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Envío diario nº 4.075- Domingo 18-8-19

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Domingo 18 de Agosto de 2.019

Tiempo Ordinario /20º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Lucas 12, 49-53

Fuego de Amor

(Dijo Jesús a sus discípulos): 49Yo he venido a echar fuego en la tierra, ¿y qué he de querer sino que se encienda? 50Tengo que recibir un bautismo, ¡y cómo me siento constreñido hasta que se cumpla! 51¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? Os digo que no, sino la disensión. 52Porque en adelante estarán en una casa cinco divididos, tres contra dos y dos contra tres; 53se dividirán el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre, y la madre contra la hija, y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera, y la nuera contra la suegra.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

Fuego de Amor

Ama con toda la potencia de tu corazón, ¡ama de verdad!, ama sin querer dañar, sino queriendo dar de ti lo mejor, a Dios y a los demás; esto es el amor, ¡entrega!; entrégate haciendo obras buenas. Consuela al que sufre, ayuda al necesitado, trabaja y haz bien tu trabajo. El mundo te necesita, necesita de ti, y no sólo una sonrisa, sino algo mejor, tu bondad de corazón.

Amando a Dios, conociendo a Jesús, vive en ti este fuego de amor que Dios, Jesús, enciende en el corazón del creyente que le conoce, le ama, le habla y le recibe como alimento de fe y amor en la Sagrada Hostia Consagrada.

Que tu fuego sea del buen amor de Dios.

No confundas la pasión de ser apasionado-a, con el fuego del amor; la pasión, a veces, hace bien, y otras hace mal; en cambio, el fuego, este fuego que Dios, Jesús, vino a encender, no puede hacer nunca mal, siempre el bien. Podrás discernir si tienes pasión, o contiene tu corazón el fuego del amor de Dios, por las palabras y las obras que te empuje a hacer esta fuerza interior; si es amor, vivirás la fe, amarás a Dios sobre todas las cosas y personas, y harás siempre el bien y lo mejor, con caridad, por caridad.

Dios es Amor.

P. Jesús
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Consejo nº 1.426

.-Haz tus maletas con alegría, da la bienvenida a tu dicha.

P. Jesús

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Santa Elena

Viuda, madre del Emperador Constantino (año 329)
Elena significa: “antorcha resplandeciente”.

Nació a mediados del siglo III, probablemente en Bitinia, región del Asia Menor. Los autores británicos sostienen que nació en Inglaterra, que era en aquel tiempo provincia romana, y que Constancio Cloro, tribuno y más tarde gobernador de la isla, se enamoró de ella, y la tomó en matrimonio. Hacia el año 274 tuvieron a un niño, a quien pusieron por nombre Constantino.

Constancio Cloro llegó a ser mariscal de campo; luego el emperador Maximiano lo nombró corregente y, por tanto, su sucesor en el Imperio, pero con la condición de que repudiara a su mujer y tomase por esposa a su hijastra Teodora.

Tanto Elena como Constancio Cloro eran paganos. Llevado por la ambición Constancio se separó de ella y se llevó a Roma a su pequeño hijo Constantino. Catorce años lloró Elena su desgracia, hasta que al morir Constancio, en el año 306, fue nombrado emperador Constantino, con lo que se inició para ella una nueva forma de vida.

Constantino mandó llamar a su madre a la corte, le confirió el nombre de Augusta y el título de emperatriz.
Purificada por el sufrimiento, Elena recibió el bautismo, probablemente en el año 307, y fue una cristiana ejemplar, testigo de la gran jornada en que Constantino hizo poner por primera vez la cruz en los estandartes de sus legiones para vencer en batalla a su rival Majencio. Era el mes de octubre del año 312.

A comienzos del 313 el emperador publicó el edicto de Milán, por el cual se permitía al cristianismo en el Imperio. Siguiendo el ejemplo de su madre, se convirtió, siendo bautizado por el Papa san Silvestre. Después de trescientos años de persecución, la Iglesia de Cristo se asentaba triunfante en la tierra. La piadosa emperatriz se dedicó por entero a socorrer a los pobres y aliviar las miserias de sus semejantes.

Anciana ya -tenía entonces setenta y siete años- visitó en peregrinación los santos lugares. Subió a la cima del Gólgota; donde se erigía un templo en honor de Venus, hecho construir por el emperador Adriano, y al enterarse de la costumbre judía de enterrar en el lugar de la ejecución de un malhechor los instrumentos que sirvieron para darle muerte, mandó derribar el templo y buscar la cruz donde padeciera el Redentor. Tres cruces fueron halladas. Una antigua tradición relata el modo milagroso como logró identificar la que correspondió a Jesús, mediante la curación de un moribundo.

