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Evangelio del día

Envío diario nº 4.643- Martes 9-3-21

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Martes 9 de Marzo de 2.021

Tiempo de Cuaresma /3º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Mateo 18, 21-35

El perdón de las ofensas

21Entonces se le acercó Pedro y le preguntó (a Jesús): Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano si peca contra mí? ¿Hasta siete veces? 22Dícele Jesús: No digo yo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 23Por esto se asemeja el reino de los cielos a un rey que quiso tomar cuentas a sus siervos. 24Al comenzar a tomarlas, se le presentó uno que le debía diez mil talentos. 25Como no tenía con qué pagar, mandó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía y saldar la deuda. 26Entonces el siervo, cayendo de hinojos, dijo: Señor, dame espera y te lo pagaré todo. 27Compadecido el señor del siervo aquel, le despidió, condonándole la deuda. 28En saliendo de allí, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, agarrándole, intentaba ahogarlo al tiempo que le decía: Paga lo que debes. 29De hinojos le suplicaba su compañero, diciendo: Concédeme un plazo y te pagaré. 30Pero él se negó, y le hizo encerrar en la prisión hasta que pagara la deuda. 31Viendo esto sus compañeros, les desagradó mucho, y fueron a contar a su señor todo lo que pasaba. 32Entonces hízole llamar el señor, y le dijo: Mal siervo, te condoné yo toda la deuda porque me lo suplicaste.33¿No convenía, pues, que tuvieras tú piedad de tu compañero, como la tuve yo de ti? 34E irritado, le entregó a los torturadores hasta que pagase toda la deuda. 35Así hará con vosotros mi Padre celestial si no perdonare cada uno a su hermano de todo corazón.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

El perdón de las ofensas

El pecado de tu hermano posiblemente te influya y, por su pecado, tú sufras también. A veces uno peca y no directamente contra otra persona, pero como se ve en algunas tramas novelescas sacadas de la vida misma, más tarde te encuentres tú en malas circunstancias por el pecado del hermano, del que debe amar a Dios sobre todas las cosas y ha caído en la mala tentación; al fin y al cabo, todos formamos el Cuerpo Místico de Cristo, por eso, en la meditación de este Evangelio de hoy, te pido, ¡por Dios!, que no te sea indiferente el pecado de tu hermano; ¡reza por él! Porque ha sido más débil que tú, y ha caído en el mal, y hay que recuperarlo con la oración de todos y el buen ejemplo de todos, también el tuyo, ¡claro que sí!

Ir a Misa, y ofrecer el sacrificio de la Santa Misa, por los pecados de la Iglesia, esto es un bien incalculable. Cuando estés triste, cuando el dolor por las crisis mundiales y tuyas, te llenen el alma de sufrimiento, entonces, entonces hermano mío, ve a Misa; asiste a la Santa Misa, y pide, pide por los que Dios perdona, que es a todos los que aceptan su perdón y pasan por el confesonario, y allí humildes, ante un santo sacerdote, se confiesan y reciben la absolución de sus pecados y faltas. Si todos fueran a confesarse y se confesaran bien, el mundo cambiaría en un plis-plas. Dios es Dios, y no hay que dudar de la fe.

Las crisis son crisis de fe, son crisis de amor a Dios, son crisis de no hacer lo que Dios quiere.

Tantos dioses endiosándose, y el mundo sufriendo.

Esto se parará cuando los confesonarios estén llenos, cuando las Iglesias estén llenas, cuando las almas amen a Dios, a Jesús, que es Dios, más que a sí mismas. Empecemos por ti, va… sí, vamos para el confesonario. ¿Otra vez? ¡Sí!, ¡Venga amigo, amiga, que vamos a sacarnos la tristeza y a llenarte de alegría! ¿No quieres ser feliz? Pues, no desees a la mujer ajena, no quieras acostarte con ella. Eso entre otras más cosas. Ya sabes, los mandamientos. Y tú mujer, no seduzcas sexualmente, porque no está bien que hagas de ramera.

¡Os espero a los dos en el confesonario!… y a ti también… ¡ven!

