Saltar al contenido

Evangelio del día

Envío diario nº 5.340- Viernes 3-2-23

¿Quieres recibir el Evangelio diario GRATIS? Suscríbete AQUÍ

Viernes 3 de Febrero de 2.023

Tiempo Ordinario/4º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Marcos 6, 14-29

Juicio de Herodes sobre Jesús

14Llegó (la fama de Jesús) a oídos del rey Herodes, porque se había divulgado mucho su nombre, y decía: Este es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por esto obra en Él el poder de hacer milagros; 15pero otros decían: Es Elías; y otros decían que era un profeta, como uno de tantos profetas. 16Pero Herodes, oyendo esto, decía: Es Juan, a quien yo degollé, que ha resucitado. 17Porque, en efecto, Herodes había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la prisión a causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con la que se había casado. 18Pues decía Juan a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano. 19Y Herodías estaba enojada contra él y quería matarle, pero no podía, 20porque Herodes sentía respeto por Juan, pues sabía que era hombre justo y santo, y le amparaba, y cuando le oía estaba muy perplejo, pero le escuchaba con gusto. 21Llegado un día oportuno, cuando Herodes en su cumpleaños ofrecía un banquete a sus magnates, y a los tribunos, y a los principales de Galilea, 22entró la hija de Herodías y, danzando, gustó a Herodes y a los comensales. El rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras y te lo daré. 23Y le juró: Cualquier cosa que me pidieras, te la daré, aunque sea la mitad de mi reino. 24Saliendo ella, dijo a su madre: ¿Qué quieres que pida? Ella le contestó: La cabeza de Juan el Bautista. 25Entrando luego con presteza, hizo su petición al rey, diciendo: Quiero que al instante me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista. 26El rey, entristecido por su juramento y por los convidados, no quiso desairarla. 27Al instante envió el rey un verdugo, ordenándole traer la cabeza de Juan. Aquél se fue y le degolló en la cárcel, 28trayendo su cabeza en una bandeja, y se la entregó a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. 29Sus discípulos que lo supieron, vinieron y tomaron el cadáver y lo pusieron en un monumento.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

Juicio de Herodes sobre Jesús

El odio de una mala mujer, como el de Herodías, no descansa, vive en su mente, por tener el corazón lleno de hiel.

Se sabe mucho de que los hombres quieren ganar siempre, y aunque no se sabe tanto, las mujeres también.

Cuidaos de las malas mujeres que odian, son capaces de utilizar a otros, como lo hizo Herodías con su hija; estas malas mujeres pueden utilizar a padres tuyos, a amigos tuyos, a conocidos tuyos, y también a los suyos, para ganar lo que desean y que no les es lícito. Tratar a una mujer que odia, te puede llevar a la muerte, a la muerte en el Infierno; y, en esta vida, te puede llevar a cometer actos por los que serás reo de muerte Eterna sin Dios.

Piénsalo antes hijo, antes de dar tu corazón a una ramera.

Elige para casarte una buena mujer; de esta que puedas estar confiado, y vivirás en la tierra y en el Cielo. Aprende de la historia para tu historia personal.

P. Jesús
© copyright

—  Consejo nº 1.463  —

.-Anda, ¡anda!, no seas miedica, busca la realidad de tus sueños.

P. Jesús
© copyright

Santa Claudina Thévenet

Virgen, Fundadora de la Congregación de las Religiosas de Jesús-María

CLAUDINA THÉVENET, la segunda de una familia de siete hijos, nace en Lyon el 30 de marzo de 1774. » Glady «, como se la llama familiarmente, ejerce muy pronto una bienhechora influencia sobre sus hermanos y hermanas porque su bondad, delicadeza y olvido propio la llevan a complacer siempre a los demás.