Santa Elena hizo dividir la cruz en tres partes. Uno de los trozos lo entregó al obispo Macario, para que lo entronizara en la Iglesia de Jerusalén; el segundo lo envió a la Iglesia de Constantinopla y el tercero a Roma, a la basílica que, por tal motivo, se llamó Santa Cruz de Jerusalén. Mandó también construir tres edificios, llamados casas de Dios: uno junto al monte Calvario, otro en la cueva de Belén y un tercero en el monte de los Olivos. La emperatriz permaneció largo tiempo en Palestina, sirviendo al Señor con la oración y las obras de caridad. Cuidaba a los enfermos, libertaba a los cautivos y daba alimentos a los pobres, llevando siempre en su espíritu -como ejemplo- la imagen de la Virgen María.

Tenía ochenta años cuando regresó de su viaje. Falleció poco después, probablemente en Tréveris, hacia el año 328 ó 330. El martirologio romano la conmemora el 18 de agosto.
Algunas de sus reliquias se conservan en Roma, en una capilla dedicada a ella

HALLAZGO DE LA SANTA CRUZ

Cuenta el historiador Eusebio de Cesarea que el general Constantino, hijo de Santa Elena, era pagano pero respetaba a los cristianos. Y que teniendo que presentar una terrible batalla contra el perseguidor Majencio, jefe de Roma, el año 311, la noche anterior a la batalla tuvo un sueño en el cual vio una cruz luminosa en los aires y oyó una voz que le decía: “Con este signo vencerás”, y que al empezar la batalla mandó colocar la cruz en varias banderas de los batallones y que exclamó: “Confío en Cristo en quien cree mi madre Elena”. Y la victoria fue total, y Constantino llegó a ser Emperador y decretó la libertad para los cristianos, que por tres siglos venían siendo muy perseguidos por los gobernantes paganos.

Escritores sumamente antiguos como Rufino, Zozemeno, San Crisóstomo y San Ambrosio, cuentan que Santa Elena, la madre del emperador, pidió permiso a su hijo Constantino para ir a buscar en Jerusalén la cruz en la cual murió Jesús. Después de muchas y muy profundas excavaciones se encontraron tres cruces. Como no se podía distinguir cuál era la cruz  de Jesús, llevaron a una mujer agonizante. Al tocarla con la primera cruz, la enferma se agravó, al tocarla con la segunda, quedó igual de enferma de lo que estaba antes, pero al tocarla con la tercera cruz, la enferma recuperó instantáneamente la salud.

Fue así como Santa Elena, y el obispo de Jerusalén, Macario, y miles de devotos llevaron la cruz en piadosa procesión por las calles de Jerusalén. Y que por el camino se encontraron con una mujer viuda que llevaba a su hijo muerto a enterrar y que acercaron la Santa Cruz al muerto y éste resucitó.

Por muchos siglos se ha celebrado en Jerusalén y en muchísimos sitios del mundo entero, la fiesta del hallazgo de la Santa Cruz, el día 3 de Mayo.

Louis de Wohl, autor de la obra biográfica “ El árbol viviente, historia de la Emperatriz Santa Elena” narra de esta manera el hallazgo de la Santa Cruz:

“Se acercó a él una comisión formada por tres jóvenes sacerdotes; uno de ellos le dirigió la palabra y le dijo en voz baja algo a propósito de unas cartas que habían llegado de Antioquia; se le requería urgentemente en la ciudad.

– Mi sitio esta aquí –respondió el obispo Macario–. Vete, hijo mío.

Y siguió mirando el hoyo que se abría en la tierra. 
No podía ser, por supuesto. Estaba fuera de duda. Pero la más leve, la más remota de las posibilidades…

Sin embargo, había un punto, solamente uno, que le hacia poner en juego la agudeza de su razonamiento: que el Emperador Adriano había mandado a construir un templo a Venus en aquella colina. Adriano… hacia doscientos años; no había sido amigo de los cristianos. La verdad es que los había odiado, tanto como un hombre con una mente tan curiosamente retorcida como la suya podía odiar. Adriano y sus perversos amigos… él podía ser precisamente el hombre a propósito para concebir una idea como aquélla: construir un templo a Venus en el Calvario. La diosa de la lujuria era una abominación para los cristianos… levantarle allí un templo significaba evitar de raíz que aquel lugar se convirtiera en su lugar de reunión para la odiada secta… 
Aquello tenía sentido. Pero era la única cosa que lo tenía en todo aquel asunto, y si… Pero ¿qué le pasaba ahora a la Emperatriz? Estaba temblando violentamente…

Desde la profundidad del hoyo llegó un grito prolongado… y después otro… y otro… 
– ¡Madera! ¡Madrea! ¡Madrea!