P. Jesús

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Consejo nº 763

.-No es cierto que los sueños, sueños son, si vives de ellos.

P. Jesús

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Santa Catalina de Bolonia

Etimológicamente significa “casta, pura”. Viene de la lengua griega.

He aquí otra chica con inquietudes espirituales a la que no le seducen los encantos y esplendores de los palacios reales.

Efectivamente, era hija de una familia ilustre de Italia. Vivía encantada con la princesa Margarita, hija de Nicolás de Est, marqués de Ferrara.

Desde que naciera en el año 1413, y se fue haciendo una joven muy guapa, notaba de día en día que su camino no era la corte ni las riquezas.

A la temprana edad de los doce años buscaba con anhelo en dónde ser mejor y hallar más pronto la perfección a la que Dios nos llama a cada ser humano.

Una vez que la princesa Margarita contrajo matrimonio, ella pudo respirar a pleno pulmón. Se había quedado libre de toda atadura a la corte.

Llegó para ella el momento en el cual, aunque con muchas dificultades, se decidió por entrar en el convento de las Terciarias de san Francisco de Asís.

La dejaron entrar, y ella se sintió más feliz que nunca. Al comenzar su vida de relaciones humanas con las hermanas, todas se quedaban contentas por su trato, sus atenciones personalizadas y por su grado de santidad y de bondad que reflejaba su lindo rostro, imagen de su casta alma.
En el capítulo en el cual se elige a la madre abadesa, todas las hermanas pensaron casi unánimemente que la mejor sería Catalina.

En este convento estuvo toda su vida, hasta el año de su muerte que tuvo lugar en 1463.

Escribió muchos libros acerca de la piedad y de la vida religiosa. Todo el mundo, fino y atento a las cosas del alma, conoce su mejor libro titulado “Siete Armas Espirituales”. Ella, en su sencillez y con las mejores intenciones, se lo dedicó a todo aquel o aquella que sufra tentaciones.

El Papa Clemente VIII la inscribió en el martirologio incruento y Benedicto XIII la llevó a la gloria de los altares.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Santa Catalina de Bolonia

Aquí está la historia de una santa que, sin sufrir persecución ni martirio, que siendo rica y perteneciendo a la corte de una princesa, siempre tuvo lo que necesitaba y más, y disfrutó de los deleites de la enseñanza y la belleza de la música y las plantas; ella, prefiriendo servir a Dios, entró en un convento, y allí siguieron sus éxitos por el trato de su caridad, y llegó a ser madre abadesa; escribió y rezó, se mortificó y, por amor a Dios, Dios la llenó de santidad y es santa, santa Catalina de Bolonia.

P. Jesús

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 PRIMERA PARTE LA PROFESIÓN DE LA FE
– PRIMERA SECCIÓN «CREO»-«CREEMOS»
– 
CAPITULO SEGUNDO, DIOS AL ENCUENTRO DEL HOMBRE

Artículo 3 LA SAGRADA ESCRITURA

IV. El canon de las Escrituras

  • . Los evangelios escritos. Los autores sagrados escribieron los cuatro Evangelios escogiendo algunas cosas de las muchas que ya se transmitían de palabra o por escrito, sintetizando otras, o explicándolas atendiendo a la condición de las Iglesias, conservando por fin la forma de proclamación, de manera que siempre nos comunicaban la verdad sincera acerca de Jesús» (DV 19).

Meditación:

IV. El canon de las Escrituras

Los Evangelios son la norma que utiliza la Santa Iglesia Católica para dar a conocer la verdad sincera de Jesús, dando fe de que son escritos para el bien de los fieles, para conocer a Jesús, Dios, y su Obra, la Santa Iglesia Católica, que fundó en Pedro apóstol.

P. Jesús

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Envío diario nº 4.642- Lunes 8-3-21

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Lunes 8 de Marzo de 2.021

Tiempo de Cuaresma /3º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Lucas 4, 24-30

Jesús, Dios, dijo siempre la verdad

24Él (Jesús) les dijo (al pueblo en la sinagoga): En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. 25Pero en verdad os digo también que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses y sobrevino una gran hambre en toda la tierra, 26y a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a Sarepta de Sidón, a una mujer viuda. 27Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue limpiado, sino el sirio Naamán.