Tiene 15 años cuando estalla la Revolución Francesa. En 1793 vive las horas trágicas del asedio de Lyon por las fuerzas gubernamentales y, en enero de 1794, llena de horror y de impotencia, asiste a la ejecución de sus hermanos, condenados a muerte por represalia, después de la caída de la ciudad. Sus últimas palabras: «Perdona, Glady, como nosotros perdonamos» las hace muy suyas, las graba en su corazón y la marcan profundamente dando nuevo sentido a su vida. En adelante se dedicará a socorrer las innumerables miserias que la Revolución había producido. Para Claudina, la causa principal del sufrimiento del pueblo era la ignorancia de Dios y esto despierta en ella un gran deseo de darlo a conocer a todos. Niños y jóvenes atraen principalmente su celo apostólico y arde por hacer conocer y amar a Jesús y a María.

El encuentro con un santo sacerdote, el Padre Andrés Coindre, le ayudará a conocer la voluntad de Dios sobre ella y será decisivo en la orientación de su vida. En el atrio de la iglesia de San Nizier, el Padre Coindre había encontrado dos niñas pequeñas abandonadas y temblando de frío. Las condujo a Claudina quien no vaciló en ocuparse de ellas.

La compasión y el amor hacia las niñas abandonadas son el origen de la Providencia de San Bruno en Lyon (1815). Algunas compañeras se unen a Claudina. Se reúnen en Asociación. Elaboran y experimentan un Reglamento y pronto la eligen como Presidenta.

El 31 de julio de 1818 el Señor se deja oír por la voz del Padre Coindre: «hay que formar una comunidad. Dios te ha elegido» dijo a Claudina. Y así, el 6 de octubre de ese mismo año, se funda la Congregación de Religiosas de Jesús-María, en Pierres-Plantées, sobre la colina de la Croix Rousse. En 1820 la naciente Congregación se instalará en Fourviére (frente al célebre santuario) en un terreno adquirido a la familia Jaricot. En 1823 obtiene la aprobación canónica para la Diócesis del Puy y en 1825 para la de Lyon.

El fin inicial del joven Instituto era recoger las niñas pobres hasta los 20 años de edad. Se las enseñaba un empleo y los conocimientos propios de la escuela primaria, todo ello desde una sólida formación religiosa y moral. Pero querían hacer más, y Claudina y sus hermanas abrieron también sus corazones a niñas de clases acomodadas construyendo para ellas un pensionado. El fin apostólico de la Congregación será pues, la educación cristiana de todas las clases sociales con una preferencia por las niñas y jóvenes, y entre ellas, las más pobres.

Los dos tipos de obras se desarrollan simultáneamente a pesar de las pruebas que acompañarán a la Fundadora a lo largo de los últimos doce años de su peregrinación en esta tierra: la muerte dolorosamente repentina del Padre Coindre (1826) y de las primeras hermanas (1828); la tenacidad para impedir la fusión de su Congregación con otra también recién fundada; los movimientos revolucionarios de Lyon en 1831 y 1834 con todas las consecuencias que debieron sufrir los habitantes de Fourviére, por ser la colina punto estratégico de los dos bandos antagónicos.

El insigne valor de la Fundadora no se deja intimidar por la adversidad, al contrario, emprende con audacia nuevas construcciones, entre ellas la de la Capilla de la Casa Madre, al mismo tiempo que se entrega a la redacción de las Constituciones de la Congregación. Las estaba ultimando cuando, a sus 63 años, la muerte llamó a su puerta. Era el 3 de febrero de 1837. Es beatificada en 1981 y canonizada en 1993.

«Hacer todas las cosas con el único deseo de agradar a Dios» fue el hilo conductor de toda su vida. Esta búsqueda constante de la voluntad de Dios, «llevar una vida digna del Señor agradándole en todo», le dio una fina sensibilidad para leer los signos de los tiempos, discernir los designios de Dios sobre ella y dar una respuesta íntegra y total. Ese camino le ha merecido «compartir la suerte de los santos en la Luz» (Col. 1, 10-11).