Elena cayó de rodillas; instintivamente, sus damas hicieron lo mismo.

El obispo Macario miró dentro del hoyo; su respiración se agitó. Había tantos trabajadores en la excavación que no se podía ver nada.

En la multitud se había hecho el silencio; un silencio que flotaba en el aire como una cosa viva. No hacia viento. 
Incluso los pájaros y los insectos parecían que se habían vuelto mudos.

Sólo se oían los golpes acompasados de un azadón. 
El obispo Macario se hincó de rodillas, lanzando una breve y ronca exclamación. Un instante después todo el mundo estaba arrodillado.

Desde el fondo del hoyo fueron surgiendo tres cruces. 
Asomaban poco a poco… oscilando conforme los trabajadores tiraban de ellas.

Ya estaban arriba. Un puñado de hombres las seguían con sus azadones y sus palas… uno de ellos traía en la mano algo que parecía un pedazo de pergamino. Todavía salieron más hombres. Se quedaron allí parados, vacilantes, desconcertados, como si no se atreviesen a acercarse a la Emperatriz.

Elena intentó ponerse en pie, pero no pudo. Entre Macario y Simón la levantaron, tomándola cada uno por un brazo. Las rodillas se le doblaban cuando se adelantó, tambaleándose, hasta el pie de las tres cruces; se puso a sollozar y el cuerpo entero le temblaba.

A pesar de su enorme excitación, la mente de Macario trabajaba con admirable claridad. Vio el pergamino en las manos de aquel hombre y reconoció los restos de los caracteres hebreos, griegos y latinos… era el cartel que había mandado escribir Pilato. Así es que una de aquellas tres cruces tenía que ser la verdadera Cruz.

¿Pero cuál?

Antes de que pudiera terminar su pensamiento, Elena se abrazó a una de las cruces, como una madre se abraza con su hijo. Después, con un rápido movimiento, agarró al pequeño Simón por un hombro y tiró de él hacia ella. Con los ojos llenos de espanto, el muchacho vio cómo ella tomaba su brazo tullido y le hacía tocar la madera de la Cruz.

Simón lanzó un gemido. Una lengua de fuego pareció recorrerle el brazo de arriba abajo, como si le ardiera. Atónito, vio con estupefacción que el brazo le obedecía. Sobrecogido, comprobó que, por primera vez desde hace siete años, los dedos de su mano derecha se movían. Lo intentó otra vez, y otra vez se movieron. Trató después de balancear el brazo… primero hacia arriba… luego hacia los lados…

A la multitud le pareció que estaba haciendo el signo de la Cruz.

Muchos de los presentes conocían a Simón, el tullido… y una ola de asombro recorrió a los espectadores. 
Los ojos de Elena y de Macario se encontraron. Muy despacio, el obispo se inclinó y besó el madero de la Cruz.”

FRASES DE SU PADRE, EL REY COEL, A SANTA ELENA 
– La madera es sagrada… La madera es el desastre del hombre y el triunfo del hombre. Da muerte el hombre, y salva al hombre. El mundo que conocemos esta edificado sobre madera, el árbol sagrado, el árbol de la vida. 
– “Tu voluntad es tu voluntad… cuando quieres lo bueno” 
– “Si no puedes mandar en cosas pequeñas, ¿Cómo vas a mandar en las grandes?”

ORACIÓN A SANTA ELENA 
Te rogamos, santa Elena, que intercedas ante Dios por nosotros; colmando de plenitud nuestras vidas; dando solución a nuestros problemas y necesidades; bendiciendo a nuestras familias, instituciones y sus actividades.

Necesitamos la fuerza del Espíritu Santo, para vivir la palabra de Dios en nuestros hogares, hasta lograr que en nuestras familias, por la presencia viva de Cristo, brille la luz del Amor Cristiano.

Danos la unidad que nos haga fuertes al caminar por los senderos del Amor, la Justicia, la Libertad y la Paz, para que todos vivamos como hermanos bajo tu santa protección. Amén

ORACIÓN A SANTA ELENA 
Gloriosa y esclarecida Santa Elena: por aquel fervor con que buscaste la Cruz de Cristo, te ruego que intercedas ante Dios, a fin de alcanzar la gracia para llevar con paciencia los trabajos de esta vida, para que con ellos y mediante tu intercesión y amparo, buscar y hallar la Cruz, que Dios ha dispuesto darme para servirle con ella en esta vida y después gozarle en la gloria. Amén.

FUENTE: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Santa Elena

Santa Elena, bendita mujer,  antorcha resplandeciente, que por tu afán de hallar la Cruz en la que murió Jesús, se puede aún hoy, ver la madera en que Dios nuestro Señor Jesucristo murió y dio en ella, sujeto a ella, su vida por cada uno de nosotros.