28Al oír esto se llenaron de cólera cuantos estaban en la sinagoga, 29y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a la cima del monte sobre el cual está edificada su ciudad, para precipitarle de allí; 30pero Él, atravesando por medio de ellos, se fue.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

Jesús, Dios, dijo siempre la verdad

Esa mal entendida caridad, no la practicó ¡nunca! Dios, Jesús; Él siempre dijo la verdad, y al pecado lo llamaba pecado, y avisó del dolor, del sufrimiento de ser cristiano.

¡Dios no te engañó!; no te engañes tú mismo, ni engañes a los demás; haz como Dios, Jesús, y di siempre la verdad.

La vida de la fe es dura, no suele haber aplausos, más bien quieren arrojarte fuera de donde estás.

Tú, vívelo todo con fe, con esperanza y con la verdadera caridad, que es proclamar y vivir la verdad.

Los diez mandamientos de Dios, son la brújula, son tu destino. No te apartes de ellos y cúmplelos con todo tu corazón.

Dios te bendice por tu fe.

¡Ánimo, cristiano católico!, ¡¡Ánimo!!

Todo se puede, en Cristo que fortalece. ¡Tú puedes!

P. Jesús

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CONSEJO DEL DIA del P. Jesús

PARA TU SANTIDAD.

Te interesa si quieres ser feliz.

Consejo nº 762

.-Elije tu vida, no peques más.

P. Jesús

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San Juan de Dios

Nació y murió un 8 de marzo. Nace en Portugal en 1495 y muere en Granada, España, en 1550 a los 55 años de edad. De familia pobre pero muy piadosa, su madre falleció cuando él era todavía muy joven, y su padre murió como religioso en un convento.

En su juventud fue pastor, muy apreciado por el dueño de la finca donde trabajaba, por lo que le propusieron que se casara con la hija del patrón y así quedaría como heredero de aquellas posesiones. Pero el santo dispuso permanecer libre de compromisos económicos y matrimoniales pues deseaba dedicarse a labores más espirituales. Estuvo de soldado bajo las órdenes del genio de la guerra, Carlos V en batallas muy famosas, y la vida militar lo hizo fuerte, resistente y sufrido.

Luego de salir del ejército, decidió entregarse a la vida apostólica, vendiendo estampas y libros religiosos en las calles. Llegó a Granada a predicar religiosos de la congregación de San Luis de Avila, y San Juan asistió a uno de sus elocuentes sermones, y en pleno sermón, cuando el predicador hablaba contra la vida de pecado, el santo se arrodillo y empezó a gritar: «Misericordia Señor, que soy un pecador». Se confesó con San Juan de Avila y se propuso como penitencia fingir como loco para que la gente lo humillara y lo hiciera sufrir. Repartió entre los pobres todo lo que tenía en su pequeña librería, empezó a deambular por las calles de la ciudad pidiendo misericordia a Dios por todos su pecados, y como la gente lo creyó loco, empezaron a atacarlo a pedradas y golpes. Fue llevado al manicomio donde los encargados le dieron fuertes palizas que eran ofrecidas por San Juan por la conversión de los pecadores. Además, el santo corregía a los guardias y les llamaba la atención por el modo tan brutal que tenían de tratar a los pobres enfermos

Tras salir del manicomio, San Juan fundó un hospital, y enseñó con su ejemplo que a ciertos enfermos hay que curarles primero el alma si se quiere obtener después la curación de su cuerpo. Sus religiosos atienden enfermos mentales en todos los continentes y con grandes y maravillosos resultados, empleando siempre los métodos de la bondad y de la comprensión, en vez del rigor de la tortura.