«Encontrar a Dios en todas las cosas y todas las cosas en Dios» es vivir en espíritu de alabanza. En un mundo en que está demasiado ausente la esperanza, redescubrir la bondad del Creador, presente en la creación y en las personas, reafirma el sentido de vivir e invita a la acción de gracias. Claudina hizo de su vida religiosa apostólica «un himno de gloria al Señor». Sus últimas palabras: «Qué bueno es Dios» fueron la exclamación admirativa de la bondad de Dios que había sabido descubrir aún en los momentos más dolorosos de su vida.

Claudina imprimió en su Congregación su fuerte personalidad. Dotada de una grandeza de alma poco común, de prudente inteligencia y buena organización, fue, sobre todo, una mujer de gran corazón. Y quería que sus hijas fueran verdaderas madres de las niñas confiadas a su cuidado: «Es necesario ser madres de las niñas – les decía – sí, verdaderas madres, tanto del alma como del cuerpo». Ninguna parcialidad, ninguna preferencia, «las únicas que os permito son para las más pobres, las más miserables, las que tienen más defectos. A estas sí, amadlas mucho».

La solidez de una construcción se revela al paso del tiempo. Cinco años apenas de la muerte de la Fundadora sus hijas llegaban a la India (1842). En 1850 entran en España y en 1855 van al Nuevo Mundo, a Canadá.

175 años después de la fundación de la Congregación, son más de mil ochocientos las Religiosas de Jesús-María repartidas hoy en ciento ochenta comunidades por los cinco continentes. Todas acogen con grande gozo y gratitud la canonización de esta humilde y generosa hija de Francia que el Señor escogió para hacerla su Fundadora.

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Santa Claudina Thévenet

A Santa Claudina Thévenet, “El encuentro con un santo sacerdote, el Padre Andrés Coindre, le ayudará a conocer la voluntad de Dios sobre ella y será decisivo en la orientación de su vida”. Esto leemos en su biografía, y es cierto. Y es verdad que, de personas de vida santa, Dios se vale para ayudar a los que van a ser Santos y Dios quiere que cumplan con una Misión suya, para bien de la Santa Madre Iglesia Católica.

P. Jesús
© copyright

Envío diario nº 5.339- Jueves 2-2-23

¿Quieres recibir el Evangelio diario GRATIS? Suscríbete AQUÍ

Jueves 2 de Febrero de 2.023

Tiempo Ordinario/4º – Fiesta de la presentación del Señor

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Lucas 2, 22-32

La presentación en el templo

22Así que se cumplieron los días de la purificación, conforme a la ley de Moisés, (los padres de Jesús) le llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, 23según está escrito en la ley del Señor que <<todo varón primogénito sea consagrado al Señor>>,24y para ofrecer en sacrificio, según lo prescrito en la Ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones.

25Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba en él. 26Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Cristo del Señor. 27Movido del Espíritu, vino al templo, y al entrar los padres con el Niño Jesús, para cumplir lo que prescribe la ley sobre Él, 28Simeón le tomó en sus brazos, y, bendiciendo a Dios, dijo:

29Ahora, Señor, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según tu palabra; 30porque han visto mis ojos tu salud, 31la que has preparado ante la faz de todos los pueblos, 32luz para iluminación de las gentes, y gloria de tu pueblo, Israel.

Recorría las aldeas del contorno enseñando.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

La presentación en el templo

Tú, como Simeón, una vez sentiste la presencia de Dios Espíritu Santo, que te empujó a ir a la Iglesia, y entraste en un templo y, allí, en el Sagrario, encontraste a Jesús, que te esperaba, hacía muchos años.

Dios te espera en el templo, allí, en la casa de Dios, allí donde Dios tiene un hogar; esa es tu casa, ¡no te equivoques!, Dios vive en la Santa Iglesia Católica; te llama. ¡Ve!