Sufrió santa Elena, por catorce años, la maldad de su mal esposo que la separó de su hijo, por tener poder en este mundo de vivos. ¿Qué habrá sido de él? No lo sabemos; no sabemos si los malos, incluso por los sufrimientos de los santos que los perdonan y rezan por ellos, pueden algún día arribar al Cielo Eterno, allí donde está Santa Elena; ¡qué gran mujer!, supo hallar por el sufrimiento su purificación y, en vez de odiar, se perfeccionó.

Esas cosas permite Dios.

Por eso, si tú, el que me lees ahora, el que escuchas esta meditación, si sufres, si llevas más de trece años sufriendo: ¡Espera! Quizás Dios esté formando en t-i otra Santa Elena. ¡Qué mujer y madre más buena!

P. Jesús

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Domingo, 26 de diciembre de 2.010

A ti, que debes querer y cuidar de lo que Dios te da:

Cuida de tu fe, no dejes que nadie te la quite.

Cuida de tu moral, no dejes que nadie te mancille.

Cuida de tu dinero, hazlo rendir, porque con el dinero demuestras tus talentos.

Cuida de las personas que amas, porque ahora están esperando tu amor. ¡Dáselo!

Cuida de tu vida de oración, porque es el pilar principal de tu felicidad. Conversa con Dios, porque hablar con Dios es algo que no todos pueden apreciar, y quien lo hace, quien trata a Dios como a un amigo, de seguro que este Gran Amigo, que es Cristo, Dios, no le va a fallar.

Aprender a querer y cuidar de lo que tienes, es necesario que lo hagas, porque a ti nadie te debe nada, y todo lo que tienes es un privilegio, porque hay muchos que no tienen tanto como tú. Otros tienen quizás más, pero lo que tú tienes, no lo tiene nadie más. Aprende a valorar todo lo que se te ha dado, y úsalo, hazlo servir para dar felicidad a los que tengan más o menos que tú, pero, teniendo lo que tienen, necesitan de lo que tú les puedes dar.

Da una sonrisa en tiempo de Navidad. Y reza por alguien por el que no quisieras rezar. Haz un sacrificio esta Navidad, y ya verás cuántas alegrías tendrás en tu vida.

La semana que viene te hablaré del sacrificio. ¡No te vayas! ¡Vuelve!

Como te quiero, por volver.

 Con afecto sincero.

P. Jesús

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Para quien quiera contestar a la carta, CLICAR AQUÍ, aunque el P. Jesús no podrá responder a cada uno, sí que pedirá a Dios Padre, en nombre de Jesús por esta persona y sus intenciones. EXPLICACIÓN.

Envío diario nº 4.074- Sábado 17-8-19

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Sábado 17 de Agosto de 2.019

Tiempo Ordinario /19º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Mateo 19, 13-15

Imposición de manos

13Entonces le fueron presentados (a Jesús) unos niños para que les impusiera las manos y orase; y como los reprendieran los discípulos, 14díjoles Jesús: Dejad a los niños y no les impidáis acercarse a mí, porque de los tales es el reino de los cielos. 15Y, habiéndoles impuesto las manos, se fue de allí.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

Imposición de manos

Jesús, Dios, es cercano a ti; Él tocaba imponiéndote las manos, porque todo en Jesús era virtud; su cuerpo, salido de la Virgen María, era virtud, porque María estaba llena de gracia.

P. Jesús
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Consejo nº 1.425

.-Fuera la mediocridad; viva la libertad, la paz en la fe.

P. Jesús

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Santa Beatriz de Silva, Virgen

1. En la ciudad de Ceuta

Eran tiempos en que se rompían lanzas por defender la religión de Cristo, dilucidar sus dogmas y reducir a la fe verdadera a los infieles. 

El caballero Ruy Gómez de Silva luchó bravamente en la conquista de Ceuta de 1415, en el reinado de Juan I de Portugal. El conquistador y primer capitán de la plaza conquistada, Don Pedro de Meneses, satisfecho del comportamiento del aguerrido militar, le dio por esposa a su hija Isabel de Meneses. Y en Ceuta contrajeron matrimonio en 1422, según escribe Pedro de Azevedo. 

De este noble matrimonio lusitano nació Beatriz, en Ceuta, por el año 1424. Entre sus ascendientes se cuentan parientes de sangre real. 