El 8 de marzo de 1550, sintiendo que le llegaba la muerte, se arrodilló en el suelo y exclamó: «Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo», y quedó muerto, así de rodillas. Había trabajado incansablemente durante diez años dirigiendo su hospital de pobres, con tantos problemas económicos que a veces ni se atrevía a salir a la calle a causa de las muchísimas deudas que tenía; y con tanta humildad, que siendo el más grande santo de la ciudad se creía el más indigno pecador. El que había sido apedreado como loco, fue acompañado al cementerio por el obispo, las autoridades y todo el pueblo, como un santo. Después de muerto obtuvo de Dios muchos milagros en favor de sus devotos y el Papa lo declaró santo en 1690. Es Patrono de los que trabajan en hospitales y de los que propagan libros religiosos.

Los religiosos Hospitalarios de San Juan de Dios son 1,500 y tienen 216 casas en el mundo para el servicio de los enfermos.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

San Juan de Dios

Y tú, a ti que te molesta que te calumnien, que juzguen tu vida e incluso que propaguen medias verdades o verdades enteras burlándose de ti, o que incluso te molesta que se metan en tu vida y, hagas lo que hagas, haya quien te critica, aprende de san Juan de Dios, que para sufrir por Amor y purificarse mejor, se hizo pasar por loco, para así recibir humillaciones y maltrato, y ofrecerlo todo a Dios Padre por los pecadores. ¡Qué santo! Un santo de Dios, san Juan de Dios. Aprende de él y no te quejes, digan lo que digan de ti, te crean loco, o te codees con el obispo. Que digan lo que quieran, porque son libres y pagarán por su libertad en el hablar o en el callar; como tú también pagarás por tu vida y lo que digas de los demás; es justa la ley de Dios, a todos trata igual.

P. Jesús

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J. , 30 años , de argentina. 12/8/2008

quisiera pedir una Oracion para que se solucione mi problema ya que estoy separada de mi pareja y nos amamamos yo se que podemos tener problemas pero quizas influencia de terceros tuvieron q ver si es la Santa voluntad del Padre que volvamos a estar juntos.. gracias que Dios la bendiga

Respuesta de: María Durán de Bellido. 12/9/2008

Alma para Dios, el mismo Padrenuestro es la Oración que Jesús nos enseño, te remito a ella, y la rezo por ti, para que aceptes la voluntad de Dios. Amén.

Queda en paz.

 

Sección: Parejas de hecho

Envío diario nº 4.641- Domingo 7-3-21

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Domingo 7 de Marzo de 2.021

Tiempo de Cuaresma /3º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Juan 2, 13-25

La Iglesia es el Templo de Dios

13Estaba próxima la Pascua de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. 14Encontró en el templo a los vendedores de bueyes, de ovejas y de palomas, y a los cambistas sentados; 15y, haciendo de cuerdas un azote, los arrojó a todos del templo, con las ovejas y los bueyes; derramó el dinero de los cambistas y derribó las mesas; 16y a los que vendían palomas les dijo: Quitad de aquí todo esto y no hagáis de la casa de mi Padre casa de contratación. 17Se acordaron sus discípulos que está escrito: <<El celo de tu casa me consume>>.18Los judíos tomaron la palabra y le dijeron: ¿Qué señal das para obrar así?

19Respondió Jesús y dijo: Destruid este templo y en tres días lo levantaré. 20Replicaron los judíos: Cuarenta y seis años se han empleado en edificar este templo, ¿y tú vas a levantarlo en tres días? 21Pero Él hablaba del templo de su cuerpo. 22Cuando resucitó de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había dicho.

23Al tiempo en que estuvo en Jerusalén por la fiesta de la Pascua, creyeron muchos en su nombre viendo los milagros que hacía; 24pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos, 25y no tenía necesidad de que nadie diese testimonio del hombre, pues Él conocía lo que en el hombre había.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

La Iglesia es el Templo de Dios

Dios vive en la Iglesia, allí es su Templo, está vivo en Cuerpo y Alma, por la consagración de las especies del pan y del vino; es nuestra fe, la fe cristiana católica, la fe que nos mantiene vivos y unidos, a los bautizados con Dios.

Jesús, Dios, quiso y quiere que se respete la presencia de Dios en el templo, un lugar de oración y no de comercio. Dios Hijo, ama al Padre y le da su lugar en la Iglesia, en el templo.