P. Jesús
© copyright

—  Consejo nº 1.462  —

.-Más malo que el ayer, ¿qué puede haber?

P. Jesús
© copyright

Fiesta de la Presentación del Señor

Aunque esta fiesta del 2 de febrero cae fuera del tiempo de navidad, es una parte integrante del relato de navidad. Es una chispa de fuego de navidad, es una epifanía del día cuadragésimo. Navidad, epifanía, presentación del Señor son tres paneles de un tríptico litúrgico.

Es una fiesta antiquísima de origen oriental. La Iglesia de Jerusalén la celebraba ya en el siglo IV. Se celebraba allí a los cuarenta días de la fiesta de la epifanía, el 14 de febrero. La peregrina Eteria, que cuenta esto en su famoso diario, añade el interesante comentario de que se «celebraba con el mayor gozo, como si fuera la pascua misma»‘. Desde Jerusalén, la fiesta se propagó a otras iglesias de Oriente y de Occidente. En el siglo VII, si no antes, había sido introducida en Roma. Se asoció con esta fiesta una procesión de las candelas. La Iglesia romana celebraba la fiesta cuarenta días después de navidad.

Entre las iglesias orientales se conocía esta fiesta como «La fiesta del Encuentro» (en griego, Hypapante), nombre muy significativo y expresivo, que destaca un aspecto fundamental de la fiesta: el encuentro del Ungido de Dios con su pueblo. San Lucas narra el hecho en el capítulo 2 de su evangelio. Obedeciendo a la ley mosaica, los padres de Jesús llevaron a su hijo al templo cuarenta días después de su nacimiento para presentarlo al Señor y hacer una ofrenda por él.

Esta fiesta comenzó a ser conocida en Occidente, desde el siglo X, con el nombre de Purificación de la bienaventurada virgen María. Fue incluida entre las fiestas de Nuestra Señora. Pero esto no era del todo correcto, ya que la Iglesia celebra en este día, esencialmente, un misterio de nuestro Señor. En el calendario romano, revisado en 1969, se cambió el nombre por el de «La Presentación del Señor». Esta es una indicación más verdadera de la naturaleza y del objeto de la fiesta. Sin embargo, ello no quiere decir que infravaloremos el papel importantísimo de María en los acontecimientos que celebramos. Los misterios de Cristo y de su madre están estrechamente ligados, de manera que nos encontramos aquí con una especie de celebración dual, una fiesta de Cristo y de María.

La bendición de las candelas antes de la misa y la procesión con las velas encendidas son rasgos chocantes de la celebración actual. El misal romano ha mantenido estas costumbres, ofreciendo dos formas alternativas de procesión. Es adecuado que, en este día, al escuchar el cántico de Simeón en el evangelio (Lc 2,22-40), aclamemos a Cristo como «luz para iluminar a las naciones y para dar gloria a tu pueblo, Israel».

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Fiesta de la Presentación del Señor

Luz es Cristo, Cristo es Amor; por eso cuando dejamos que Dios nos ame somos Luz, la Luz del Amor con que Cristo nos ama.

En la Fiesta de la Presentación del Señor, podemos ver como Dios visita a la Iglesia; acude al templo con María, su Madre, y José, el que le hace de padre, porque todos necesitamos de un padre y una madre; si tú no tienes, si tú no eres amado por ellos, por los que te dieron la vida, acéptalo y reza por ellos, y a la vez, quédate en la Iglesia de Cristo, donde María es tu Madre también y Dios Padre lo es.