En la ciudad del Estrecho se abrieron los ojos de la niña a la luz de la vida. Se recreó en su niñez con el espectáculo grandioso del mar; sus sentidos se fueron haciendo al ambiente guerrero de la plaza fuerte, a los relatos de la gente mora y sus costumbres, a las llamadas del almuédano en los lejanos minaretes que convocaba a la oración a los árabes, a los comentarios de escaramuzas y de gestas bélicas en los contornos de la ciudad… 

El viaje marítimo de Ceuta a Lisboa, toda una lección de historia que el Hidalgo caballero fue dando a sus hijos. Eran ciudades célebres las que iban pasando: Gibraltar, Tarifa, Cádiz, Huelva, Faro, Setúbal, hasta arribar a la soñada Lisboa. Y aquí a tomar de nuevo el itinerario de campo Mayor. 

Para la psicología delicada de Beatriz el cambio de decoración fue impresionante. Ya no eran las olas del mar, ni las barcas llenas de peces, sino el amplio horizonte con pueblos diseminados en campos de labrantío con las galas de retamas, higueras y olivos. Al aire húmedo del mar había sustituido el viento delgado del campo con aroma de plantas silvestres. 

2. En la Corte de Castilla

Domiciliado Ruy Gómez en su alcaldía, trató de educar a sus hijos, según costumbre de la época, en el conocimiento de las cosas de Dios y de las ciencias humanas. A la hidalga mansión tuvieron acceso los frailes de San Francisco como instructores de sus numerosos hijos, que fueron once. 

En la casa de la noble familia se profesaba un amor tierno a la Virgen María y más concretamente al misterio de su Inmaculada Concepción, misterio por el cual venían batallando con noble tesón los franciscanos. Y Beatriz, más que ninguno de sus hermanos, se reveló fina amante de este misterio de María. Devoción que confirman en sus declaraciones los testigos del proceso de Canonización. 

Don Juan II de Castilla contrajo matrimonio en segundas nupcias con Isabel de Portugal, y la reina trajo a Beatriz como dama a la Corte de Castilla. La Noble doncella tenía una tía, Leonor de Meneses, en la corte portuguesa. 

El lugar escogido para la celebración del regio matrimonio fue Madrigal de las Altas Torres (Ávila). Nuevo itinerario para formar el séquito real. Atrás quedaba la Sierra de San Mamede que domina Campo Mayor, y la Sierra de la Villuerca con el Monasterio de Ntra. Sra. De Guadalupe, y los campos de Toledo y la imponente mole de Gredos hasta, pasando por Ávila, llega al Madrigal. En algunos de los grupos caminaba la nieta del Conde Don Pedro de Meneses, apuesta y animosa con su prometedora juventud. 

Era el mes de Agosto de 1447. En la Iglesia de San Nicolás, de valioso artesonado mudéjar, se celebró el regio matrimonio. Entre los cortesanos destacaba la figura arrogante del Condestable de Castilla, Don Álvaro de Luna, que había concertado el matrimonio doblegando la voluntad del monarca. No muy lejos, los del grupo del marqués de Villena, adversario irreconciliable de Don Álvaro. Al dar el Sí los regios consortes en su mano se puso el destino de Castilla. 

En aquellos tiempos no tenían los reyes lugar fijo de residencia. Una de ella era Tordesillas (Valladolid), donde colocan los historiadores la escena áulica de la linajuda dama de la Reina. 

3. La mujer más hermosa

El encanto de Beatriz fascina a cuantos la conocen; muchos jóvenes la solicitan en matrimonio; pero ella tiene un secreto: desea ser toda de Dios. 

A Beatriz le gustaba pasear por los jardines del palacio y contemplar la hermosura de las flores y el infinito cielo azul que tanto le hablaba de la grandeza del Creador. También le gustaba visitar el Real Monasterio de Santa Clara y pasarse diariamente muchos ratos junto a Jesús Sacramentado. 

Dicen los historiadores de la época, que era la mujer más hermosa y agradable de España y que era solicitada en matrimonio por los jóvenes de mayor alcurnia, pero su única ilusión era el retiro y el pertenecer totalmente a Dios. 

Los franciscanos, capellanes del monasterio de Santa Clara eran los directores de su alma encantadora. 

A Jesús se le ama más cuanto más se le conoce, y para conocerlo hay que tratarlo en la oración; por eso Beatriz le ama tanto, porque se pasaba muchos ratos de oración. 

4. Beatriz es encerrada en un baúl

Beatriz era bella y pudorosa. Un paisano suyo, Núñez de León, escribió que era “la mujer más hermosa que había en España”. Su hermosura se hizo proverbial, y a pesar de sus esfuerzos por mantener su conducta intachable, ciertos palaciegos maliciosos y desalmados la calumniaron de tener secretos amores con el mismo Rey. 

Llegando los rumores de la calumnia a oídos de la Reina, ésta viéndola tan hermosa y sabiendo que era el encanto de todos, empezó a dudar de la fidelidad de su marido el Rey y a sentir en su corazón unos horribles celos que le devoraban el alma, concibió el desentenderse de ella. 