La alianza de Dios, llevó a su pueblo, el pueblo elegido, a tener un templo donde vivía Dios, donde iban a encontrarse con Dios. Cuando murió Dios Hijo, Cristo, se rasgó el velo del templo y empezó una nueva generación del pueblo de Dios, la de los cristianos, la de los católicos, que católico quiere decir universal, y así pasó a ser el pueblo de Dios, universal. Todos pueden ser de su pueblo elegido, todos los que creen en Cristo y le siguen, y le consideran el que es, Hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad. Ahora, el pueblo elegido es el pueblo bautizado, y la Alianza es la misma, cumplir los mandamientos de la Ley de Dios, además de tener fe en Cristo, que algunos creen que sólo con tener fe en Cristo ya basta, creen que no hay ninguna Ley que cumplir, y sí, la hay, porque Jesús, Dios mismo, la cumplió, obedeció en todo a Dios Padre, y Dios Padre es quién dio a Moisés las tablas de la Ley, de su Ley.

Para salvarte, tienes que cumplir con la Ley y tener fe en Cristo, en que Jesús, es el que es, el Hijo de Dios, y tienes que bautizarte y usar de los sacramentos, que en ellos está Dios vivo, Dios Uno y Trino.

Ora, reza, pídele a Dios te dé fe. Dios te la da, no la niega a nadie que de verdad quiera creer; que no es lo mismo, pedirle a Dios tener fe, que retarle a que haga una demostración de que es Dios. Dios te ama y te lo demuestra, demuestra su amor en los sacramentos, porque ellos, los sacramentos que recibes, que te da la Iglesia Católica, te fortalecen en la fe y te ayudan a llegar al Reino de los Cielos.

P. Jesús

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Consejo nº 761

.-Otra vez y otra más, ¿hasta cuándo vivirás en la oscuridad compartida?

P. Jesús

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Santas Perpetua, Felicidad y Compañeros Mártires

Estas dos santas murieron martirizadas en Cartago (África) el 7 de marzo del año 203.

Perpetua era una joven madre, de 22 años, que tenía un niñito de pocos meses. Pertenecía a una familia rica y muy estimada por toda la población. Mientras estaba en prisión, por petición de sus compañeros mártires, fue escribiendo el diario de todo lo que le iba sucediendo.

Felicidad era una esclava de Perpetua. Era también muy joven y en la prisión dio a luz una niña, que después los cristianos se encargaron de criar muy bien.

Las acompañaron en su martirio unos esclavos que fueron apresados junto a ellas, y su catequista, el diácono Sáturo, que las había instruido en la religión y las había preparado para el bautismo. A Sáturo no lo habían apresado, pero él se presentó voluntariamente.

Los antiguos documentos que narran el martirio de estas dos santas, eran inmensamente estimados en la antigüedad, y San Agustín dice que se leían en las iglesias con gran provecho para los oyentes. Esos documentos narran lo siguiente.

El año 202 el emperador Severo mandó que los que siguieran siendo cristianos y no quisieran adorar a los falsos dioses tenían que morir.

Perpetua estaba celebrando una reunión religiosa en su casa de Cartago cuando llegó la policía del emperador y la llevó prisionera, junto con su esclava Felicidad y los esclavos Revocato, Saturnino y Segundo.

Dice Perpetua en su diario: «Nos echaron a la cárcel y yo quedé consternada porque nunca había estado en un sitio tan oscuro. El calor era insoportable y estábamos demasiadas personas en un subterráneo muy estrecho. Me parecía morir de calor y de asfixia y sufría por no poder tener junto a mí al niño que era tan de pocos meses y que me necesitaba mucho. Yo lo que más le pedía a Dios era que nos concediera un gran valor para ser capaces de sufrir y luchar por nuestra santa religión».