P. Jesús
© copyright

Envío diario nº 5.338- Miércoles 1-2-23

¿Quieres recibir el Evangelio diario GRATIS? Suscríbete AQUÍ

Miércoles 1 de Febrero de 2.023

Tiempo ordinario/2º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Marcos 6, 1-6

Tú, discípulo de Jesús; síguelo

1(Jesús) Salió de allí y vino a su patria, siguiéndole sus discípulos. 2Llegado el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga; y la muchedumbre que le oía se maravillaba, diciendo: ¿De dónde le vienen a éste tales cosas, y qué sabiduría es esta que le ha sido dada, y cómo se hacen por su mano tales milagros? 3¿No es acaso el carpintero, hijo de María, y el hermano de Santiago, y de José, y de Judas, y de Simón? Y sus hermanas, ¿no viven aquí entre nosotros? y se escandalizaban de Él. 4Jesús les decía: Ningún profeta es tenido en poco sino en su patria y entre sus parientes y en su familia. 5Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de que a algunos pocos dolientes les impuso las manos y los curó. 6Él se admiraba de su incredulidad.

Recorría las aldeas del contorno enseñando.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

«Palabra del Señor»

«Gloria a ti Señor Jesús»

Meditación:

Tú, discípulo de Jesús; síguelo

Eres bautizado católico, perteneces a la estirpe de Dios, tu Rey es Cristo y tu Reina, la Madre de Dios, Jesús. Entonces, tú ¡síguelo!, ten fe y cree, porque aunque sabes que San José hizo de padre a Jesús, sabes, por fe, por enseñanzas de la Santa Madre Iglesia Católica, que Jesús, el hijo de María, desposada con San José, ¡es Dios!

Sigue a Jesús y cree en Él, y verás los milagros que hace en tu vida, pero no dudes, aun sabiendo que María, su Madre, estaba desposada con San José; ¡no dudes de su virginidad!, porque ES DE FE.

Sigue a Jesús, el Hijo de Dios y de María, la Inmaculada Concepción.

P. Jesús
© copyright

—  Consejo nº 1.461  —

.-No tengas miedo al mañana, ¡con todo lo que llevas sufriendo!

P. Jesús
© copyright

Santa Teresa del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia

La extensión del culto a Santa Teresa del Niño Jesús o Santa Teresa de Lisieux, joven carmelita, es uno de los fenómenos más impresionantes y significativos de la vida religiosa de nuestros días. La santa murió en 1897 y, poco después, era ya conocida en todo el mundo. Su camino de sencillez y perfección en las pequeñas cosas de la vida cotidiana, se ha convertido en el ideal de muchos cristianos. Su biografía, escrita por orden de sus superiores, es un libro famoso y los milagros y gracias que se atribuyen a su intercesión son incontables. 
Pío XI la beatificó en 1923 y la canonizó en 1925. Extendió su fiesta a toda la Iglesia de occidente. En 1927, Santa Teresa del Niño Jesús fue nombrada, junto con san Francisco Javier, patrona de todas las misiones extranjeras y de todas las obras católicas en Rusia. 
La Santa se había entregado con entera decisión y conciencia a la tarea de ser santa. Sin perder el ánimo, ante la aparente imposibilidad de alcanzar las cumbres más elevadas del olvido de sí misma, solía repetirse: «Dios no inspira deseos imposibles. No tengo que hacerme más de lo que soy, sino aceptarme tal como soy, con todas mis imperfecciones».

Fuente: ACI Prensa

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Santa Teresa del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia

Ponte en manos de Dios, como lo hizo Santa Teresa del Niño Jesús, y reconócete insignificante y llena, lleno de defectos, que sólo Dios puede, con Su Gracia cambiártelos, por tu deseo de alcanzar las cumbres más elevadas del olvido de tí misma, de tí mismo.

Es cogerse la santidad en serio, y no pensando que la santidad es sólo para los ‘grandes santos’ esos que acaban con cabezas cortadas. Porque la santidad se gana con el amor que siente tu corazón por Dios. Otra cosa son las circunstancias de tu vida, porque muchos han perdido la vida en luchas y guerras y asesinatos, pero no son santos. Los santos aman a Dios sobre todas las cosas y personas, como hizo Santa Teresa del Niño Jesús, como haces tú. ¡Santo! ¡Santa!

P. Jesús
© copyright