Llama una tarde a Beatriz y simulando querer contarle un secreto, la llevó por un solitario pasillo del palacio hasta un lugar donde tenía preparado de antemano un gran baúl abierto. Al pasar junto a él, la Reina de improviso le dio un fuerte empujón haciéndola caer dentro del arca y cerrándola rápidamente con llave, abandonándola en la oscuridad. 

Beatriz metida en aquella estrecha prisión, se entregó en manos de la Providencia y se encomendó a la Santísima Virgen con gran ternura y devoción. En aquel momento se le aparece la Reina de los cielos más hermosa con hábito blanco y manto azul, y después de confortarla con cariño maternal le dijo: 

“Beatriz: quiero que fundes una nueva Orden en honor de mi Inmaculada Concepción, vistiendo hábito blanco y manto azul como llevo Yo”. 

Beatriz agradecida, se ofreció su sierva y esclava, y consagrándole su virginidad, se ofreció en cuerpo y alma al servicio de su celestial Señora. La Virgen, después de prometerle que saldría sana y salva del arca, desapareció a Beatriz enardecida de felicidad. 

5. Beatriz es rescatada

Tres días estuvo Beatriz encerrada en aquella oscura tumba sin comer ni beber. Al ver que pasaban los días y no aparecía, su tío Don Juan de Silva Meneses, inquieto y preocupado, como sospechara de la Reina, se atrevió a abordarla y preguntarle por su sobrina. 

La soberana, displicente y aferrada a su decisión, le responde secamente: “Venid y la veréis”, imaginándose que la encontraría asfixiada en el cofre. 

Se dirigieron al lugar de la prisión, y el caballero Silva Meneses se lanza a abrir el arca con visible ansiedad. ¿Qué le tocaría ver? La angustia y ansiedad era enorme…. 

Levantan la tapa, y, ¡oh sorpresa! La encuentran viva y alegre, con rostro sonrosado como un ángel. Llena de alegría y emoción se lanzó a los brazos de su tío que la recibió con indescriptible emoción. 

Al haber encontrado viva a la que pensaba muerta, la sorpresa y el estupor de la Reina es enorme. Se la quedó mirando con ojos desorbitados como petrificada. 

La noticia se extiende rápida como el viento por todo el palacio y hasta el último rincón de Tordesillas, condenando todos la maldad de la Reina y bendiciendo a Dios que había salvado a la inocente Beatriz. 

La Reina, al verse burlada y al ver que todos la miraban con recelo y se sentían alegres de que Beatriz se había salvado, incluso el Rey, sintió crecer en su corazón un odio infernal hacia Beatriz, por lo que la ordenó abandonar inmediatamente el palacio. 

Según algunos historiadores, a los tres días de salir del cofre, abandonó Beatriz a Tordesillas y acompañada de tres sirvientas se dirigió a la imperial Toledo. 

Mientras recorrían las tres mujeres aquellos polvorientos caminos iban con el temor de encontrarse con los grupos banderilleros de don Álvaro de Luna y sus rivales. 

6. Se le aparecen San Francisco y San Antonio

El Papa Pablo VI en la Bula de su canonización, refleja así este pensamiento: “Y, huyendo del bullicio, como de otro Egipto, se apresuró a encerrarse en la soledad para recibir la ley salvífica de vida y, acompañada de dos sirvientas, ocultó decididamente su florida juventud dentro de los muros de un Monasterio”. 

En su camino hacia Toledo, un atardecer al pasar por un monte, aparecieron entre los árboles dos frailes con hábito de San Francisco. Se asustó Beatriz creyendo que los mandaba la Reina para que la confesaran para luego entregarla a los verdugos. 

Ellos, al acercarse y verla llorar, le preguntaron con mucha mansedumbre por qué lloraba y qué le pasaba. Respuesta del susto ella les contó su temor. Entonces, los frailes, consolándola, le dijeron que eran mensajeros que venían a consolarla y que llegaría a ser una de las señoras más importantes de España y que sus hijos serían nombrados en toda la cristiandad. 

A esto ella respondió que era doncella, que tenía ofrecida a Dios su virginidad y que jamás se casaría. A esto dijeron ellos: Lo que hemos dicho ha de ser. Mientras iban hablando, llegaron a una Venta y Beatriz los invitó a entrar a tomar algún alimento, pero en aquel momento los frailes desaparecieron misteriosamente. Beatriz supuso entonces, que aquellos dos Frailes habían sido S. Francisco de Asís y S. Antonio de Padua, de quienes ella era muy devota. 