Afortunadamente al día siguiente llegaron dos diáconos católicos y dieron dinero a los carceleros para que pasaran a los presos a otra habitación menos sofocante y oscura que la anterior, y fueron llevados a una sala a donde por lo menos entraba la luz del sol,y no quedaban tan apretujados e incómodos. Y permitieron que le llevaran al niño a Perpetua, el cual se estaba secando de pena y acabamiento. Ella dice en su diario: «Desde que tuve a mi pequeñín junto a mí, y a aquello no me parecía una cárcel sino un palacio, y me sentía llena de alegría. Y el niño también recobró su alegría y su vigor». Las tías y la abuelita se encargaron después de su crianza y de su educación.

El jefe del gobierno de Cartago llamó a juicio a Perpetua y a sus servidores. La noche anterior Perpetua tuvo una visión en la cual le fue dicho que tendrían que subir por una escalera muy llena de sufrimientos, pero que al final de tan dolorosa pendiente, estaba un Paraíso Eterno que les esperaba. Ella narró a sus compañeros la visión que había tenido y todos se entusiasmaron y se propusieron permanecer fieles en la fe hasta el fin.

Primero pasaron los esclavos y el diacono. Todos proclamaron ante las autoridades que ellos eran cristianos y que preferían morir antes que adorar a los falsos dioses.

Luego llamaron a Perpetua. El juez le rogaba que dejara la religión de Cristo y que se pasara a la religión pagana y que así salvaría su vida. Y le recordaba que ella era una mujer muy joven y de familia rica. Pero Perpetua proclamó que estaba resuelta a ser fiel hasta la muerte, a la religión de Cristo Jesús. Entonces llegó su padre (el único de la familia que no era cristiano) y de rodillas le rogaba y le suplicaba que no persistiera en llamarse cristiana. Que aceptara la religión del emperador. Que lo hiciera por amor a su padre y a su hijito. Ella se conmovía intensamente pero terminó diciéndole: ¿Padre, cómo se llama esa vasija que hay ahí en frente? «Una bandeja», respondió él. Pues bien: «A esa vasija hay que llamarla bandeja, y no pocillo ni cuchara, porque es una bandeja. Y yo que soy cristiana, no me puedo llamar pagana, ni de ninguna otra religión, porque soy cristiana y lo quiero ser para siempre».

Y añade el diario escrito por Perpetua: «Mi padre era el único de mi familia que no se alegraba porque nosotros íbamos a ser mártires por Cristo».

El juez decretó que los tres hombres serían llevados al circo y allí delante de la muchedumbre serían destrozados por las fieras el día de la fiesta del emperador, y que las dos mujeres serían echadas amarradas ante una vaca furiosa para que las destrozara. Pero había un inconveniente: que Felicidad iba a ser madre, y la ley prohibía matar a la que ya iba a dar a luz. Y ella sí deseaba ser martirizada por amor a Cristo. Entonces los cristianos oraron con fe, y Felicidad dio a luz una linda niña, la cual le fue confiada a cristianas fervorosas, y así ella pudo sufrir el martirio. Un carcelero se burlaba diciéndole: «Ahora se queja por los dolores de dar a luz. ¿Y cuando le lleguen los dolores del martirio qué hará? Ella le respondió: «Ahora soy débil porque la que sufre es mi pobre naturaleza. Pero cuando llegue el martirio me acompañará la gracia de Dios, que me llenará de fortaleza».

A los condenados a muerte se les permitía hacer una Cena de Despedida. Perpetua y sus compañeros convirtieron su cena final en una Cena Eucarística. Dos santos diáconos les llevaron la comunión, y después de orar y de animarse unos a otros se abrazaron y se despidieron con el beso de la paz. Todos estaban a cual de animosos, alegremente dispuestos a entregar la vida por proclamar su fe en Jesucristo.

A los esclavos los echaron a las fieras que los destrozaron y ellos derramaron así valientemente su sangre por nuestra religión.

Antes de llevarlos a la plaza los soldados querían que los hombres entraran vestidos de sacerdotes de los falsos dioses y las mujeres vestidas de sacerdotisas de las diosas de los paganos. Pero Perpetua se opuso fuertemente y ninguno quiso colocarse vestidos de religiones falsas.

