos que le sirven. Y la gente queda admirada de ello y piensan, “¿qué será de él-ella?”
Dejemos que la voluntad de Dios se obre en cada uno, porque cada uno tiene su propia misión y su amistad con Dios.

Dios elije, y a quién elije, le pasa por muchas pruebas, y muchos lo observan, y algunos intentan cortar cabezas, pero ya Cristo murió y, ahora, en el siglo actual no se cortan cabezas, quieren declarar locura psíquica y separar a la familia; es otra forma y manera de separar la cabeza del tronco, pero Dios es Dios y, hasta no llegado el momento, nadie muere antes de tiempo, así que hay mucha labor por delante, porque el tiempo apremia, y estamos en primavera, y hay alegría en los bienaventurados porque se ha podado, y se va a proceder a quitar las malas hierbas, para que en estos buenos tiempos, todo florezca con la alegría de la fe y la compañía de la Virgen María.

¡Es tiempo de primavera!

¡Alegría para la Iglesia!

Ponte un vestido nuevo y disfruta en el Hogar, porque allí donde vive Dios, hay alegría, la alegría de la resurrección.

P. Jesús

© copyright

Consejo nº 1.237

.-Regresan los que te despreciaron; trátalos con cuidado.

P. Jesús

© copyright

San José Cafasso, Confesor († 1860)

Este humilde sacerdote fue quizás el más grande amigo y benefactor de San Juan Bosco y, de muchos seminaristas pobres más, uno de los mejores formadores de sacerdotes del siglo XIX. Nació en 1811 en el mismo pueblo donde nació San Juan Bosco. Una hermana suya fue la mamá de otro santo: San José Alamano, fundador de la comunidad de los Padres de la Consolata. Desde niño sobresalió por su gran inclinación a la piedad y a repartir ayudas a los pobres. En el año 1827, siendo Caffaso seminarista se encontró por primera vez con Juan Bosco. Cafasso era de familia acomodada del pueblo y Bosco provenía de una familia humilde y absolutamente pobre.

Tras ordenarse como sacerdote, a la edad de 21 años, el santo viajó a Turín, a perfeccionar sus estudios en el instituto «El Convictorio». Sus habilidades estudiantiles fueron premiadas al ser nombrado como profesor de la institución académica, y luego como rector por doce años. San José Cafasso formó más de cien sacerdotes en Turín, y entre sus alumnos tuvo varios santos.

En Turín, que era la capital del reino de Saboya, las cárceles estaban llenas de terribles criminales, abandonados por todos. Sin embargo, San José Cafasso decidió evangelizar ese lugar, y con infinita paciencia y amabilidad se fue ganando los presos uno por uno, los hacía confesarse y empezar una vida santa. Además, el santo acompañó hasta la horca a más de 68 condenados a muerte, y aunque habían sido terribles criminales, ni uno sólo murió sin confesarse y arrepentirse.

La primera cualidad que todos notaban en este santo era «el don de consejo», cualidad que el Espíritu Santo le había dado para saber aconsejar lo que más le convenía a cada uno. Otra gran cualidad que lo hizo muy popular fue su calma y su serenidad. Algo encorvado (desde joven) y pequeño de estatura, pero en el rostro siempre una sonrisa amable. Su voz sonora, y encantadora, y de su conversación irradiaba una alegría contagiosa.

Falleció un sábado 23 de junio de 1860, a la edad de sólo 49 años. Su oración fúnebre la hizo su discípulo preferido: San Juan Bosco. Antes de morir escribió esta estrofa: «No será muerte sino un dulce sueño para ti, alma mía, si al morir te asiste Jesús, y te recibe la Virgen María». Fue canonizado por el Papa Pío XII en 1947.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San José Cafasso, Confesor († 1860)

Sacerdote santo, nuestro santo de hoy San José Cafasso. ¿Cuántos sacerdotes de hoy, siglo XXI llevan una vida semejante a él? “Alguno habrá”, piensan las personas de fe. Y tú que eres sacerdote: ¿Qué?; ¿Qué tienes que decir de este Santo? ¿Lo imitas? Ay, ay, ay. Ya no sabes a donde mirar. Te lo diré: No mires a los que están vivos, mira a los Santos como San José Cafasso, y confiesa tus pecados y ¡Adelante! Hacia la Santidad que tienes destinada por la oración de la Madre de Dios y la Sangre derramada de tu Hermano mayor, Cristo Jesús.

Imitemos a los Santos. Eso no es plagio; es legal y la santa voluntad del Padre Celestial.

P. Jesús

© copyright