7. En Santo Domingo el Real

Llegada a Toledo y deseosa de paz y santidad, se dirige al Monasterio de Santo Domingo el Real. 

Allí moró durante unos treinta años en calidad de Seglar, acompañada de sus doncellas. Gran parte de la noche se la pasaba en Oración junto al Sagrario, donde floreció en amor a Jesús paciente y al misterio de la Inmaculada Concepción. 

Toda la vida de Beatriz estaba repartida entre la oración y el trabajo en el que confeccionaba ropas que luego regalaba a los necesitados, entre los que gastó su fortuna, siendo feliz en la más rigurosa austeridad. Beatriz, sabedora de su singular belleza y queriendo conservarse en humildad, se cubrió el rostro con un tupido velo blanco que nunca se quitaba más que para hablar con la Reina, como señal de respeto, y de algunas otras contadas personas. 

Por entonces murió el rey, y la Reina arrepentida de lo que había hecho con Beatriz, reconociendo su inocencia, se fue a Toledo a verla en el convento y a pedirle perdón. 

En las sucesivas visitas que la Reina hizo a Beatriz, llevaba consigo a los dos infantes Alfonso e Isabel, la que más tarde sería la Reina Isabel la Católica, que ayudó a Beatriz en la fundación de la nueva Orden. 

8. La Santa del silencio

Ninguna palabra de esta Santa ha llegado hasta nosotros en sus sílabas textuales, y por tanto ningún eco de su voz; y tampoco ningún escrito de su mano. 

Esto nos mueve a decir de Beatriz de Silva que es “la Santa del Silencio”, pues de ella (al igual que de San José, según los Evangelios) no sabemos palabra alguna que saliese de su boca. 

Lo que se conoce de esta singular Santa, es debido a los testimonios que de ella dieron quienes convivieron con ella o la conocieron. 

9. El Papa Inocencio VIII aprueba la nueva orden

Una tarde, después de la Oración, cuando ya todas las monjas habían dejado el coro, queda Beatriz de Silva en íntimo coloquio con Dios. De pronto un gran resplandor la iluminó y vio a la Santísima Virgen que, mostrándole el hábito blanco y azul, le dijo con una mezcla de amor y firmeza que “Venía a urgirle la Fundación de su Orden”. 

Beatriz por amor a Jesús crucificado y a la Stma. Virgen acepta todos los trabajos que sabía se iba a exponer. 

Beatriz, obediente a la voz de Dios, abandonó el Convento de Santo Domingo el Real y marchó a una gran finca, donada por la Reina Isabel La Católica, llamada “Los Palacios de Galiana”, en donde se instaló el Convento de santa Fe, para que fuese habitado por Beatriz y sus doce Compañeras . 

Uno de sus consejeros y principales colaboradores fue Fray García de Quijada, obispo de Guadix que “era persona con quien la sierva de Dios comunicaba los sentimientos de su alma y por cuya prudencia y religión se gobernaba en las cosas arduas”. 

La Reina Isabel la Católica, íntima amiga de Beatriz, era su principal confidente y colaboradora. Entre las dos deciden lo que tienen que hacer, y con aprobación y consentimiento de la Curia Arzobispal cursan a Roma la solicitud de la aprobación de la Orden de la Inmaculada. 

El Papa Inocencio VIII, por la Bula “Inter Universa” (30 de Abril 1489) aprobó la fundación, y en el mismo instante que era firmada por S.S., un emisario celestial, que ella intuyó era el Arcángel San Rafael, le daba la noticia de la aprobación. 

Tres meses más tarde recibe la triste noticia de que la nave en que venía la Bula de la aprobación se había hundido en el mar. Tres días estuvo la Santa muy apenada, sin saber qué hacer, pidiendo a Dios la solución de su problema, y al día tercero encima de un Cofre, halló la deseada Bula. 

10. Consagración de la Orden

Con intenso júbilo se hizo una procesión, presidida por el obispo de Guadix, Fray García de Quijada, a la que asistió todo el pueblo, para dar gracias a Dios por el hallazgo milagroso de la Bula. 

Recorrió la procesión desde la Catedral hasta el Convento de santa Fe, y terminada la procesión, el Sr. Obispo predicó un sermón en que invitó a todos a acudir a la toma del Hábito de las nuevas religiosas que sería dos semanas después en el Convento de Santa Fe, la cuna de la nueva Orden de la Inmaculada Concepción. 

Llena de alegría Beatriz trabaja sin descanso en la confección de los hábitos de las nuevas religiosas. Todos trabajan firme y esperan entusiasmados el día glorioso de la inauguración. 