El diácono Sáturo había logrado convertir al cristianismo a uno de los carceleros, llamado Pudente, y le dijo: «Para que veas que Cristo sí es Dios, te anuncio que a mí me echarán a un oso feroz, y esa fiera no me hará ningún daño». Y así sucedió: lo amarraron y lo acercaron a la jaula de un oso muy agresivo. El feroz animal no le quiso hacer ningún daño, y en cambio sí le dio un tremendo mordisco al domador que trataba de hacer que se lanzara contra el santo diácono. Entonces soltaron a un leopardo y éste de una dentellada destrozó a Sáturo. Cuando el diácono estaba moribundo, untó con su sangre un anillo y lo colocó en el dedo de Pudente y este aceptó definitivamente volverse cristiano.

A Perpetua y Felicidad las envolvieron dentro de una malla y las colocaron en la mitad de la plaza, y soltaron una vaca bravísima, la cual las corneó sin misericordia. Perpetua únicamente se preocupaba por irse arreglando los vestidos de manera que no diera escándalo a nadie por parecer poco cubierta. Y se arreglaba también los cabellos para no aparecer despeinada como una llorona pagana. La gente emocionada al ver la valentía de estas dos jóvenes madres, pidió que las sacaran por la puerta por donde llevaban a los gladiadores victoriosos. Perpetua, como volviendo de un éxtasis, preguntó: ¿Y dónde está esa tal vaca que nos iba a cornear?

Pero luego ese pueblo cruel pidió que las volvieran a traer y que les cortaran la cabeza allí delante de todos. Al saber esta noticia, las dos jóvenes valientes se abrazaron emocionadas, y volvieron a la plaza. A Felicidad le cortaron la cabeza de un machetazo, pero el verdugo que tenía que matar a Perpetua estaba muy nervioso y equivocó el golpe. Ella dio un grito de dolor, pero extendió bien su cabeza sobre el cepo y le indicó al verdugo con la mano, el sitio preciso de su cuello donde debía darle el machetazo. Así esta mujer valerosa hasta el último momento demostró que si moría mártir era por su propia voluntad y con toda generosidad.

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Santas Perpetua, Felicidad y Compañeros Mártires

Que quede claro: Los santos lo son por la Gracia de Dios. Nadie, sin la Gracia de Dios, podría soportar los martirios y ser mártir de la fe: ¡Nadie!

Solamente Dios mantuvo fieles a Él, a las santas Perpetua y Felicidad y a sus compañeros mártires.

Sólo Dios puede mantenerte fiel al ayuno por Él, para Él, para rendirle a Dios la caridad cristiana.

Confiad en Dios, y Dios hace; y si hace falta, hace que tú seas mártir de la fe, por su Gracia.

Vive en Gracia de Dios, y todo lo que la vida te traiga, todas esas cruces paganas, mundanas, podrás vivir y sufrir para que te sirvan de escaleras y subir así grados de santidad en esta amarga tierra donde bien rezamos en la salve, que es un valle de lágrimas. La felicidad del cristiano está en vivir en gracia de Dios y en subir peldaño a peldaño los grados de la santidad para alcanzar la corona brillante de una vida sin fin en el Paraíso.

Los mártires no los pide Dios, Dios quiere santos y hace santos; los mártires los exige la vida al cortar la libertad de religión. Entonces por ser fieles a la santidad estos santos, son los pagano los que les ponen el martirio, y Dios, la santa Gracia para resistirlo vencedores y dejar vencidos a los que han querido quitar a Dios lo que es de Dios, y que son los santos.

Resumiendo: Dios hace santos, y el mundo le obliga a Dios a tener mártires de la fe.

Que nadie exija a nadie dejar sus creencias bajo pena de sufrimiento físico y muerte física o espiritual, porque no es el deseo de Dios que haya mártires, pero los hay y los habrá siempre, por la maldad de los paganos, que quitan la libertad a los bautizados en la fe de Cristo Rey.