Los coloquios de Beatriz con el Señor en la oración y con la Stma. Virgen son cada vez más fervorosos y continuos. No ha habido ni habrá jamás algún santo, que no haya sobresalido extraordinariamente en la oración, porque sin mucha oración, la santidad es una ilusión. En la Oración radica la santidad de Beatriz. 

11. Enfermedad de Beatriz

Cuando Beatriz y sus compañeras veían con ilusión cercano el día de la Toma del Hábito, sucede algo inesperado. ¡Oh secretos de Dios, cuan inescrutables son tus caminos! 

Faltaban ya solamente diez días para el día solemne de la toma de Hábito y con ello la definitiva inauguración de la nueva orden, cuando se le dice: “Hija mía, de hoy en diez días, te vendré a buscar para traerte conmigo al Cielo, porque no es voluntad de Dios que goces acá en la tierra de esto que tanto deseas”. 

Luego vio que la lámpara que ardía ante el Santísimo estaba apagada, y al momento, sin que nadie la encendiera volvió a lucir de nuevo, y mientras lo contemplaba sorprendida, oyó una voz que le dijo: “¿Has visto cómo la luz de la lámpara se ha apagado y luego ha vuelto a lucir?, pues así pasará con tu Orden. Al morir tú, la Orden estará en peligro de disolverse; más no se extinguirá sino que florecerá de tal manera que será multiplicada y extendida por el mundo entero. De hoy en diez días has de venir con nosotros”. 

Al poco tiempo de la visión y de tal anuncio, Beatriz cayó enferma de gravedad. Por ello, Beatriz antes de partir de este mundo, en presencia de Fray García de Quijada, obispo de Guadix, de sus doce Compañeras y de algunos Padres Franciscanos estando en el lecho de muerte, tomó el hábito de la nueva Orden que ella había fundado. 

Al administrarle los últimos sacramentos, y, al levantarle el velo que le cubría el rostro, todos se admiraron de la hermosura de su cara que brillaba como un ángel; pero esa admiración subió al extremo al aparecer en su Frente un brillante Estrella. 

En aquel momento entregó su bendita alma en manos de la Santísima Virgen que, tal como le había prometido, vino por ella para llevársela al Cielo, desde donde vela por su orden que se extiende en la tierra por numerosos países. 

Beatriz de Silva fue Beatificada por el Papa Pío XI el 28 de Julio de 1926. 

Canonizada el 3 de Octubre de 1976: 

“A honor de la Santa e Individua Trinidad, para exaltación de la Fe Católica e incremento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Sr. Jesucristo, de los santos apóstoles Pedro y Pablo y la Nuestra, tras madura deliberación e implorando muchas veces el auxilio divino, y de consejo de muchos de Nuestros Hermanos, decretamos y definimos que la Beata Beatriz de Silva es Santa, y la inscribimos en el Catálogo de los Santos, estableciendo que debe ser venerada con piadosa devoción entre los Santos de la Iglesia Universal. En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén” 

(Pablo VI, Bula de Canonización “Inter Preclara”).

FUENTE: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Santa Beatriz de Silva, Virgen

Contrariedades, envidias y calumnias padecen muchos santos, muchas santas, y Santa Beatriz de Silva, virgen, fue una de ellas. La belleza del cuerpo es deseable y, a quién Dios se la concede junto a la santidad, padece muchos más tormentos. Porque unos los quieren por el cuerpo y desean poseerlos sexualmente y otros tienen celos de ellos.

Vida dura la del que posee la belleza física, y si además, a ella, Dios le concede la gracia física, la dulzura del alma y la delicadeza de trato y bondad de corazón. Muchos celan y son celosos de los dones físicos y espirituales que Dios concede a una persona para que teniéndolos los muestre y sean causa de admiración y odios.

Pruebas sin fin lleva consigo la belleza física. Tentaciones enormes, lleva consigo esa misma belleza del cuerpo. Por eso las personas bellas físicamente tienen que ser mejores que otras, más fuertes y recias y con más amor a Dios que las que no son tan bellas, porque padecen mucho por lo mucho que les da Dios.

Santa Beatriz de Silva, se puso un velo, otros se dejan barba si son bellos, pero a todos la bondad de corazón es más valiosa que su físico agraciado por la gracia de Dios al darles, al permitir que fuera la belleza un reclamo a la santidad de otros que muchos, también, como a Santa Beatriz de Silva, son presas por esa belleza física y de alma y corazón para que se dejen guiar por ella, por la persona a la que Dios le concede gracias y con ellas dolor por el odio de muchos y amor por la admiración de muchos más que viendo el físico y la parte espiritual hacen un todo en la misma persona y se dejan influir por ella para una mejor vida de virtudes y vida de santidad.

Si eres bella, también puedes ser Santa, como lo es Santa Beatriz de Silva. Amén.

P. Jesús

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