Los que no conocéis a Dios, podéis pensar que es Dios quien quiere mártires, y os equivocaréis una vez más. Dios no quiere mártires; Él, Dios, el primer Mártir de la fe, no se puso en condición de que le torturaran por ser quien es: El Mesías, sino que calló para no ser Él causa de este martirio, sino que su martirio fuera por propio deseo de los judíos, sin que Él, el Mesías, tuviera nada que ver; por eso calló, para que ni su voz mansa, o sus gritos, o el defenderse de su martirio, le llevase a ser martirizado. A Dios se le martirizó, se lo mató sin causa alguna, sin motivo alguno, sólo por ser quien Es: Dios.

P. Jesús

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Domingo, 5 de mayo de 2.013

A ti, que dices que eres culpable:

¿Culpable de qué?…

Me has escrito y me dices:

Padre, muy buenos días. Soy una madre que se quedo sin su hijo, sin tener a quien abrazarlo, se fue al lado del Señor, y esto ya hace mas de 2 años. Hasta el día de hoy lo extraño y lo lloro; no encuentro esta paz porque siento que por mi culpa partió. Padre, lo que le pido, es que por favor, pida por mí, y que me dé sosiego para este enorme dolor. Gracias.

Hija buena en tus oraciones, ven y deja que este sacerdote llene tu corazón con palabras de misericordia, perdón y fe. Primero y ante todo, quiero que sepas que la muerte natural la decide Dios, y no tú, ni nadie. Los disgustos que los padres dan a los hijos y que los hijos dan a los padres, no matan ¡jamás!, aunque puedan crear mucho dolor, y lo creen de hecho, porque tantos corazones sufren por las palabras y obras de los padres o de los hijos; y ¿qué hacer?, poner la esperanza y la confianza en Dios; se reza poco, poco y mal, y además, el egoísmo está tan arraigado en el mundo, que muchos se creen que, rezando, todo se consigue, sí o sí; y hay cosas que sí y otras que no, y la fe no va de conseguirlo todo, sino de pedirlo todo y aceptar la voluntad de Dios, Y eso es lo que quiero que tú, hija mía, hija buena, hagas; que aceptes la voluntad de Dios. Él sabe por qué permitió la partida de tu hijo, al que amas y necesitas abrazar. Esto lo comprendo, sí hija de Dios, lo comprendo, y por comprenderlo, te digo que Dios tendrá y tiene misericordia de ti, que si te confiesas de tus pecados y faltas, Dios no tendrá en cuenta nada malo de lo que hiciste, y que si te acoges a la indulgencia plenaria, puedes, podrás privarte de las penas del Purgatorio. Dios te Ama, hija, ¡qué sí!; no me lleves la contraria en esto, y no me digas lo mala que eres y has sido. Te digo yo, ¿para qué y quién crees que sufrió tanto Jesús, Dios?… ¿a ver si lo adivinas?… ¡Eso es!, ¡por ti!, ¡que sí!. Anda, seca estas lagrimotas, porque mira que lloras, ¡eh!… Sé que tienes penas y que estás arrepentida de tantas cosas, lo sé, soy sacerdote y conozco bien a las almas, por eso sé que es bueno que vayas a ayudar a los niños enfermos de algún hospital y les des a ellos, con tus cuidados, ese cariño que no puedes dar a tu hijo. Que sí, que sí que te querrán, ¡claro que sí! Pero no vayas contando tus pecados a nadie, sólo a Dios y ¡ya vale!, porque lo que vale es que Él, Dios, los sepa, y los sabe; pero si se los cuentas en confesión, entonces recibirás su perdón. ¡Claro que sí, que te perdonará!, ¡que sí, te digo! Debes hacerme caso, porque soy sacerdote y conozco bien cómo es Dios, ¡es Amor!

Así que ya sabes, a confesarte y a dar a otros niños lo que tienes por dar a tu hijo.

Dios te Ama y te perdona.

Sé que estás bien, ahora estás bien, después de leerme. ¡Claro!, te he escrito a ti, te conozco bien.

Te remito a la Virgen María. Hazme caso, ¡no protestes!, y ve a María, aprende a rezar el Santo Rosario, y rézale. (…Qué hija más protestona le ha salido a Dios). Tú, sé católica. ¡Vamos, vamos para el confesonario!

Con afecto sincero.

P. Jesús

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